El juego de las Sillas
Después de más de dos meses, hoy hemos acudido a la votación de una investidura, fallida como ya se esperaba. Cabe la posibilidad de que dentro de 48 horas cuando se celebre la segunda votación, la mayoría simple se quede en un descalabro más de la política de intenciones que domina en España.
Es bonito leer los libros de historia y ver como se sacrificó el orgullo por un fin común; la ideología por un futuro; y las inseguridades por unos hechos. Es una historia muy bonita, muy digna, muy de cuento de la abuela que parece que se deja en el olvido. Parece mentira que las personas que hoy son sucesoras de aquellos brillantes y ejemplares políticos tiren el carro para atrás y vuelvan a pleno siglo XIX. Cuando el pertenecer a una ideología distinta a la dominante era algo parecido a un tabú.
Ahora te sientas frente a la televisión y lo único que hace aquel orgullo histórico es bajar la mirada de vergüenza. La política española da vergüenza. Es aplicable a aquello de “Si no estás conmigo, no estarás con nadie”, salvo que, el “conmigo” es el modo de pensar; y el “con nadie” son reproches más similares los estudios de Freud sobre la virilidad que sobre abnegación política ciudadana.
Se puede hablar de cambio. Se puede hablar de reformas. Se puede hablar de segunda Transición. Y lo puede decir cualquier punto cardinal de un hemiciclo lleno de ojos sospechosos. Pero las palabras se las lleva el viento. Donde se dijo “Estos resultados son un claro indicador de que los españoles quieren un cambio”, o “Estamos aquí para luchar un gobierno por y para los españoles” mentiras.
El cambio se está intentando, PSOE y Ciudadanos “están intentándolo”. Y, los emisores de las declaraciones de arriba están usando una goma de borrar para transformar una iniciativa de cambio en un proceso de “violencia político partidista”, haciendo referencia al “Si no estás conmigo, no estarás con nadie”.
Las elecciones del 20 de diciembre de 2015, sí que se expresaron con claridad. Los españoles se expresaron con claridad. Para muestra un parlamento que ahora más que nunca se asemeja a un arcoíris y no es por su forma.
¿No basta con que os hayamos quitado las mayorías para que os deis cuenta de que queremos una España gobernada con unas bases “puras” de conservadurismo (y recalco PURAS, creo que se entiende bien el concepto); una España gobernada por la vocación de aquellos tanto la batallaron y la tuvieron presente cuando no les permitieron expresarse; una España gobernada para todas y cada una de las culturas que la conforman; y una España gobernada desde un sentido común e innovador.
No queremos que la política de nuestro país se centre en dimes y diretes. Queremos llenarnos de orgullo al encender la televisión y ver que, como el las familias, muchas personas se tratan de llevar bien ya sea por abuelos o niños. Que nuestros políticos sean capaces de hablar y de gobernar el país que se han cargado por poner la ideología y los intereses personales por delante de la confianza que los españoles depositamos en ellos.
Necesitamos unos líderes que sean capaces de hablar por un fin común, de convivir por un futuro, y de gobernar por un fin común.