Escribir
A veces escribir es un acto del que nos olvidamos, sobre todo si hablamos de la ya de por sí muy devaluada “palabra escrita” y no de la ahora muy recurrida palabra tecleada. El famoso texteo.

Ahora se dice que todos leemos mucho mas que antes, ahora todo el tiempo estamos leyendo, cada 3 segundos volteamos a ver el celular, la tablet, la computadora y leemos algo. Pero… ¿Cuántos de nosotros tomamos un libro? Yo haciendo un gran acto de autoconciencia, debo aceptar que solo he leído un libro en los 3 últimos años, el cual por cierto leí durante el último mes (ahora ya inicié el segundo). Lo mismo pasa con la escritura; todo el día estamos texteando, en todo momento comentando estados de Facebook, creándolos, twitteando, chateando por aquí y por allá (hasta 4 chats y apps distintas llegamos a manejar)(o más). Conozco personajes que incluso se despiertan a las 3 de la mañana a poner un Twitt o a contestar a la tia Chonita “Que sí le manda sus saludos a su mamá”.
Hablando en serio ¿Cuándo nos proponemos la misión de escribir por que queremos escribir algo? La respuesta y por lo menos en mi caso: Muy pocas veces. Incluso hay quienes podrían contestar con rotundo y callado: NUNCA. Lo más cabrón, pasando por la palabra “proponemos” ¿cuándo realmente pasamos de la mera propuesta y lo llevamos al ejercicio?
En mi caso, resulta que manejo algunas libretas en las cuales ocasionalmente tomo la decisión de escribir, tengo una para procesos difíciles, una procesos felices, una en pareja (que hace meses no pelamos), otra en pareja con planes que nos emocionan, etc.. El caso concreto es que aunque tengamos los medios y nos encante comprar Moleskine, sketchbooks y cuanta monería encontramos, no tomamos la determinación correcta y constante de escribir.
Debo admitir que hoy me encuentro texteando por que mi tortuga me mandó una historia de que uno se debe de vaciar todos los días un vaso de agua en la cabeza y hacer el ejercicio de escribir por lo menos 15 minutos, también todos los días y acto seguido de la empapada. Acto d que me parece interesante y que ayuda a cultivar la memoria, los planes, los KPI´s, etc. Acto mágico que en este caso me tiene aquí, escribiendo sin saber que quiero escribir, pero en el que las letras fluyen, no se si coherentemente, pero fluyen y forman palabras y con estas, frases que a su vez forman párrafos y asó mi primer texto en un blog.
Pero retomemos ¿Es lo mismo escribir que textear? Definitivo no. Estamos tan acostumbrados a ya no arrastrar el lápiz o la pluma (ya de plumas fuentes y caligráficas, ni hablemos), que hasta llenar una forma a mano nos provoca una pereza impensable, física, mental y emocional. A mis padres se les ocurrió ponerme Juan Fernando Silva Garcia Rojas, por lo que desde la primaria odiaba las planas de nombres; hace unas semanas lo tuve que escribir varias veces y literal: Odié a mis padres. Con el texteo es distinto, permite borrar sin dejar rastros en el papel, permite el copy paste, permite meter algún texto nuevo entre líneas escritas anteriormente. Sin embargo… Se pierde el romanticismo. Mas sin en cambio, si hablamos del escribir como el “acto de redactar textos”, escribir y textear pueden ser muy similares, con sus debidas y pequeñas diferencias.
Otro tema también, es ¿Para quién escribimos? Y seguro contestaremos: ¡Yo escribo para mí! MENTIRA. Y mentira vil, escribimos siempre para alguien mas. Si escribiéramos para nosotros y solo para nosotros, incluso podríamos terminar de escribir y quemar, borrar o romper la hoja o eliminar el archivo y listo. Pero no, siempre estamos deseosos de que alguien más vea nuestro escrito, tal vez no hoy, tal vez no mañana. Por ejemplo y creo que es el ejemplo perfecto: Los diarios del corazón. Siempre decimos que es un diario íntimo, le decimos “querido diario…”, pero siempre estamos dispuestos a compartirlo con un amig@, un amante o hasta los hijos cuando años después desempolvamos la libreta, se las mostramos, nos reimos y a veces hasta hablamos de ellos sin que ni siquiera hubieran nacido.
Hoy me encuentro texteando. No se que te parezcan estas letras o si algún día las vas a leer (con lo cual tampoco sabrías que me estoy refiriendo a ti), pero lo que si es seguro es que me sentí cómodo, las palabras e ideas fluyeron y espero que al leerlas les encuentres el mismo sentido con el que las escribí.
