¿Y si a la banca le pasara como a los restaurantes chinos futuristas?

Uno de los camareros robóticos. Fuente: China Daily
Las entidades financieras españolas están anunciando recortes de plantilla y cierre de oficinas ante la inminente digitalización del sector

Corría el año 2014. Song Yugang acababa de abrir un restaurante al este de China. Su hija, que trabajaba en el negocio, quería evitar a toda costa muchas de las tareas que tenía que realizar durante su jornada laboral. Fue entonces cuando Yugang decidió contratar a personal robótico.

Haciendo cálculos, el plan le salía rentable, ya que cada máquina le costaba unos 4.000 yuanes, lo equivalente al salario anual de un trabajador humano. Además, sus nuevos camareros no le pedirían vacaciones ni tampoco enfermarían, con lo que se garantizaba el mejor de los servicios.

Pese a lo innovador de la medida, el restaurante de Yugang no era el único en China que utilizaba este tipo de servicio. Un mesón de Harbin, en el noreste, contaba ya con personal robótico en 2012.

Dos años después de aquella genial idea, la historia ha dado un vuelco. Se descubrió que aquellas máquinas que se presentaban como perfectas chocaban entre sí, no tenían pulso para servir la sopa y se averiaban con frecuencia, por lo que fueron ‘despedidas’. No quedó más remedio que volver al personal humano para salvar el negocio.

¿Podría ocurrir lo mismo en la banca?

En los dos últimos meses, los dos grandes bancos españoles, Santander y BBVA, han anunciado su intención de reducir oficinas y ajustar el número de empleados culpando a la digitalización del sector. Banco Popular apunta en la misma dirección, aunque sin planes concretos en el horizonte.

“Tenemos grandes retos y oportunidades por delante. El proceso de transformación implica tomar decisiones difíciles, pero es fundamental para asegurar nuestro liderazgo en los próximos años”, aseguraba en un correo electrónico remitido a los empleados el consejero delegado de Banco Santander, José Antonio Álvarez.

José Antonio Álvarez. Fuente: Banco Santander

El directivo señalaba que el objetivo es “construir un centro corporativo que apoye de la forma más eficiente” el crecimiento del banco en la próxima década y, para ello, es importante la “simplificación y digitalización” de procesos. De esa manera, podrá mejorar la productividad, poniendo siempre en manos de los empleados las mejores herramientas de trabajo.

Por el momento, y a falta de negociar con los sindicatos, la entidad ha comunicado que pretende cerrar 450 oficinas y prescindir de 1.200 empleados, el 5% de su plantilla, a los que se sumarían 460 trabajadores de su centro corporativo de Boadilla del Monte (Madrid).

Un escenario similar se plantea en BBVA, aunque más a largo plazo. El banco que preside Francisco González cuenta en la actualidad con 3.800 sucursales en las que trabajan unas 23.000 personas y su objetivo es ir reduciendo esas cifras de manera progresiva.

El consejero delegado de la entidad, Carlos Torres, anunció en una entrevista a Bloomberg que BBVA podría quedarse con unas 1.000 oficinas en el medio-largo plazo debido a su apuesta por la banca digital.

En la entidad ya dan por hecho que el cambio tecnológico hará desaparecer a aquellos bancos que no sepan adaptarse a los nuevos tiempos. Por ello y para curarse en salud, BBVA emprendió el camino de la digitalización en 2007.

Las consecuencias de la nueva era digital también están siendo estudiadas en Banco Popular, cuyo presidente, Ángel Ron, no ha descartado ajustes en su red si la tecnología y las condiciones del mercado lo aconsejan.

RETOS FUTUROS

La realidad es que la banca ha de prepararse para el futuro próximo, especialmente para poder defender su negocio ante la llegada de nuevos competidores como Amazon, Google o las numerosas ‘fintech’, ‘players’ que juegan con ventaja al no tener una regulación tan estricta como la de los bancos.

El perder cuota de negocio es algo que las entidades no se pueden permitir a día de hoy, teniendo en cuenta sus problemas de rentabilidad, las exigencias de capital y la dificultad de operar en un entorno con tipos de interés históricamente bajos.

Francisco González. Fuente: BBVA

Sin embargo, este proceso de digitalización ha de ser controlado y equilibrado. Por mucho que la mayoría de las operaciones ya se puedan realizar desde el teléfono móvil o a través de una página web, es necesario mantener la oficina bancaria — y con ella al personal cualificado — para las labores de asesoramiento.

No está de más recordar que antes de que se iniciara la crisis financiera, cuando la red bancaria española estaba sobredimensionada y acudir a una sucursal era ‘el pan nuestro de cada día’, se comercializaron productos complejos, como las participaciones preferentes o hipotecas con cláusulas suelo, que fueron adquiridos por clientes que no sabían lo que firmaban incluso habiendo sido asesorados en su banco de toda la vida.

¿Qué podría pasar en el futuro si las oficinas quedaran reducidas a la mínima expresión?

Otra circunstancia que los bancos han de tener en cuenta si se convierten en entidades básicamente ‘online’ es el peligro que suponen los ataques informáticos o las simples caídas de red, que pueden originar verdaderas crisis, como le sucedió a ING Direct a finales de marzo.

Las entidades bancarias tienen un importante reto por delante cuyas consecuencias han de medir al milímetro para evitar que en el futuro les ocurra lo mismo que a Song Yugang: verse en la necesidad de ampliar sus plantillas de nuevo porque la cuestión digital les ha superado.

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