Nueva masculinidad para la erradicación de la pobreza

Discurso pronunciado en el segundo seminario: “Construyendo nuevo significado de la masculinidad para la erradicación de la violencia en las mujeres”, de la Universidad Intec

La violencia contra la mujer tiene raíces profundas de tipo cultural.

En el tiempo de los derechos, de las TIC, de la democratización del conocimiento y la información, en la sociedad postmoderna, compleja y cambiante en que vivimos en este siglo XXI conviven dos tipos de culturas.

Nos siguen alarmando casi a diario las muertes de mujeres en manos de sus parejas.

Siempre nos preguntamos, además de mejorar en la respuesta judicial, qué más tenemos que hacer para impedir esas muertes absurdas, repudiables y abominables.

La erradicación total de la violencia a la mujer se logrará con el afianzamiento de esa cultura de la igualdad que hace décadas estamos construyendo y que ha avanzado gracias a las conquistas del movimiento feminista y al compromiso de los Estados y de la cooperación internacional con la igualdad de género.

Como lo viejo se resiste a lo nuevo, tenemos que seguir fomentando actitudes, comportamientos y prácticas favorables al respeto, a la equidad y a la justicia que el mundo les debe a las mujeres.

Como la violencia es un problema nacional, lo abordamos entre todos y todas. Y como es responsabilidad del Estado y la sociedad hacer emerger esa nueva cultura de la igualdad y ética y valores, conjuntamente con el Centro de Estudios de Género de INTEC y la empresa Philip Morris hemos organizado este seminario de masculinidades para la erradicación de la violencia hacia las mujeres con el fin de contribuir a deslegitimar la masculinidad hegemónica y posicionar masculinidades solidarias y diversas en la población dominicana para el manejo armónico de las relaciones sociales, el ejercicio de la paternidad y corresponsabilidad en las tareas de cuidado así como y otros contextos ligados a los roles de la masculinidad.

La violencia no parará si seguimos enseñando a los hombres que son de la calle y las mujeres de la casa.

Si seguimos pensando que el macho es el que provee, el que participa en política y tiene que demostrar su hombría en actitudes de dominio y sometimiento a la mujer.

No habrá igualdad si seguimos enseñando a nuestros niños, que los hombres no lloran y que eso es cosa de mujeres.

Para lograr una sociedad inclusiva basada en la igualdad y no en el desprecio de las mujeres, tenemos que fomentar masculinidades nuevas, positivas y solidarias. Y esa tarea empieza con la infancia y los jóvenes.

Los estudios de Berkel, Vandiver y Bahner demuestran que “la población joven y adolescente sigue manifestando unas actitudes, creencias y comportamientos que potencian y justifican determinados estereotipos androcentristas que, a su vez, pueden desembocar en manifestaciones de violencia hacia las mujeres”.

En el país, muchas mujeres muertas en manos de su pareja son causadas por hombres, incluso jóvenes que piensan que la mujer es su propiedad y que ella no tiene derecho a decidir terminar una relación abusiva que limita su desarrollo como persona y muchas veces hasta pone en peligro su integridad y su supervivencia.

El panorama de la violencia hacia la mujer que vivimos, nos desafía a enfrentar la raíz del problema desde la familia, la escuela, la iglesia, los ámbitos educativos y todos los ámbitos de transmisión cultural, incluidos los medios de comunicación social.

Con Progresando con Solidaridad, a través de la estrategia Familias en Paz estamos comprometidos con la erradicación de todo tipo de violencia a través de la educación, la orientación, y la generación de capacidades para que las familias puedan detectar situaciones de violencia que pongan en peligro la armonía familiar.

Trabajamos con las mujeres, las empoderamos para que eleven su autoestima y que puedan educar sin violencia a sus hijos e hijas menores, y a los adolescentes. Las motivamos a ser protagonistas en el cambio de comportamientos, actitudes y prácticas que pudiesen propiciar la violencia.

Trabajamos con los hombres un nuevo enfoque de la masculinidad que los ayude a entender su rol de compañero de vida de su pareja, a asumir sus responsabilidades por tareas domésticas y en la educación de los hijos y respetar a su compañera.

La promoción de masculinidades positivas compromete también a la academia en desmitificar el absurdo de carreras propias de hombres o de mujeres así como en la promoción de espacios de reflexión y de investigación sobre el tema que nos aborda.

Y en ese sentido agradezco al Centro de Estudio de Género de INTEC y a Philip Morris por darnos la oportunidad de promover la equidad de género a través estos seminarios que por segunda vez estamos celebrando.

La masculinidad positiva exige regulaciones orientadas a prohibir en los medios de comunicación y en la publicidad el uso del cuerpo de la mujer como objeto de propaganda y aumento de rating.

La masculinidad solidaria incluye también la valoración de las mujeres en las iglesias, desterrando el enfoque de la mujer como origen del pecado, la calamidad y la maldición y recuperado el enfoque de la mujer como gracia, bendición y valor.

Este nuevo cambio cultural compromete a las mismas mujeres en la educación en la igualdad. No podemos seguir reproduciendo en nuestros hijos e hijas los patrones antagónicos, el sometimiento y los privilegios en las relaciones entre hombres y mujeres.

Tenemos que desterrar el mito del príncipe azul y acabar con el enfoque de las relaciones como drama sustentadas en el viejo refrán de que “quien te quiere te hará llorar”. Amar nunca será herir, maltratar o abusar.

Ghandi nos hacía un llamado a ser nosotros el cambio que esperamos en el mundo. Todos y todas tenemos que ser ese cambio que queremos en nuestras familias y en el país.

¡Muchísimas gracias!

Que Dios les Bendiga.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.