Sobre “El adversario” de Emmanuel Carrère y la no ficción en general

Esta novela de no ficción resulta atrapante desde la primera página.

Cuenta la historia de Jean-Claude Romand, un prestigioso médico de la OMS, respetado vecino, y esposo y padre ejemplar. Pero en realidad no es nada de eso, sino que es un mentiroso compulsivo que lleva una vida falsa durante más de dos décadas: no es médico como dice ser, ni empleado de la OMS, y de a poco va estafando a varios de sus familiares y amigos, robándoles los ahorros y usando esa plata para vivir de acuerdo a un status acorde a sus mentiras.
Cuando cree que está por destaparse la olla o cuando se le está acabando la plata -las dos cosas suceden más o menos al mismo tiempo-, para evitar la desaprobación de su familia, los mata a todos: el tipo asesina a su esposa, a sus hijos y a sus padres. también al perro de ellos. Intenta asesinar a su amante y también suicidarse, pero no lo logra. Cuento esto sin temor a estar spoileando nada: todo lo dicho no es más que lo que se relata en el comienzo del texto, que fue un caso muy resonante para los franceses y una historia conocida para mucha más gente.

Emmanuel Carrère, el autor del libro.

El libro cuenta toda la historia del tipo, cómo fue creciendo la bola de nieve de sus mentiras, la llegada de los crímenes y el posterior juicio.

No soy muy original en compararlo con la obra maestra del género: A sangre fría, de Truman Capote. La cercanía que logran los autores con los asesinos lo amerita.
Lo de Carrère no es tan bueno como lo de Capote, obviamente, pero decir que la comparación es válida ya habla muy bien de este libro.

La novela de Carrère tiene mucho en común con la reciente El impostor, del español Javier Cercas: amcuentan la historia de un hombre que engañó a todo el mundo (Jean-Claude Romand embaucó a todos sus allegados; Enric Marco, el fabulador del libro de Cercas, literalmente a todo el mundo). Éste se inventó un pasado valiente y heroico que nunca tuvo; aquel vivió una farsa diaria cotidiana. El francés ni siquiera tenía una doble vida: el tiempo que supuestamente trabajaba en la OMS no hacía nada, deambulaba por bosques o se sentaba a leer el diario en su auto.

La estructura narrativa es similar en ambas novela: un resumen de la historia al principio, sin los pormenores, pero contando todo lo importante- mechando siempre la subjetividad del autor y contando la historia del libro (o sea, la investigación del autor y la motivación que lo lleva a escribirlo) a la par de la historia que se cuenta en el libro. El texto después va ahondando cronológicamente en todo, intercalando cada tanto pareceres personales de cada autor.

En esto los dos europeos son mucho más parecidos a Rodolfo Walsh -creador del género- que a Capote. El argentino, en Operación Masacre y en ¿Quién mató a Rosendo? se muestra siempre como parte dentro de la historia y como protagonista y motor de la investigación. Capote, por su parte, hace todo lo posible por invisibilizarse en el texto, eliminando la primera persona y aludiendo en algunos casos a conversaciones entre los acusados y un periodista, que es él mismo, pero siempre tratado en tercera persona.

Lo que en el libro de Cercas es un viejo tarambana y carismático que usa su mitomanía aprovechándose del prestigio social de las víctimas de los nazis (y que en definitiva no le hizo mucho mal a nadie, salvo al autoestima de quienes creyeron sus historias), en este libro es un gordito aparentemente buenazo que comete los crímenes más aberrantes que podemos imaginar con una indolencia lindante con lo inverosímil.

El loco este, Jean-Claude Romand (condenado a perpetua, con 22 años de cumplimiento obligatorio), a partir de este año está en condiciones de pedir libertad condicional.