Y entonces, lo supe.

Nadie sabe definir el amor, ni siquiera el diccionario. Pero todos, en algún momento de la vida, sabemos cómo nos hace sentir. Quizás una o dos veces en la vida, o tal vez una o dos veces al día. No importa. Pero no se mueran sin amar.

Hay cínicos que piensan que el amor es solo una secreción de sustancias en el cerebro, que solo amás con el cerebro. Yo he amado con todo mi ser. Cuando acaricio, con mis manos; cuando beso, con mis labios; cuando me acerco, con mis pies. He amado con mi alma, con mi esencia y con cada vibración que provoca mi existencia. Amo con mi corazón, cuando palpita a mil por hora con solo mirar a los ojos de otro ser hermoso.

Amar es vivir en su máxima expresión, es compartir todo con alguien que no pide nada. Es hablar con una simple mirada y descubrir que ninguna palabra pudo haberlo dicho mejor. Es darse cuenta de que la simple presencia de otra persona puede ser todo lo que se necesita para sonreír. Es querer ser mejor cada día para nunca dejar de merecer tanta belleza.

Cuando amás, confiás. Te dejás ir en los brazos eternos de una persona que no te va a soltar nunca. Sabés que todo está bien, que estás bien. Te das cuenta que sí era suficiente con aprender a quererte para transmitir que estás lista para que alguien más lo haga también. Sonreís porque sabés que te aman así, como sos, perfecta en tus imperfecciones: persona.

Llega ese momento en la vida, y entendés que las cosas sí pueden salir bien. Que no todas las personas tienen malas intenciones. Y todo tu ser se relaja, se suelta, se deja ir y el miedo se convierte en un mito. Hay paz, hay respeto, hay felicidad. Sentís que te complementás con alguien como si su cuerpo y el tuyo vinieran del mismo pedacito de universo.

La percepción del tiempo cambia cuando estás a su lado, porque en un minuto sentís demasiado, pero una hora no es suficiente para expresarlo. El amor crece exponencialmente cada segundo, cada día, cada mes. Y cada beso es un paso más en el descubrimiento de ese mundo y de esa historia que están compartiendo.

Despertás en la mañana, junto a ese otro cuerpo que amás, y no te da miedo pensar en el futuro. Y no te acordás cómo se sentía el pasado sin ese amor. Tampoco querés recordarlo, porque no hay nada que importe más que aquí y ahora. Y la tinta de tu corazón se mezcla con la tinta del suyo. Y el aroma de su alma impregna la tuya. Y entonces, lo sabés.

Y entonces, lo supe. Te amo.

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