Huevos fritos

El olor era muy familiar, familiar para todos. Esa sensación hormigueante que sentimos todos cuando olemos algo delicioso que invade cada poro de la piel. Se levantó con la cabeza llena de ideas inútiles que no le interesaban a nadie, se levantó con la cabeza llena de odio; porque no era el corazón el que odiaba, era su cabeza tratando de convencer al resto de su cuerpo de las pesadillas que lo atormentaban.

Se detuvo frente al gran espejo que lo esperaba al pie de la cama. Vio su cabello oscuro lleno de mierda y polvo y supo que habían pasado meses desde esa noche. No se molestó en sacudírselo o arreglárselo, se subió el cierre de la sudadera azul que lo vestía y se acomodó el mono de deporte. Con impresionante dificultad puso un pie tras otro hasta llegar a la cocina y ahí estaba esperándolo. Una taza de café con avellanas que podía ablandar hasta al más duro, dos huevos fritos hechos a la perfección con un poco de pimienta y sal espolvoreada encima. Cinco tiras de tocineta crujiente y una solitaria lonja de pan. El plato que sostenía aquella comida parecía haber sobrevivido una guerra. Toda su casa parecía haber sobrevivido, todos menos él.

Con cuidado se sentó en el piso y tomó el plato con sus dos manos. Pensó en usar cubiertos pero le parecía estúpido, innecesario y hasta hipócrita. Montó el par de huevos en la tostada y dio su primer mordisco. La sensación gelatinosa, salada y picante que abordó su boca lo traslado a esa mañana de Mayo en la que todo empezó. Evitó el pensamiento y se quiso concentrar en el sabor de la yema casi líquida que lo alimentó por tanto tiempo y la sensación del pan tostado desmoronándose en sus dientes. Un sorbo de café tras otro y la casa parecía transformarse. Paredes color verde oliva, flores amarillas y muebles de madera. Con cada mordisco su ser iba cobrando vida: su cabello ya no estaba sucio, ya la barba no era tan desordenada y sus ojos no parecían tan cansados. Pensó que el bocado a la perfecta tira de tocineta iba a devolver a el tiempo más allá de su propia casa. Al final, ¿qué mejor sabor o mezcla de sabores para devolverte la vida?

Crujiente, salada, perfecta en su boca. Con el primer mordisco ya estaba sentado en el sofá amarillo que tanto le gustaba y las almohadas se habían acomodado a la perfección detrás de su espalda. Para la tercera ya su cuerpo se sentía en paz, su cuerpo solamente. La cabeza todavía estaba llena de odio: marañas y marañas de dudas y oscuridad; parecía que los sabores no habían sido suficientes como para darle calma.

¿qué hora es?- preguntó.

Son las 23 y apenas te estás parando. Te he llamado por cinco horas y no me escuchabas

¿Ya estoy de vuelta?

Estar de vuelta depende de ti. Usa bien tu tiempo

No quería mover mi cuerpo, ya tantos años sin reconocerlo que me da igual si lo muevo o no. Todavía me quedaban dos tiras de tocineta y 4 sorbos y medio de café. La canela encima de la espuma parecía bailar. Recuerdo la primera vez que vi los polvos moverse así, fue el día en que empezó esta parte de mi vida. No recuerdo cuantos años tenía ni cuantas canciones me sabía, solo recuerdo el momento en el que sentí las gotas de sangre salpicar mi cara.

Mayo era el mes y esperaba a que fuera la hora para salir al colegio. Escuché un ruido diferente en la puerta pero reconocía su voz, la voz de siempre tan amable, tan familiar. Me concentré en el desayuno y en los sabores, en como la canela se enredaba con la brisa y me despertaba los sentidos. Siempre fue fácil concentrarme en esos colores y esos sabores. Pasaron dos o tres minutos y lo vi golperla con el reloj de mesa y la sangre salpicar en mi cara.

No quise correr, no pude moverme. Después recuerdo menos, creo que pasaron unos meses o unos años. Me mudaron a otra casa, vieja, sucia, oxidada; aquí vivo. Me daban poca comida y no tenía mucho tiempo para pensar. Solo y con su sangre pasé un tiempo hasta que me dejaron quitármela con agua. Me la quité mientras sentía ganas de llorar pero no se como llorar. No se…no se como hacer mucho si no me muestran. Se comer bien y limpiar los platos, hoy me dieron el desayuno de siempre, hoy lo recuerdo ya mañana no creo. Mañana vuelven las pesadillas. Mañana no habrá desayuno.

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