“Teclas, cuerdas y diapasón: el piano y Don Christian”

Juan Christian Amenábar Folch es un experimentado Reparador y Afinador de Pianos. Con 61 años de edad, Don Christian relata con una sonrisa en su rostro el camino que lo guió hacia este bello arte.

El camino hacia la felicidad está lleno de detalles. Muchos de estos son minuciosos, pequeños, casi invisibles, pero son cruciales, marcan un antes y un después en la vida del individuo. Un piano defectuoso, un hombre desempleado. El piano anhela ser reparado, mientras que el joven cesante busca oportunidades. Quién hubiera imaginado que ambos recorrerían el mismo trayecto, ayudándose mutuamente para salir adelante. Actualmente, aquel piano revela armoniosas melodías en algún lugar gracias a las manos de Don Christian, reconocido técnico de pianos con un cómodo taller en el interior de su hogar en Providencia.

El piano y Juan Christian siempre estuvieron unidos. Con tan solo 4 años de edad, su padre lo había introducido al mundo de la música. El piano de la casa era uno más, una infaltable compañía. Ya en la adolescencia, el joven Christian sentía que su vocación eran las manualidades. Tanto fue así, que entró a estudiar arquitectura en la Universidad Católica de Chile. Mientras cursaba enseñanza media, su padre le proporcionó su primera llave de afinar junto con un diapasón, instándolo a afinar el piano de su hogar. Luego de muchos intentos y fracasos, comprendió lo complejo que resultaba esta labor.

Una vez licenciado en arquitectura, Don Christian trabajó en diversas oficinas e instituciones hasta que, en un momento dado, quedó cesante. ¿Existe algo más angustiante que encontrarse inmóvil? Dejando que la vida fluyera, visitó a Don Manuel, conocido técnico en pianos de su antiguo barrio, quien luego de una plática cordial y franca, le ofrece trabajo como ayudante. El señor Amenábar describe aquel período como uno de los más fructíferos en su vida, pues al fin descubriría los secretos y misterios de la técnica de reparación y afinación de pianos.

Al día de hoy, el señor Amenábar ejerce su profesión de arquitecto en la Municipalidad de Providencia y, a la par, se dedica a reparar y afinar pianos cada vez que sus clientes lo contactan. Él mismo explica que “si quedara cesante en la arquitectura, este es un oficio que me realizaría completamente. Me hace ser feliz. Además, el hecho de estar activo también me mantiene con vida”. Don Christian piensa que el piano es el retrato de la vida, donde cada decisión resulta trascendental para el desarrollo de la misma, con un largo camino que requiere mucha paciencia para alcanzar la perfección, la felicidad.

Actualmente, Don Christian está postulando para la Escuela Superior de Pianística de la Universidad de Buenos Aires, con el fin de obtener el certificado de Técnico en Pianos. Su mentalidad se basa en que nunca es tarde para aprender, que hay que seguir perfeccionándose día a día. Así es la vida de el señor Amenábar, arquitecto, reparador y afinador de pianos, resaltando a este último oficio como el que seguirá ejerciendo, aún después de haberse jubilado. Al sentarse frente a un piano puede observarse como él y el instrumento son uno solo, el sonido, las teclas y los dedos se identifican, entre los dos se acompañan, se mantienen, se perfeccionan.

Like what you read? Give Maximiliano Echegoyen a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.