Abismo

Esta vez al fondo no hay lava.

Un ventilador de techo que dejó de funcionar (no se estropeó, dejó de hacer falta) mientras caías y un espejo en la pared. Una puerta acristalada que da a una escalera, una ventana que da al comedor. Una cuenta de Netflix.

A veces, fruta. Un termo que no conserva una mierda la temperatura. Una botella que fue de sidra con agua. Un frasco de mermelada con yerba.

Cuarto de baño propio.

Un enorme foso de desesperación.

Un cuadro de Lauren Bacall que pintó el marido de la dueña.

Una conexión a internet que funciona a ratos. Un teletrabajo que lo mismo. Una herida pavorosa que tardó un montón de semanas en empezar a cerrar.

Un botecito de yogur con sal, otro con ají, otro con orégano. Un vaso, una taza. Productos de higiene personal. Una montaña de ropa por lavar.

Una bolsa con un retrato de Castelao llena de pañuelos.

Muros imposibles de escalar.

Culpa.

Durante semanas, la certeza abrumadora de que a nadie le importaba, que mejor te dejabas morir ahí. Sin molestar.

Insomnio. Náuseas. Contracturas. Frío.

Días en que salir de la cama era imposible. Días en que comer era imposible.

La app de kindle en el móvil. Una cuenta en twitter, un perfil en Medium.

Mensajes en botella de “come alguito, por favor”.

Silencio. Vacío.

Mensajes en botella que ni abres.

Flashes de algo que había sido y te mantuvo “sólo” al borde del abismo hasta el final.

Gritos mudos.

Una enorme bola de dolor que lo rodea todo.

Una nebulosa en un cerebro que dicen que antes funcionaba.

El absoluto desconocimiento de nada que no sea dolor. El olvido de quien una vez fuiste.

Ropa que cada día es más grande.

Sollozos mudos que te parten al medio cada vez.

Armadillo hecho bolita que se esconde.

El pensamiento recurrente de que ya fue, que esta vez no lo cuentas. Que siempre sobrevivías pero ahora no vas a poder.

Lágrimas. Mocos.

Vértigo.

Huesos nuevos.

Posición fetal.

Una burbuja de desasosiego que te lleva rodando a donde sea que intentes moverte.

La sensación de que, mires a donde mires, no hay salida.

Tampoco sabes por dónde empezar a ponerle palabras.

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