¿En qué se parece Colombia a Holanda?

Camino al Valle del Cocora, 2017 — Milton Carmona Andrade

Hace poco, navegando en las redes sociales, perdiendo más tiempo que de costumbre, me topé con uno de los tantos videos virales que tiene “PlayGround”. El video de no más de 2 minutos explica el pequeño problemita que tiene un país europeo con sus cárceles, las están cerrando. Tienen mas infraestructuras que presos, algo casi inimaginable de este lado del océano.

Me puse a pensar en esos arranques que te entran con la barriga llena después de una buena cena: ¿qué necesitaría hacer Colombia para tener un proceso similar? Pero es que en Colombia tienen que sacar un gran número de presos cada 6 meses porque no caben, se desbordan de las celdas, la policía se los entrega a los jueces y no hay cama pa’ tanta gente. Sí, creo que todo es un proceso y que el próximo presidente no va a cambiar totalmente el país en 4 años, pero sé con certeza que no es necesario pasar por 3 guerras mundiales, 100 años de atracos en nuestras calles y 5 hambrunas como país para poder llegar al punto en el que está Holanda. En una era en donde una gran parte de la población tiene acceso a internet y a un teléfono inteligente -que no se puede sacar en las calles de las grandes ciudades del país porque te lo pueden robar en cualquier momento-, nosotros -la población- podemos hacer un avance significativo en este problema social.

“Si piensas que eres demasiado pequeño para hacer una diferencia, no has dormido nunca con un mosquito en la habitación.” Proverbio Africano

Aunque esta es sólo una de las tanta problemáticas que azota a Colombia y a nuestro continente en general, me gustaría darle una mirada diferente a esta situación. Yo soy creyente de que llegaremos a mejores soluciones haciéndonos mejores preguntas.

¿Es la mejor solución enviar a todos a la cárcel?

¡Hey! Pensemos. ¿Desde cuándo existen las cárceles y cuál es su fin último? ¿Mantenernos seguros? ¡No! Históricamente, han funcionado para alejar a esos que le hacen daño a la sociedad y mantenerlos apartados. Es un proceso similar al de aquel que barre la casa y esconde todo bajo la alfombra. Las cárceles en Colombia, Brasil y otros países del continente no se dan abasto, el sistema carcelario latinoamericano no soporta un preso más. Mientras los encerramos en pequeñas celdas, apartados de la sociedad a las que lastimaron y rodeados de la misma realidad -o peor-, esperamos que por obra de magia salgan rehabilitados de las cárceles capaces de integrarse a la sociedad, pero ¿haciendo qué? ¿vendiendo empanadas?

¿Qué mas podríamos hacer con una gran mayoría de reos que son jóvenes y han cometido crímenes menores?

En vez de destinar el erario público a grandes castillos de cemento que no solucionan la raíz del problema, podríamos invertir en cerebros y generar ideas que permitan rehabilitar a estos jóvenes. Cuando se invierte en ingeniería social, existe la posibilidad de brindar una opción entre seguir de parrillero en la moto robando iPhones o contribuir como miembro valioso e importante de la sociedad. Sí, entiendo el escepticismo de aquellos que puedan estar leyendo, no es una idea fácil de digerir, pero el cambio empieza por reconocer que hay que comenzar a hacer las cosas de forma diferente.

Volteemos la mirada y concentrémonos tan solo en el Chocó: ¿Cuántos hospitales y carreteras se podrían construir con reclusos pagando una condena por crímenes menores? Cambiando el hacinamiento por una pala y dándole valor como ser humano dentro de proyectos constructivos para su entorno, realizando tareas de construcción o incluso agricultura.

La verdad es que hay un mundo de posibilidades al alcance de nuestras manos ¡hoy!, no mañana, no la próxima década. Hay que soñar en grande, soñar con un país donde se disminuya la impunidad a diario, donde las fuerzas judiciales del Estado tengan una alternativa al sistema carcelario actual, donde jóvenes que no tuvieron la oportunidad de experimentar otra realidad diferente a la de la criminalidad, puedan hacerlo. Cabe aclarar que esto es una mirada breve a un problema complejo, pero nosotros los jóvenes tenemos que comenzar a hablar de estas vainas, sino nos va seguir comiendo el tigre de la criminalidad por muchos años más. Sin extenderme más y queriendo responder la pregunta del título, creo en una Colombia que se parece a Holanda en su gente linda, paisajes increíbles y ¡muchas ganas de echar pa’ adelante!

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