“Manterrupting”: Qué Es y Cómo Evitarlo.

Una guía para mujeres, hombres y jefes.

“Manterrupting”: Expresión inglesa para definir la interrupción innecesaria del discurso por parte de un hombre a una mujer.

“Bropropriating”: Apropiarse de la idea de una mujer — una compañera — y llevarse el mérito por ella.

Todos recordamos el momento, allá en 2009, cuando Kanye West se plantó en el escenario de los premios de la música MTV, arrebató el micrófono a Taylor Swift y se lanzó a soltar un monólogo. «Voy a dejarte acabar», dijo interrumpiendo el discurso de agradecimiento de Swift al recibir el premio de mejor vídeo femenino. «¡Pero el de Beyoncé es uno de los mejores vídeos de todos los tiempos!».

Kayne West se apodera del micro durante el discurso de agradecimiento de Taylor Swift, 13 de septiembre de 2009.

Fue, quizá, el mayor ejemplo público de “manterruption” — o sea, un hombre interrumpiendo a una mujer que intenta hablar (en este caso, en el escenario, como ganadora de un premio) y haciéndose con el espacio. En los VMAs podría haber pasado como entretenimiento, pero pregunta a cualquier mujer trabajadora y todas reconoceremos el fenómeno. Si hablamos en una reunión, no tarda en aparecer un hombre metiendo baza en un tono más alto. Lanzamos una idea, quizá con demasiada inseguridad, y ahí salta un tío que la repite en alto con autoridad. Podemos tener la capacidad, pero él tiene las cuerdas vocales adecuadas — lo que significa que cerramos el pico, perdiendo nuestra confianza (o peor, el mérito por nuestro trabajo).

Puede que pensásemos que estábamos siendo paranoicas, pero gracias a Sheryl Sandberg y al profesor de la escuela de negocios Wharton, Adam Grant (¡un hombre!), podemos sentirnos algo menos paranoicas cuando revivimos mentalmente esas reuniones que nos han salido mal. En una nueva opinión editorial del New York Times, señalan los “riesgos” de “hablar siendo mujer”, junto con un grupo de nuevas investigaciones para probar que no, no está en nuestra cabeza. (*Aviso: Edito proyectos especiales para “Sandberg’s women’s nonprofit, LeanIn.Org”. Aunque yo no edité su editorial en el Times) [*Nota de la autora original].

Sandberg y Grant citan estudios que muestran que los poderosos senadores masculinos hablan significativamente más que sus colegas más jóvenes, mientras que las senadoras no lo hacen. Los ejecutivos que hablan más a menudo que sus compañeros son juzgados como más competentes (un 10% más), mientras que las ejecutivas que dan su opinión se las considera menos (hasta un 14%). Esos datos continúan una larga línea investigadora que demuestra que, en el ambiente de trabajo, las mujeres hablan menos, son interrumpidas más y ven sus ideas sometidas a un escrutinio más duro y exigente.

«Ambos lo hemos visto una y otra vez», escriben Sandberg y Grant. «Cuando una mujer se expresa en un entorno profesional, está en la cuerda floja. O bien apenas se la escucha, o bien se la considera muy agresiva. Cuando un hombre dice prácticamente lo mismo, los asistentes asienten aprobando su brillante idea».

Mis amigos se han inventado una palabra para definirlo: “Manterrupting”. “Manstanding”. (O bloqueo del discurso, si preferís una expresión más neutra).

¿El resultado? Las mujeres se abstienen, se contienen. Eso, o renunciar a los méritos por completo. Vemos nuestras ideas acaparadas (bro-opted), reapropiadas (bro-propriated?) — o simplemente, éstas dejan de fluir. Nos apagamos, nos volvemos menos creativas, menos comprometidas. Nos encerramos en nosotras mismas, preguntándonos si en realidad será culpa nuestra, entrando en la espiral de desconfianza en nosotras mismas.

Sin embargo, aquí hay unas cuentas cosas que podemos hacer para detener este ciclo: las mujeres, los hombres, e incluso quienes ostentan el mando.

  1. Saber que Todos Somos un poco Sexistas — Y Corregirlo

La realidad es que todos tenemos lo que los expertos llaman “prejuicios inconscientes” — predisposiciones arraigadas que ni siquiera sabemos que tenemos. (¿No crees que te pase? Haz este Test de Asociaciones Implícitas para demostrarlo). En lo concerniente a las mujeres, estos prejuicios son el resultado de décadas de historia; se nos ha enseñado que los hombres guían y las mujeres crían. Así, cuando las mujeres demuestran rasgos “masculinos” — resolución, autoridad, liderazgo — a menudo nos disgustan, mientras que los hombres que exhiben esos mismos rasgos son apreciados con frecuencia como fuertes, masculinos y competentes. No sólo los hombres demuestran tener este prejuicio, las mujeres también: un estudio reciente reveló que no son sólo los hombres quienes interrumpen más a las mujeres en el trabajo, sino que también lo hacen las mujeres. Sin embargo, conocer este prejuicio es un paso importante de cara a corregirlo.

2. Establecer una “Regla Anti-Kanye” (O de No Interrumpir, para el caso)

Cuando Glen Mazarra, el presentador de The Shield, un drama de FX TV de principios de los años 2000, se dio cuenta de que sus guionistas femeninas no daban su opinión en la sala de guionistas — o que cuando lo hacían eran interrumpidas o perdían la propiedad de sus ideas— estableció una normativa de no-interrupción mientras los creadores (hombre o mujer) estuviesen exponiendo sus ideas. «Funcionó y observó después que lo transformó en un equipo más eficaz», escribieron Sandberg y Grant.

3. Practica la Intervención del Espectador

En serio, detén a quien interrumpe en el momento. Dale un toque, dale un codazo o simplemente di en alto “calla, déjala acabar” o “Eh, quiero oír lo que [la oradora] está diciendo”. Elige tus propias palabras, pero no te quedes en silencio.

4. Crea un Código de Colegas con un Amigo

O, mejor aún, si eres mujer, crea un código de colegas con un amigo. Pídele que asienta y te mire con interés cuando hables (cuando esté interesado, claro). Deja que te respalde en público durante las reuniones. En serio, prueba. No es justo, no, pero maldita sea, funciona.

5. Apoya a tus Colegas Femeninas

Si escuchas una idea de una mujer que crees que es buena, respáldala. Tendrá más efecto del que crees y te posicionarás como un/a jugador/a de equipo.

6. Al César lo que Es del César

Sí, todo el mundo quiere el crédito por una buena idea, pero los estudios demuestran que reconocer el mérito a quien le corresponde te proporcionará en realidad una mejor imagen (así como a la persona que tuvo la idea).

7. Mujeres: Practicad el Lenguaje Corporal Asertivo

Siéntate a la mesa, señala a alguien, levántate, camina hasta el frente de la habitación, coloca tu mano en la mesa… Lo que haga falta. Estas posturas y gestos “de poder” no sólo te aportan mayor autoridad, sino que también elevan tus niveles de testosterona y, por consiguiente, tu confianza. En algunos casos, puede ayudar una postura corporal inclinada hacia adelante [una posición de “avance”]: en un estudio, los investigadores descubrieron que los hombres se inclinan más a menudo que las mujeres en las reuniones profesionales, lo que los hace menos propensos a ser interrumpidos. Las mujeres se reclian con más frecuencia — siendo más probable que sean interrumpidas [ocupan menos espacio].

8. … Y Tener Vuestra Propia Voz

No mines tu autoridad con “No estoy segura de si esto está bien/es correcto, pero…”. Habla con autoridad. Evita la “voz de bebé” (el liderazgo y la autoridad se asocian con voces graves y masculinas, no con tonos suaves y agudos). Y por favor, hagas lo que hagas, no te disculpes antes de hablar.

9. Apoya a Compañías con Mujeres en el Poder

Es sabido que las compañías con más mujeres en sus juntas ejecutivas tienen altos resultados y mejores respuestas. Los equipos con mayor diversidad en su composición también desempeñan y se desenvuelven mejor. Sin embargo, tener más mujeres en puestos de poder puede en realidad animar a más mujeres a sacar a la luz sus ideas. En un estudio citado por Sandberg y Grant, los investigadores estudiaron a los empleados de una cooperativa de crédito donde el 74% de los supervisores y el 84% de los empleados en contacto directo con los clientes eran mujeres. Impactante: aquí era más probable que las mujeres diesen su opinión y que fuesen escuchadas.

Si todo lo demás falla, siempre puedes aprender como hablar muy, muy alto.


Este artículo es una traducción del original “How Not to Be Manterrupted in Meetings” publicado en la versión online de Time.


La autora, Jessica Bennett contribuye con una columna en Time.com donde trata el cruce del género, la sexualidad, los negocios y la cultura pop. Escribe regularmente para el New York Times y es editora de proyectos especiales para “Sheryl Sandberg’s women’s nonprofit, Lean In”. Puedes seguirla en su cuenta de Twitter: @jess7bennett.