DOOM y la ejecución sistemática de demonios

Tengo la banda sonora de este videojuego incrustada en mi alma. De la misma manera que tengo el tributo de Miracle of Sound.

Tal y como el Dark Souls es un juego que te anima a mejorar para pasarte el juego (putos basiliscos, arded en las ruinas demoníacas. ARDED, digo) y, simplemente, mejorar porque eso es, de por sí, algo que merece la pena (para matar a más basiliscos y capras, por ejemplo), el DOOM te anima a mejorar porque matar es divertido.

#NeverForget

Increíblemente divertido.

John Bain, también conocido como TotalBiscuit, explicaba en un vídeo (que no voy a buscar, porque aunque el tío tiene razón en eso, no me cae bien y no quiero darle clicks) que el DOOM es un juego divertido porque tú eliges cómo matas a los adversarios, no estás limitado a llevar solo dos armas, de manera que tienes vastas y devastadoras herramientas a tu disposición para lidiar con todos tus problemas.

Eso es cierto.

Sin embargo, al final terminas usando siempre la misma: la superescopeta al máximo nivel.

Apreciad la gloriosa belleza de sus ensangrentados cañones. GLORIOSAMENTE ENSANGRENTADOS

Este arma es cómicamente devastadora — tanto a cortas como a largas distancias — cuando la sabes usar. Puede parar en seco a un Caballero del Infierno y hacerle suficiente daño a un Barón del Infierno como para que se piense dos veces eso de “defenderse” (como si nadie pudiese defenderse de DOOMGuy).

Pero bueno, el juego original estuvo en el epicentro de una controversia y masacre y, desde entonces, los videojuegos (especialmente los videojuegos que glorifican la violencia) han sido acusados de “pervertir a las juventudes”.

“Los videojuegos pervierten a las juventudes”, Jack Thompson, probablemente

Y, bueno, aunque parece que hay ciertas correlaciones entre algunos comportamientos autodestructivos, es injusto asumir que solo por jugar con una consola, una persona va a ser más o menos agresiva. De la misma manera que es injusto asumir que solo por leer, alguien es más inteligente.

Yo, sin ir más lejos, soy la viva prueba de ello. Leo muchísimo, consumo muchísimo entretenimiento, pero no soy alguien particularmente inteligente. Es cierto que tengo un conocimiento enciclopédico de ciertos temas (el universo expandido de Star Wars antes de que Disney lo comprase, por ejemplo), pero eso es, más bien, un comportamiento tipo Asperger. Según mi psicólogo.

En cualquier caso, lo que, a mí me ofrece el DOOM es algo muy sencillo. Descontando eso de que cada segundo de metraje podría ser la portada de un álbum de heavy metal (probablemente, de un grupo llamado Anihilistic o algo así, con letras que sangran #OBV), me da catarsis.

De su primer álbum “Beat those motherf*ckers down!!!!!!”. El asterisco lo habría puesto la madre del cantante, que es la manager del grupo

¿Cómo explicarlo?

El Dark Souls ofrece un reto que, una vez superado, hace que uno se sienta útil y práctico, como si fuese un miembro productivo de la sociedad (cosa que yo, evidentemente, no soy). Sin embargo, juegos como el DOOM pasan de sutilezas como “retar al jugador” o “ponérselo difícil”. Simplemente, te dan una escopeta con una potencia cómicamente desproporcionada para su tamaño, puños como yunques, (un personaje con) una mala hostia solo conseguible con cinco dolores de muelas juntos y una jaqueca y te dicen “Ale, mira, monigotes a los que puedes masacrar violentamente sin necesidad de sentirte como si estuvieses haciendo algo poco ético”.

El juego no se molesta en asegurarse de que te enteres de lo que está pasando. Sí, te obliga a ver las escenas antes y después de cada nivel, pero, como dice sucinta y rápidamente este miembro de los foros de Steam:

Sí, ¿quién juega a DOOM por la trama?

La primera vez, casi nadie.

No, se juega para matar, matar, MATAR.

La segunda vez, para encontrar todos los secretos, como los adorables muñequitos que se encuentran desperdigados por el mapa.

Es ADORABLE y se puede comprar uno muy parecido

Y, también, para deleitarme en la cómicamente sangrienta violencia del juego.

La tercera vez, para conseguir todas las armas y sus expansiones.

Sí, el juego es increíblemente entretenido y me parece una obra maestra de la violencia desmedida en formato interactivo.

Sin embargo, el juego no solo ofrece una de las mejores mecánicas de combate y recuperación de salud y munición que hay. Ni tampoco una diversidad de armas envidiable.

No, nos da a un personaje increíblemente bien definido a través de cómo mueve las manos y una narrativa sorprendentemente inteligente para un juego cuya aparente premisa es “matar a todo lo que se mueva salvo al robot ese porque aún no sé CÓMO hacerlo”.

Las invasiones de Irak y Afganistán son un tema delicado. Creedme, esto tiene sentido. En mi cabeza, al menos. Aunque muchas cosas tienen sentido en mi cabeza.

Pero bueno, una de las explicaciones más populares para ambas invasiones es que se llevaron a cabo para hacerse con el petróleo de la zona. Creo que eso lo sabemos todos.

Ahora bien, los conflictos bélicos rara vez pueden reducirse a un único elemento. Normalmente hay una miríada de problemas que, a la vez, se juntan para desencadenar una guerra. Otras veces es porque es lo que se hace en la zona tradicionalmente. ¿Yo, riéndome del caos absoluto que es Oriente Medio y que no parece haber solución/fin a esos problemas? ¡NUNCA!

En cualquier caso, la narrativa de “el conflicto A viene de la razón B” siempre me ha parecido un tanto reduccionista y condescendiente. Ahora bien, no digo que la razón B no tenga nada que ver con el conflicto A, solo que no es la única.

Así pues, ¿qué tiene esto que ver con el DOOM?

La UAC, la compañía que resucita al DOOMGuy, está utilizando la energía de las almas del infierno (literalmente) para solucionar una crisis energética y, encima, experimentando sobre los demonios.

No es, en resumen, una compañía particularmente benévola. Es cierto, eso sí, que las compañías malvadas son el pan nuestro de cada día en los videojuegos.

Sin embargo, la UAC no parece taaaaan terrible. Al principio, al menos. Su objetivo es, después de todo, solucionar problemas energéticos y, dentro de lo que cabe, no molestaban demasiado a los demonios. Entró un par de veces, robó un par de cosas y se marchó. No hay mucho más que añadir.

Sin embargo, todo cambia con Olivia Pierce que, aparentemente no se ha leído Fausto, así que eso de hacer pactos con demonios le parece una gran idea.

Sorprendentemente, los demonios le dan lo que quiere, previo pago ser liberados en Marte para matar a todos los que estaban ahí. Salvo a DOOMGuy que es, para ellos, la encarnación del mal.

Literalmente.

DOOMGuy empieza el juego resucitando tras años en un ataúd que estaba en el equivalente infernal del fondo del océano. Y prontamente matando a TODO lo que le rodea.

¿He mencionado que se mata mucho en este juego?

Usando esto, sobre todo. Y riéndote como un jodido maníaco.

Después de matar a todo lo que se mueve, llegas al Infierno, donde vivían los demonios (antes de ser, em… evacuados para ser conejillos de indias). Ahí descubres que DOOMGuy era una fuerza de la naturaleza y, por eso, los demonios te atacan. Se están defendiendo. Es cierto que se matan entre ellos, pero claramente, algunos de ellos son conscientes de su propia existencia, puesto que hay documentación acerca de ti anterior a la llegada de la UAC.

Es decir, la UAC robó la fuente energética de un pueblo subdesarrollado, escudándose en su necesidad y, en lugar de compensarles de alguna manera, les dejó muertos de la risa ahí y, cuando eso no les pareció suficiente, les secuestró y usó para experimentos, porque, después de todo, son demonios.

Es cierto que los demonios atacan a todo lo que les rodea, pero pedirles que dejen sus tradiciones de lado es GENOCIDIO CULTURAL.

Aún con todo, es muy divertido meterles escopetas por la boca.