La niña bonita
Recuerdo que cuando llegué a esa edad, empecé a sentirme más grande. Ahora quizás sea una estupidez, como adulta (suena fuerte) sé que una chica de 15 años es una niña. ¿Pero niña para qué? Si lo veo con los ojos de ahora… lo estaría extrapolando, y en ese momento sabía que no era una nena, sabía que mis decisiones tendrían un efecto importante para mí y para el resto y que todo tendría una consecuencia. Las Barbies estaban sentadas en hilera sobre el mueble en forma de casa que compartíamos con mi hermana menor. El color de la pared de mi habitación era rosa.. pero ni se veía. Los personajes más importantes para mí estaban ahí todos los días, acompañando mi rutina, mis cambios de humor, mis alegrías y mis tristezas: Justin Bieber tenía el poster más grande, lo había conseguido de la revista TKM. Después le seguía la GRAN cantidad de posters de Tokio Hotel. Amaba toda su música, mi sueño era poder verlos en vivo donde sea. El resto de la pared estaba ocupada con algunas fotos de Miley Cyrus y frases de Mandela. Sí, me gustaba Mandela. En el 2009 hice una obra de teatro que hablaba del Apartheid en África y a partir de ahí empecé a seguirlo. Era mi ídolo.
Pero lo más divertido y mágico que tenía estaba en un cuaderno. Ese cuaderno que mantuvo su esencia por años, aunque las hojas cambiaran de lisas a rayadas y su tamaño pase de Rivadavia a Oficio: Mi Diario Íntimo. Toda mi vida entera está ahí. Y hoy, que sigo escribiendo en él, me río de que no he cambiado nada y por dentro soy la misma niña que se sentía más grande, la misma soñadora y creativa. Cambié a Tokio Hotel por El Kuelgue, a Miley Cyrus por Lana del Rey y a Justin Bieber… por ¿mi novio? Jajajaja.
