El derecho a organizarse

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El artículo tercero de nuestra carta fundamental reza que Chile es un país unitario y de estructura descentralizada. Sin embargo, el texto legal debe cargar con el peso de la realidad que viven muchos subconjuntos de la sociedad civil, ya sea el pueblo mapuche, pascuense o magallánico, con múltiples manifestaciones a favor de la autonomía y denunciando el abandono por parte del gobierno central.

Fuerza reconocer que cualquier conjunto de individuos agrupados bajo vínculos psicológicos, culturales y nacionales tiene — o debería tener — la posibilidad de manifestar y proclamar la forma en que quiere regir los destinos de la comunidad si es que, voluntaria y anteriormente lo han pactado. Empero, no necesariamente se deben realizar manifestaciones explícitas de autogobierno. Pueden ser de tipo tácito, donde la costumbre y la voluntad histórica, lleven a los hombres y mujeres a agruparse en un municipio o Estado específico.

Otra forma de autodeterminación, obedece a criterios democráticos, en donde los vecinos, por medio del sufragio deciden o no permanecer o abstraerse de determinado Estado o región.Además, el Estado no tiene ningún derecho a mantener bajo su seno a una región o un conjunto de personas. Los individuos son quienes tienen el derecho a ser escuchados y complacidos por el poder político respecto a sus políticas de autodeterminación. En lo relativo a las fronteras, esto debe ser resuelto por mecanismos democráticos, en donde los habitantes determinan cuáles serán los deslindes de los nacientes territorios.

A la par con este mecanismo, se requiere un compromiso por parte del Estado para respetar y no entrometerse en el curso natural que puedan tomar las naciones que buscan su emancipación.De lo contrario, habrán consecuencias nefastas, como focos de lucha armada, algo de lo que Chile sabe mucho. Por lo tanto, la secesión es la forma más pacífica y democrática para evitar un derramamiento de sangre.

Los pueblos que se sienten reprimidos y subyugados por el Estado chileno deberían empoderarse y confiar en los principios motrices de su nacionalidad. De lo contrario, solo podrán conformarse con anuncios de proteccionismo lingüístico, un par de tierras que no podrán enajenar y exenciones tributarias que lo único que hacen es debilitar su identidad. Lo que se necesitan los pueblos es libertad. Libertad para alcanzar una vida próspera y tomar las riendas de su propio destino.