En la biblioteca (II): Nada, nadie

No se oye nada. Los pocos que han venido están concentrados. Si no, para qué venir a encerrarse en pleno agosto, con el calor que hace, con la de cosas de ocio que hay por todas partes, helados, surf, rebajas.

No se oye nada, pero si te fijas bien se escuchan los coches, eso que no debería haber mucho tráfico en la época en que estamos. Y pasos, tecleos, sillas hacia delante y hacia atrás, un móvil que vibra, papeles, bolígrafos subrayando, su respiración, mis tripas, su aliento, mi parpadeo.

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