No habrá sino historias

A pesar de que no compartí mucho con mi abuelo, lo he llegado a conocer a través de sus historias. Me cuentan que mi abuelo era un gran lector: “Ayer leí un libro en el bus, cuando terminé lo iba a tirar por la ventana pero después pensé que les podía interesar” llegaba diciendo aveces.
Tenía un gran gusto por contar historias, aveces de miedo; aveces divertidas:
“¿Sabés por qué en este patio no hay hormigas?”— decía — “porque una vez hice un funeral de hormigas en una cajita de fósforos , y desde entonces nunca más volvieron”.
Dicen también que tenía una sabiduría escondida:
“Lo que el mar se lleva el mar lo devuelve” , le decía hasta el cansancio a mi mamá , cuando ella lloraba porque el mar le había arrebatado una chancleta. Y así fue, varios días después la chancleta apareció en la playa. Yo recuerdo que a mi abuelo la inteligencia le brillaba en los ojos.
Cuentan las historias que se bañaba siempre con el radio encendido, que le encantaba bailar y cantar, y que no le tenía miedo a nada.
Arriba, una foto en su brete de telegrafista, entre el tic tac de la clave morse y la codificación de los mensajes; en La Cruz de Guanacaste, por allá de los 60.
