Vuelta Atrás.

En la orilla del mar con la marea empapando mis pies, la delicadeza de la vida es rozada por lo sublime del fin de ella; son esos dulces y delicados susurros de aire en mi rostro y el edén en mi mirada los que hacen recordar aquellos días de antaño, aquellos días en los que la felicidad llenaba todos los rincones de mi ser; esos días que poco a poco se desvanecen en mi memoria y de los cuales solo quedan las cenizas de un alma que se rompe en llanto cada vez que en ello se inspira.

Sentado ahí con el mar frente a mis ojos trato de contar los días que han pasado desde aquel nostálgico tiempo en el que perdí el juicio y la razón de ser, llorando sin poder seguir adelante los canticos retumban en mis oídos que ya se resignaron a la pena y al dolor.

El cielo y el infierno se unen frente a mí, el mar se agitan haciendo estrecho el risco del que pienso saltar; con el recuerdo de mi mano cubierta por la sangre de sus palabras corro hacia aquel risco donde al caer el demonio me recibirá en sus brazos.

La luna llora por mi cruel destino y de mi alma ni el mar podrá lavar éste odio que siento dentro de mí; la orquesta del infierno se enardece mientras dios me da la espalda por última vez, y será mi alma la que vuele por el aire enfurecido que trata de evitar algo que se ha escrito ya en las tablas del destino sucio y traicionero.

Un destino que será borrado de las escrituras por lo impuro de sus existencia, un destino que pudo ser salvado; pero con mi muerte por fin la tierra podrá descansar; mi amiga la luna y el viento que una vez rosó tu cuerpo son los únicos testigos pues mis pies ya se encuentran sobre el fin del risco.

Los demonios y su sonata se enardecen hasta el infinito por la llegada de mi alma a sus garras infernales, por fin se podrán deleitar con el odio y la venganza cultivada por tantos años.

Un silbido agudo y una lucha entre el cielo y el infierno con los mares agitados es el último vistazo que mis ojos se llevan mientras mi cuerpo cae hacia el infinito del olvido donde los demonios con los brazos abiertos esperan su festín; Mientras mi existencia en esos tiempos de antaño serán los que la luna llorará y recordará, lo que una vez mi alma y mi cuerpo fue, lo que un día las lágrimas y el dolor borraron será lo poco que de mi ser quedará en sus recuerdos.

By: Mitch Aguilar
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