Suicidio en tinta
Todos necesitamos un primer paso. Aunque ya hayamos recorrido el camino.
Los grafomaniacos a veces se detienen. ¿Los conocen? Son esos seres en claro peligro de extinción que garabatean párrafos en servilletas y a los que la falta de una libreta en el bolsillo convierte en un burdo arremedo de Mr. Hyde. Este fenómeno les puede suceder por años enteros, son tiempos en los que los vampiros disfrutan de la pesadilla de la mano atenazada. Esa en la que el síndrome de la hoja en blanco los mantiene en una suerte de mar en calma.
Se acabó. Alguien me empujó del risco. Es preciso regresar a la adicción. No necesito una jeringa, tan sólo una pluma y un cuaderno. O una página en Medium, para ponerse a tono con el siglo XXI.
