Corteza de pan

¿Quién soy yo para negarme a usted?
No es tan sorprendente ante un extremista,
La necedad, carencia y euforia
Replicando en las letras exaltantes
La lucha en contra de la resonancia,
Prestigiosa al tocar el interruptor
La vía de salida de aquel melódico augurio
Ya vivido, nunca conquistado.
En la frustración descansan los más tiernos deseos,
Y en el ruido del insomnio se resuelve la vida…
Desvanecida al silencio del sol 
En un besar de luz que viste las cortinas
Y transforma los pensamientos en piel.
Sorprende los dedos ya una vez desnudos
Avaros de sentir la señal de vida
Que en su conspiración cósmica,
Se hizo cargo de disolver los planes.
Directo al depósito de hálitos sin destino,
Casi con airada cautela, un tipo de trémula vista,
Se asoma de los sueños jamás recordados
Que desean ser contados, encontrados entre tanta duda atribuida,
Para tener el mismo final, aquel que dicta rincón.
Una probada al suspiro, al cerrar de ojos
En la oscuridad es sencillo recordar Aquello que se oculta por prudencia,
Por ser amenaza a la dirección lunar
La órbita no quiere revelar coordenadas;
Los cielos se quedarían sin súplicas y los mares perderían paranoides en busca de sanación.
Y el sueño, toda una amnesia colectiva,
Mantenga la calma, y aún girará su suelo,
Deliberado ajetreo para un horizonte tan vasto.
Nos queda por danzar en los declives,
En el borde se posa todo último paso.

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