Marcos Porras
Sep 6, 2018 · 1 min read

Rendirse.

Era ya de noche luego de un día exhaustivo, que Mérida y Oscar decidieron por irse a la cama. Para romper la costumbre, que es cuando de verdad de descubren cosas, Oscar pasaría la noche en una recámara distinta. Luego de despedirse con una conexión inexplicable pero común entre ellos, Mérida entra a su pieza que Oscar observa desde su cama. Él solo puede llegar a ver la luz encendida y las sombras moviéndose de quién diligencia con el fin de dejar todo listo para el día siguiente y poder descansar sin agitaciones de última hora.

La luz permaneció encendida unos 12 minutos. Las sombras era volátiles, se movían libres pero con una sincronía harmonica. Cada movimiento conocía el anterior y estudiaba el próximo. Las pausas eran escasas y los movimientos meditados.

Que significaba todo aquello? Ya todo estaba listo para dormir. Para que más necesitaba la luz Mérida, preguntaba Oscar. Él, por su parte, ya hubiera estado durmiendo si no fuera porque tiene acceso visible a las sombras de la recámara de Mérida. Si las lunas fueran su cielo nocturno, sin duda hubiera ya descansado hace tiempo.

No se obtiene descanso buscando lo que no existe. La lealtad que exige Oscar es Platónica, por ende, en discordia con la realidad.

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