El último beso
El último beso resulta hambriento, desesperado. Chocan los dientes, se fuerzan los labios, carece de coherencia. Es así como sale, pasional, imperfecto, tan errático que involucra todo el cuerpo, se besan los labios, las pieles, las manos, las narices, las mejillas. Se abrazan los deseos y se acarician las almas.
El último beso es como gritarse en la boca todas las palabras no dichas o hacer constatar las que ya se dijeron. Es poético, es salado y es extraño, porque no guarda promesas pero se siente como la renovación de otras más antiguas. Un escaneo del otro, quiere memorizar, quiere ser recuerdo para siempre. Traza un mapa, memoriza, eterniza un vos y yo.
El último beso funciona como un bálsamo a todo aquello que no pudimos llegar a ser, alivia a ambos, lo necesitan ambos. Es una despedida en vistas de consenso, de ser de a dos, de aceptarse ambos en un “chau”. Es grabado a fuego de forma dolorosa.
El último beso no es de amor, es de desamor.