Es tiempo de ser la Excepción de la regla

Seamos los raros, seamos las anomalías

Culiacán, al igual que muchas otras ciudades padece una enfermedad grave, que se esparce peligrosamente y sin control: sus ciudadanos promedio.

Se supone que los ciudadanos promedio no deberían de ser algo malo o representar un problema para la ciudad, ya que dentro de su naturaleza promedio tienden a ser más inertes y más pasivos, ciudadanos que van de aquí para allá pasando inadvertidos sin hacer mal a nadie.

En la ciudad de Culiacán es otra historia, la gran mayoría de sus habitantes son irrespetuosos en muchos sentidos, es lo normal ver a las personas romper las reglas, ver como el grueso de la población local hace lo que quiere a su manera sin importarles su seguridad y la de los demás, eso es lo cotidiano, eso es lo promedio e incluso está por encima de la media.

Por lo anterior, en Culiacán cuando hacemos las cosas como deben de ser automáticamente nos convertimos en raros, cuando respetamos por momentos al menos somos la excepción de la regla. Es fácil convertirse en raro, lo único que tenemos que hacer es respetarnos, respetar a otros y seguir las reglas.

Aquí es importante aclarar el punto de las reglas; la gran mayoría de las reglas y lineamientos impuestos por el gobierno son inservibles hablando de leyes como la ley del trabajo, el código penal, etc. Son muchas las leyes que fueron impuestas por un político o grupo de personas para su beneficio propio y son leyes listas para ser sobrepasadas con mañas y así parecer que no se está violando nada. Reglas y leyes que tienen ahí desde 1910 prácticamente inalteradas. Por eso tenemos que pasar a otro esquema y seguir otro tipo de reglas más universales más inherentes del SER HUMANO.

De las reglas que yo hablo son las que se dan por sentido común, por instinto de conservación, por humanidad, por raciocinio, por empatía, por cualquier razón universal. Cualquier regla que un ente pensante pone en práctica por bien propio, como usar el cinturón de seguridad, no cruzarse la calle a lo loco, respetar los límites de velocidad, no tirar basura, cuidar los recursos, ayudar a otros, tratar de ser auto-sustentables, etc.

Dichas reglas por supuesto están dentro de los reglamentos locales de tránsito y gobernabilidad en general, pero no nos las está repitiendo a diario el jefe de tránsito o el presidente municipal, quien realmente nos lo dicta (o debería de) es nuestro YO Interior, es nuestro INSTINTO. Es como cuando nosotros de bebés nos quemamos con algo muy caliente por primera vez, aprendemos y ya nos volvemos a quemar (al menos en teoría).

Seamos los raros, seamos los que nos atrevemos a hacer las cosas bien por que a todos nos conviene que tu y que yo queramos seguir estas reglas, y que quede claro en este caso no aplica el “Eres un borrego como todos los demás por que sigues las reglas”, esto es diferente. Aquí estamos hablando de evolucionar como sociedad, de ser un mejor lugar, de vivir en un lugar en el que si nos gusta. Depende todos nosotros querer ser los raros, de querer ser diferentes y a atreverse a ser la excepción.

Yo se que está difícil a veces querer seguir todas las reglas por varios factores: nuestro estilo de vida apresurado, una ciudad deplorablemente diseñada y construida, etc. así que cuando de plano no lo podemos evitar al menos asegurarnos de cuidarnos y no afectar a nadie más. Es ahí donde tenemos que ser los raros y hacer lo que nadie hace, de esa manera les estamos mandando un mensaje claro de YO NO SOY COMO TÚ Y NO QUIERO SER JAMÁS COMO TÚ a todos esos que en su ignorancia y egocentrismo rompen todas las reglas abiertamente y hasta lo celebran.

SEAMOS LOS RAROS

Jorge Bojórquez

Mirada Infinita

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