Los deportistas buenorros, sexys y cañón que nos han hecho caer en la trampa
La celebración de los Juegos Olímpicos de Río ha dado vía libre a los medios online para practicar el ‘clickbait’

Todos hemos picado. Unos por querer ver el contenido y otros por compartirlo para criticarlo. Y es que cuesta resistirse a hacer clic en un enlace cuyo titular incluye las palabras ‘sexy’, ‘buenorro’, ‘cañón’ o ‘atractivo’.
La necesidad de ver qué se esconde tras un título nada informativo pero muy llamativo se conoce como ‘clickbait’, algo así como poner un cebo para atrapar al lector ofreciéndole, en la mayoría de los casos, contenidos de escasa calidad.
Esta práctica, tan mal vista que hasta Facebook ha anunciado que luchará para erradicarla, ha sido utilizada en las últimas semanas por numerosos medios de comunicación digitales para atraer visitas a sus páginas web aprovechando el comienzo de los Juegos Olímpicos de Río.
Según el artículo Juventud e iconos deportivos, el poder de la imagen corporal, los estrategas de publicidad “no han dejado escapar la oportunidad” de usar el cuerpo humano como reclamo “conscientes de la importancia que se le otorga”, teoría que ha sido asumida por la prensa, que ha utilizado a los deportistas de élite para conquistar a la audiencia.

Días antes de la ceremonia de inauguración de los Juegos de 2016, muchos medios digitales ofrecieron a sus lectores galerías de imágenes en las que se mostraban los rostros y cuerpos de algunos de los deportistas que competirían en las distintas disciplinas olímpicas con titulares que incluían términos como “sexy”, “atractivo” o “cañón”.






LA LISTA DE ‘BUENORR@S’ DE ‘EL MUNDO’
Sin embargo, la galería que más llamó la atención fue la que presentó el diario ‘El Mundo’ bajo el título ‘La lista de buenorras internacionales en los Juegos Olímpicos de Río’, un encabezado que levantó ampollas y generó un fuerte debate en redes sociales.
Tras el aluvión de críticas recibidas en Twitter, el diario decidió cambiar el titular de su galería.


Esta corrección llevó a elplural.com, vogue.es y eldiario.es a escribir sobre la polémica, señalando el carácter machista de la entrada de elmundo.es.
Pese a lo poco acertado del titular, seguramente la página que albergaba ‘La lista de buenorras internacionales en los Juegos Olímpicos de Río’ se colocó entre las más vistas del día impulsada por los ‘clicks’ de los lectores que querían ver las fotos y por los de aquellos otros que compartieron el link para denunciar su contenido.
Este caso, además, tiene un extra añadido. Un día antes de que viera la luz el álbum de deportistas femeninas se publicó el ranking masculino bajo el mismo titular, pero pasó desapercibido… hasta que el caso de las mujeres resucitó en redes sociales dos días después de que las aguas se calmaran.
La galería fue publicada el 1 de agosto. A primera hora de la mañana del 4 de agosto, el diario mantenía el titular que contenía el término ‘buenorro’. La corrección no llegó hasta las 13.54 horas.


Con este nuevo debate, tanto la lista de ‘buenorras’ como la de ‘buenorros’ consiguieron nuevas visitas que hicieron a la entrada avanzar en el ranking de páginas más vistas.
ACABAR CON EL ‘CLICKBAIT’ POR EL BIEN DEL MEDIO
El profesor de Sistemas de Información en IE Business School Enrique Dans asegura que el ‘clickbait’, el ‘linkbait’ o los ‘listicles’ (listas como las analizadas en este post) suponen “una apropiación de elementos del sensacionalismo y del amarillismo” y afirma que el uso de este método “se paga con lectores desencantados, con desprestigio y con pérdida de credibilidad a medio plazo”.
“No caigamos en esas cosas. Frente a la idea de que el clic lo justifica todo, pensemos que es muy posible que haya clics que, por el bien de la imagen del medio, no queramos tener”, subraya en El clickbait como perversión del periodismo en la red.
Puede que los medios practiquen el ‘clickbait’, jueguen con el lector y le inviten a caer en su trampa engatusándolo con titulares llamativos, pero no toda la culpa es de su manera de proceder.
Si se quiere frenar la difusión de esta práctica, el lector ha de ser responsable y consciente de los contenidos que consume y comparte, porque no todo vale en periodismo y de los hábitos de la audiencia también aprende el medio.