Gabriel Jimenez Eman

LA VIDA (2002)

Fue engendrado y no dio cuenta. Nació sin percibirlo siquiera (apenas por aquella fuerte nalgada), creció sin saber que existía algo llamado la muerte. En la escuela un niño como él le dijo un día la verdad: la vida se acababa, tenía un fin. Y su madre, la única persona incapaz de mentirle, se lo confirmo.

Vivió como pudo. Conoció la alegría, el amor, el entusiasmo, y también, la angustia y la tristeza. Pero no sabía el rango de estos sentimientos, aunque más adelante supo que era imposible el amor sin conocer el temor, ni la verdadera alegría sin saber lo que era estar abatido.

Luego se preparó para morir. Pasaron los años y, presintiendo ya cerca de muerte, no lo aceptaba: la evitaba, le huía aunque la sabia inevitable. Le hizo resistencia hasta el último momento.

Pero murió.

Murió total, completamente. Luego, fue engendrado y no se dio cuenta.

No lea esto, por favor

le recomiendo, amigo lector, hipócrita lector, que no lea este artículo. No sacará nada bueno de él. será una pérdida de tiempo, mas bien pudiera ser algo peligroso para su salud, para su educación, para su cultura. No aprenderá nada nuevo, se lo aseguro. será mejor que se ponga a hacer otra cosa. Vaya ahora mismo a hablar por teléfono, por ejemplo, o diríjase a su escritorio y haga esa importante llamada a su esposa, a su novia, a su jefe, a su amigo, a su hija. si tiene cerca a su familia, vaya a ayudar a su hijo a hacer la tarea o a vaya a la cocina a darle un cálido beso en la mejilla a su mujer y ayúdela a preparar el almuerzo, o aconseje a su hija de no salir por la noche hasta tan tarde, con lo peligrosa que está la calle con tanto loco suelto. o póngase a ver la televisión, a pasar los canales con su control remoto eligiendo pronto un programa de noticias, una película, un show, un video clip o un programa de concursos. o la radio: préndala ahora y sintonice una buena música o un noticiero, o simplemente quédese oyendo ese progra- ma de variedades, o la entrevista al político local. o vaya y encienda la computadora, haga clic con el ratón en el icono de Internet Explorer y navegue, déjese llevar por los sitios Web, métase en la página donde le ofrecerán un hermoso menú con lo que usted necesita, escriba la palabra necesaria y déle a la tecla enter para que vea aparecer allí el tema que anda buscando, esa información para divertirse con sus amigos, o estudiar, o llenar sus requisitos en la Universidad. o sencillamente abra su correo electrónico y escríbales a sus amigos, no lo dude.

si no está haciendo nada de esto en este instante, entonces salga a la calle, diríjase al mercado o haga las compras del día. Adquiera cualquier cosa: unas naranjas, un paquete de harina, un enlatado, un chocolate. o deténgase en una tienda y adquiera una camisa, unos zapatos, una cartera, una correa, un nuevo reloj, cualquier cosa que le haga sentir mejor. o sencillamente entre a un bar y tome una cerveza, refrésquese bien, ahhh, con un buen trago de birra mientras ve el menú y ahora, en la segunda cerveza, si ve un amigo conocido, póngase a conversar con él, búsquele la lengua, pregúntele cualquier cosa para que él le responda algo y así tendrá un motivo para hablar. si no lo desea entonces busque un periódico cercano para distraerse y vea los avisos funerarios para averiguar quién ha fallecido, de una hojeada a los titulares de los accidentes, ase- sinatos, secuestros, robos, y alégrese de no estar inmiscuido en ninguno de ellos, o de no haber sido usted el muerto. Qué reconfortante es decir para el fondo a uno mismo: no fui quien murió, ellos están fritos pero yo aún sigo vivo. Lea las informaciones locales breves, los tips o las reseñas, pero no lea artículos de opinión muy profundos, no pierda el tiempo en eso que no ganará nada ni cambiará un ápice el mundo circundante. mejor será que vuelva a la carta de la comida y elija un jugoso bistec, una dorada pechuga de pollo, una fresca ensalada o una reconfortante sopa. después ordene una torta de chocolate o crema, exija un café y encienda un cigarrillo, ahhh, qué placer ese humo caliente pasando por su garganta y cerrando con broche de oro su almuerzo de hoy. de ahí se levantará usted como nuevo, se lo aseguro.

después puede pasear si lo desea por la plaza más cercana y mirar un rato las flores, la estatua ecuestre del Libertador o sentarse a sus anchas en un banco a mirar los árboles o los pajaritos mientras silba una melodía, y si es posible mire hacia el cielo a mirar algunas nubes, porque las nubes siempre nos refrescan la mente, o quédese mirando el cielo azul y pensando en la inmor- talidad o el infinito. Eventualmente puede aparecer por la plaza un amigo: salúdelo y comparta con él algunas chistes o chismes sobre política regional o de gente que metió la pata, del gobier- no que no sirve, del Estado que no funciona, las calles están hechas un asco; o si lo prefiere y se halla de buen humor hable del buen clima que está haciendo, no ha llovido mucho, el calor está soportable, ayer terminaron una nueva avenida, hay esperanzas en la sociedad.

también existe la posibilidad de ir a una buena obra de teatro, un concierto, o ver una película en el cine. después de todo, las películas han sustituido a los libros, todo ha sustituido a los

libros: los videos, las fotos, la televisión, la realidad virtual. Los libros cansan a la gente y pueden ocasionar trastornos cerebrales, haciéndote pensar demasiado en cosas profundas que a la postre te producirán bostezos o te harán sentir mal. mucho cuidado con ir a comprar la novela que acabada de ganar el Premio Internacional de Novela, un ejemplar costoso que está en todas las librerías y que le va a granjear mucho prestigio si lo tiene sobre su escritorio y luego empieza a girar por toda la casa y ni usted ni nadie va a tener tiempo de leer y entonces el pobre ejemplar va a servir para sostener la pata de una silla rota. opte por una película más bien, pero si la pe- lícula que anuncian en cartelera no te gusta, da unas vueltas por el centro comercial y mira las vidrieras o entra al supermercado a comprar alguna cosa especial: un aceite de oliva, un buen embutido o queso pecorino. si viendo las tiendas se encuentra con alguna linda muchacha que le sonría bonito acérquese e invítela a un helado, que del helado pueden surgir muchas cosas estimulantes, incluso excitantes como una invitación a cenar o a bailar y quizá de allí a un hotel, quién sabe, quien no arriesga nada no consigue nada.

Ahora claro, todo esto puede hacerlo si no se encuentra usted esclavizado a una oficina o es un funcionario que debe trabajar cada día como un enajenado; depende también si es día de semana normal y corriente, quiero decir, que no tiene que estar usted en su trabajo frente a una computadora redactando oficios o memos o comunicaciones o qué se yo, o si es obrero o campesino o trabajador en una fábrica o médico o ingeniero o psiquiatra o militar o abogado o farmaceuta o dependiente en una tienda donde puede vender ropa, teléfonos, artefactos domés- ticos, carne, pan, verdura, frutas.

Le recomiendo que si al final del recorrido ha llegado al kiosco de los periódicos y ha elegido éste que ahora tiene entre sus manos y ha abierto la página de opinión, no vaya usted a leer este artículo porque ese precioso tiempo puede usted dedicarlo a arreglar su automóvil, a pagar la luz, el teléfono o el agua, el servicio de tV o ir al banco a hacer una transferencia o cobrar un cheque o meter la tarjeta de débito en el telecajero para poder tener su reconfortante fajo de billetes en efectivo en su bolsillo.

La verdad, no tiene usted idea de cuántas cosas útiles puede estar haciendo en este momento. Por favor, no se quede como un imbécil silencioso sosteniendo el libro en las manos. si ha llegado al final de este texto le aseguro que es usted una persona desocupada y ociosa con ganas de perder el tiempo, un perezoso o un rebelde sin causa. No tiene usted remedio, se lo aseguro, alguien que no tiene que hacer nada en este aburrido mundo como no sea ponerse a perder su valioso tiempo leyendo este montón de palabras que no llegan a ningún lado ni a ninguna conclusión, de modo que en este instante le recomiendo, amigo lector, hipócrita lector, monstruo delicado como decía Apollinaire, le recomiendo que deslea de atrás hacia delante todo este escrito palabra a palabra, borre su título y su autor y haga de cuenta que el libro, la ciudad y hasta el día en que lo compró e inclusive usted mismo ya no existen o no han existido nunca, eso es lo más probable.

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