El síndrome postvacacional no existe; son los medios de (des)información.

Como el frío en invierno, el riesgo de ganar peso con las comilonas en época navideña o las olas de calor en verano, el síndrome postvacacional, como todos los años a finales de agosto, acude fiel a su cita con los medios de comunicación y las redes sociales, aunque no sea una patología, sólo un mecanismo adaptativo.

La denominación de síndrome postvacacional triunfó en los medios hace ya unos cuantos años, y además de permitir salir en las portadas y en los informativos a los “expertos” (algunos mal llamados psicólogos y gurús del coaching), ávidos de su pequeño momento de gloria; también proporciona a los profesionales de la información una excelente coartada para rellenar páginas y huecos televisivos en la canícula veraniega. Tarea no fácil cuando el calor aprieta y hasta las noticias desaparecen.

No existe el síndrome postvacacional, ni ha existido nunca(1). Cuando hablamos de síndrome estamos haciendo referencia a una entidad delimitada, que aparece de forma genérica, que se expresa a través de una serie de signos (elementos objetivos observables y verificables, como por ejemplo la fiebre, el aumento de la tensión arterial, etc.); y de síntomas (elementos subjetivos que la persona expresa y que no son observables, por ejemplo, el cansancio o la tristeza). La conjunción de ambos (signos y síntomas) permite establecer la existencia de una entidad patológica concreta. Es decir, para hablar en propiedad de “síndrome postvacacional”, esta alteración la deberían padecer en primer lugar, la inmensa mayoría de personas cuando acaban sus vacaciones y se reincorporan a su rutina o, cuando menos, un número muy significativo. Además, en todos ellos deberían aparecer unos signos y síntomas similares u homogéneos que permitieran perfilar con claridad el cuadro clínico. Y por último, este supuesto síndrome debería originar un sufrimiento y malestar significativo en la persona, hasta el punto de alterar su vida laboral, personal y/o social; y necesitar asistencia(2).

Cuando se habla de síndrome postvacacional se está haciendo referencia, como mucho, a una sensación subjetiva de incomodidad por volver a la rutina. La irritabilidad, la fatiga, el insomnio que se pueden manifestar tras incorporarse al trabajo después de las vacaciones se corresponde con un estado de ánimo pasajero. Se corresponde a un estado emocional normal. Lo que puede existir en algunas personas es la insatisfacción y la frustración con la vida construida (o de-construida) previamente.

Utilizando sólo el sentido común, hablar de malestar y de síndrome por volver al trabajo, cuando millones de personas no tienen la más mínima posibilidad de tener uno, puede resultar incluso, inmoral. Los que tienen problemas son aquellos que no tienen vacaciones, porque no se las pueden tomar en su trabajo o porque, directamente, no tienen trabajo.