La educación vista en plenitud es un proceso liberador y humanizante.

Observo que el paso del tiempo y el ajetreo de la globalización nos ha llevado a la mal interpretación del fin último de la educación y a una cierta desvirtuación de los métodos de enseñanza. Actualmente, en el mejor de los casos, la educación es confundida o quizá entendida como formación técnica estrictamente o como el adiestramiento necesario para realizar una tarea de forma eficaz, que no considera las individualidades de cada ser humano, sus capacidades más prominentes o sus competencias en un determinado punto en el tiempo. Más comúnmente, es entendida como un apalancamiento uniforme para alcanzar la independencia monetaria, el éxito económico o el reconocimiento de habilidades por parte de la sociedad, mas que como el desarrollo consciente de la persona. Así, en algunos casos, incluso, se habla de educación como el término de una marcha lineal en donde, una vez adquirido cierto nivel de destreza en el desempeño de ciertas tareas, se considera que la persona está ya educada, omitiendo su acepción de proceso dinámico de vida.

A mi edad, puedo decir que he estado expuesta a diferentes estilos de enseñanza en diferentes organizaciones escolares así como también he cursado una gran variedad de asignaturas y, debo decir que, en la mayoría de los casos, el mecanismo y la organización de las clases dentro de las aulas es bastante similar: un profesor (entendido como autoridad de conocimiento) imparte una charla, de 45 minutos o más, acerca de sus opiniones o teorías aceptadas a nivel común, y que califica a sus alumnos en base a la cantidad de material que puede memorizar y repetir para obtener una buena calificación en una prueba estandarizada que mide rendimientos por horas de estudio (cuando cada persona rinde distinto de acuerdo a características propias).

La persona entonces, desde pequeña edad al entrar en este sistema educativo, se acostumbra a que el objetivo de aprender es la calificación u nota que ha de obtener para conseguir un certificado y no el proceso en sí mismo, el autoconocimiento y el autodesarrollo. Es decir, la persona se enfrenta a una gran cantidad de información (teorías, preconceptos, estilos y demás) dentro de un sistema en el cual se premia más la consecución de metas que la realización personal y, que muchas veces, da por sentado que la persona ya posee herramientas para discernir, identificar y seleccionar aquello que necesita para una vida ética y plena dentro de todo el conocimiento previo al que es expuesta. En definitiva, se adentra en un sistema que respeta poco los ritmos propios de aprendizaje y la existencia misma y que solo en ocasiones sabe proveer al estudiante.

Con lo dicho, no busco ser malinterpretada. Al hablar de este mecanismo u organización dentro de las aulas, no intento decir que la presencia de un guía experimentado en el tema que oriente y ofrezca reflexiones frente a los estudiantes esté para el detrimento del proceso de aprendizaje. Tampoco busco instigar hacia la abolición de las opiniones ya aceptadas como teorías comprobadas o aceptadas comúnmente respecto a un tema, ni a que se evite la exposición al material ya trabajado dentro de un campo de conocimiento en específico. Al mencionar esta organización quiero decir que su estructura que es ya bastante rígida debiese ser un poco más flexible y dinámica desde los primeros niveles de enseñanza (empezando en casa, claro), proveyendo al escolar el espacio necesario para tener éxito y cometer errores de manera contenida y guiada; en donde pueda establecer por sí mismo relaciones lógicas, reflexiones emocionales y opiniones personales respecto a un tema que le competa y al que pueda aproximarse desde distintas perspectivas.

La memorización, por su parte, es un recurso indispensable, sí, mas no debiese ser la medida única para evaluar el proceso educativo de la persona. Pues, para establecer relaciones y formar opinión, me es útil tener a la mano la cantidad de información necesaria para un análisis; sin embargo, me resulta fútil el memorizar y manejar información con destreza sin haber desarrollado la habilidad de autodirigirme dentro de un contexto humano, sin saber proveer a otros explicaciones racionales que contribuyan al diálogo y la solución pacífica de conflictos.

Vista en plenitud, entonces, la educación como constante proceso evolutivo debiese ser abordada por las instituciones y las organizaciones de manera tal que la persona aprenda a identificarse como individual dentro del colectivo estableciendo afinidades respecto a lineamientos y posiciones coherentes y explicadas para poder respetar al otro y al colectivo mismo. La educación se volvería entonces un proceso y un resultado del intercambio entre individuales y colectivos más que un ritual en el que se muestren (¿impongan?) dogmas o creencias generales, dentro de un marco de respeto en base a los principios fundamentales de vida y convivencia.

De esta manera, pienso, cambiaría de paso la estructura y los requisitos actuales del mercado laboral que a veces parecen tan inalcanzables para muchos (jóvenes y adultos), pues el objetivo no sería la acumulación de la riqueza a pesar de las condiciones inhumanas, sino la construcción de un mundo diferente, más inclusivo y acogedor.

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