Formación de un nuevo gobierno

Pasada ya una semana desde que se dio comienzo a este nuevo año, aún no se sabe cuál será el futuro Gobierno de España. Aún no queda claro cómo estarán dispuestos a coaligarse los distintos partidos políticos que, a partir del día 13 de enero, empezarán a sentarse en el Congreso de los Diputados.

En efecto, las elecciones generales del pasado 20 de diciembre han dejado a España al borde de la ingobernabilidad y no se descarta que haya que volver a votar en un par de meses, en el supuesto de que no se pueda investir a un nuevo Presidente del Gobierno por mayoría absoluta en la primera vuelta o mayoría simple en la segunda.

El Presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, ha declarado estos últimos días que “España no puede permitirse un periodo de indefinición política”. A este comentario se podría añadir que esa indefinición política conllevaría a una inestabilidad económica derivada de una situación que sigue en proceso de consolidación. Está claro que nuestro país no puede permitirse el lujo de reencontrarse con una nueva crisis económica y financiera. Estamos aún viviendo una situación muy frágil.

Así, la representación política en España quedó repartida en 13 partidos. Es la primera vez que tenemos una situación parecida. Pese a la victoria del PP, el Parlamento se encuentra muy fragmentado. España tiene que enfrentarse, pues, a este nuevo escenario político atomizado, a la que no está acostumbrada.

Como sabemos, el Partido Popular fue el partido más votado, con una mayoría de 123 escaños, muy por debajo del mínimo necesario para gobernar (176). El PSOE, que también sufrió un importante descalabro, sigue siendo, no obstante, el segundo partido más votado. Mantiene, por tanto, su condición de líder de la oposición.

Ante este cambio en el panorama político de España, tras las elecciones del pasado 20 de diciembre, porque así lo han demandado los votantes en las urnas, no le queda más remedio que olvidarse de dos elementos sustanciales de la política española desde la recuperación de nuestras libertades democráticas en 1977 con las primeras elecciones: como primer elemento, el bipartidismo, representado por el PP y el PSOE que se han alternado en el poder en los últimos 38 años — salvo un breve periodo capitaneado por UCD — y, como segundo elemento, la forma de hacer política con el famoso “rodillo”.

Del 20D ha surgido una España nueva y diferente a la hora de hacer política que obligará a los partidos a dialogar, negociar y consensuar. Toda una novedad. Novedad para España porque en otros países de nuestro entorno europeo llevan haciendo política de alianzas y coaliciones desde hace mucho tiempo. Un dato esclarecedor: de los 28 países de la UE, 21 dirigen sus destinos sobre la base de coaliciones.

Este novedoso paisaje político necesitará, pues, ser encarrilado. Y, para ello, sólo queda la vieja y tradicional política de las alianzas. Vieja, para los demás, nueva, para nosotros. La democracia inglesa, bien asentada desde hace siglos y una de las más longevas, ha jugado en el campo del bipartidismo y en el de las alianzas, sobre todo cuando ha tenido que encarar momentos históricos difíciles. En estas últimas situaciones han dado un ejemplo de civismo y unidad, anteponiendo los tradicionales partidos políticos, los intereses generales, a los propios. Y ahí esta la clave de todo. El sociólogo alemán Max Weber, últimamente muy citado, ya nos lo recordó a finales del siglo XIX, cuando habló de los políticos de convicción.

Trasladado a España, tanto el PP como el PSOE, en caso de que no se alíen entre ellos, tendrán que buscar otros compañeros de viaje. Del resultado de las elecciones, está claro que los más convenientes serían Podemos y Ciudadanos, como tercera y cuarta fuerzas políticas, el primero con 69 escaños, nacidos precisamente de una alianza a cuatro bandas, y el segundo con 40.

Las combinaciones son muchas y variadas. Analizarlas ahora no es el objetivo de este texto. Sí se me ocurre como reflexión final que la búsqueda y las estrategias que están diseñando los partidos políticos para formar gobierno son difíciles, pero no imposibles. Así, pues, es fácil describir la situación política actual española, pero es complicado saber cuál es la solución.

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