El odio empieza donde acaba el amor.

“No sé si cambiaste, o nunca te conocí.”

Nunca he llegado a comprender por qué tanto odio entre los ex cuando una relación acaba. Vale, si uno de los novios se ha comportado mal, merece su castigo, como todos. Pero cuando quieres olvidar lo ocurrido y quieres, simplemente, llevarte bien… ¿qué ocurre? ¿Todo bien u odio a muerte? Es lo que me está pasando y ha pasado con mis dos últimos ex novios. Y quiero comentar esto.

Antes de haber salido del armario, he tenido cuatro novias. Sí, sabiendo que lo único que me gustaban eran los hombres, llegué a tener cuatro novias. Y aunque las rupturas fueron dolorosas, con todas me llevo bien. Sin odio, sin insultos, sin nada malo. ¿Tan difícil es estar así?

Soy una persona que no le gusta llevarse mal con la gente, y menos con los ex, pero, parece que lo normal en eso es odiar a muerte. Con mi primer ex novio, a pesar de que me faltó al respeto como nunca antes lo había hecho nadie, quería intentar llevarme bien. Es imperdonable lo que me hizo y nunca lo olvidaré, pero no quise echarle más leña al fuego. Bueno. A los pocos días de haber cortado, este chico se pensaba que aún seguíamos juntos, por lo que le recordé todo lo ocurrido y que no quería volver a estar con él jamás como novio. Puedo perdonar, pero no olvido. Además, me enteré de que hacía cosas que no me gustaban un pelo y que, afortunadamente, yo no estaba implicado en ese momento. Lo que hice fue bloquearlo de todos lados para proteger mi imagen. Pero, no sirvió de mucho. Ahí fue cuando empezó a atacarme. Contaba cosas personales mías y me humilló en un programa de radio diciendo cosas que no son verdad. Tal fue mi cabreo que amenacé con ponerle una denuncia. Bueno, fue mi segundo ex novio. Yo no quería llegar hasta este punto, pero no me quedaba otra. Finalmente, entablamos una conversación para intentar quedar bien, aunque no nos hablemos.

Y ahí llega mi segundo ex novio. El chico que me intentó proteger de mi primer ex. Muy cariñoso, atento, que se preocupaba… un amor de persona. Eso me daba a entender. Parecía que todo iba genial, pero la cosa se torcía y por no seguir alargando la agonía, terminé por cortar con él. Se supone que esta ruptura fue “bien”. Le propuse seguir llevándome bien a pesar de no seguir juntos, pero la respuesta que me dio fue bastante seca y sospechosa. “Lo mismo digo”. Actualmente, me tiene mucho asco y no sé por qué. Quería saberlo, pero parece que no me lo quiere decir. Desde el día que decidí no seguir en la relación, parece que me cogió un poco de tirria. Suena bastante acosador, pero, desde entonces, miraba su cuenta de Twitter una vez al día, o cada dos días, para ver si ponía cosas sobre mí. Y, efectivamente, soltaba indirectas hacia mí. Hasta tal punto de decir que soy una persona con la que se pierde el tiempo y que no merece la pena. Porque sí. Sin darme motivos. Intenté hablar con él de manera civilizada, pero era imposible. Sentía que tenía que estar adivinando qué narices le pasaba conmigo, pero se inventa cosas, o eso creo, para no dar explicaciones. Me odia porque sí. Yo no hice nada. Se cansa de mí, no me lo dice y lo tengo que adivinar todo.

Lo peor que llevo de esto no es el hecho de que me odien o no. Lo que me fastidia es el hecho de que no me den motivos justificados. Odio tener esta incertidumbre dentro. Sí, hay que olvidarlos. Pero yo los olvidaré hasta que me den una respuesta.

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