Carta a un Gladiador

Pierdo el contacto con la honestidad, con la historia de un hombre verdadero, con la lucha desde la convicción más pura. La búsqueda de la libertad del alma que se va, la siento.

La siento como un manto mojado sobre mi cabeza, me acaricia con sus dedos y me ahoga. Parálisis generalizada en mi cuerpo, mi mente congelada con la hiriente duda que surge. Ahí vas Gladiador, es tu aura que rosa mi piel por última vez. Ahí vas gladiador, tembloroso; no temas, eso que sientes no es más que el vertigo de la enternidad, no temas, viajarás sin moverte de aquí.

Que lindo que vas. Honor y Orgullo te llevan en tu carruaje, esas bestias que te permitieron esquivar cuando el tren venía, soslayarlos cuando te perseguían, callar cuando te agredían y hoy te vas por que así lo querías.

Marcha tranquilo buen hombre, mantén tu paso firme. Permitelos a todos escuchar tu marcha, que te abran paso. Que le abran paso al Gladiador de Armadura Blanca. Vuela y ruge gladiador para así escucharte una vez más. Vuela y ruge, vuela y ruge.

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