Estoy hasta los cojones

Cuantas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo mismo.

Me voy a inventar una pequeña historia. Trata sobre un hombre muy malo que, un día, cometió un atentado.

Un día, un señor, llamémosle Abdul Goikoetxea, decidió liarse a tiros en la puerta de un colegio. Para ello, planificó cada parte con sumo cuidado, hizo contactos dentro de una red global de terroristas (algo así como un Terrotinder) muy malos todos ellos para conseguir financiación… Esas cosas que se hacen para cometer un atentado (obviamente no tengo ni idea de como se comete un atentado, para eso está el eje del mal). Y lo logró. Apareció la policía y entre tanto barullo, le cosieron a balazos.

Obviamente fue totalmente innecesario preguntar. Amén de que le abatieron, y los muertos lo tienen complicado para hablar; nuestro amigo AG era de etnia vasco-arabe, por tanto, era fácil señalar quién había perpetrado el duro golpe: Al Qaeta. Y como ciudadano de un mundo capitalizado, tenía una cuenta corriente y, a su vez, una tarjeta de débito asociada a esta cuenta corriente. Y la policía, que no se anda con chiquitas, quiso ver de donde venía cada moneda de nuestro amigo Abdul; para probar que el mal sigue vivo, que el mal está activo entre nuestras filas, y que pese a los millones de petrodolares invertidos en proteger nuestras fronteras y en espiar a todo bicho viviente. Porque el control absoluto había fracasado, porque nadie les había ayudado lo suficiente.

Para poder entrar necesitaban un número de 4 dígitos, llamado PIN. Este número les daba acceso a una cuenta corriente bastante pelada, que le había proporcionado su trabajo y que no se sabía a ciencia cierta si iba a conducir a algún lado. Pero lo necesitaban, porque era el único resquicio de ese terrorista que no controlaban, y eso podía dar (o, con toda probabilidad no) pistas sobre quien pagó el atentado. Y fueron al banco.

El banco les dijo que no. Aunque se presentaran con una orden, ellos no podían proporcionar el PIN de nadie, principalmente porque ellos no lo tenían, sólo lo tenía el terrorista. El terrorista que fue cosido a balazos.

Como nos dictaría la lógica, la todopoderosa policía, obviamente, aquí vio un escollo en su camino. Si sólo lo tenía el terrorista… ¿Cómo podrían acceder?. ¡Bingo!. Tuvieron la brillante idea de decir “Señores del banco, por orden del excmo juez Gutierrez, deben crear un sistema que acceda, mediante una puerta trasera, a la cuenta del señor Goikoetxea” (Ya sabéis a donde va esta historia). El banco les dice que eso no solo es un despropósito, sino que además es imposible. Que en el momento en que ese sistema sea creado, tendrá acceso a el medio mundo. Que estamos todos de acuerdo en que prevenir atentados es mejor que limpiar la sangre. Pero esta no es la manera, porque mañana, el gobierno chino, o incluso los terroristas de Al Qaeta, tendrán acceso a todas las cuentas bancarias de nuestro banco y, después, los gobiernos obligarán al resto de bancos a hacer lo mismo. Como es lógico.

Y entonces, contra toda lógica, la policía se enfurece. Y a ellos les apoya Jose Mariano Trumpeta. Trumpeta es candidato a ser presidente del país, y se saca de la manga que la acción del banco es antipatriotica. Y la gente va, y le apoya.

Como ya a esta altura os habéis posicionado, y como de hecho os habéis posicionado, aunque algunos no queráis reconocerlo, del lado del banco, preguntaos:

  • ¿Qué tiene de diferente el caso del iPhone de San Bernardino, Apple y el FBI con esto?: Muy sencillo. Esta historia trata sobre una cuenta bancaria, y yo quiero ser el único que controle mi dinero, no otros. Ingenuo. Desde que se abandonó el patrón oro al terminar la Primera Guerra Mundial, todo el dinero del mundo es “Dinero Fiat”. No, no es la marca de coches. El dinero fiat es el dinero que emite un estado a través de una entidad bancaria pública. Es la divisa que se crea y se destruye en base a que el estado diga “fabrico tanto dinero” + “tengo tantos otros estados que me lo cambian por cosas”. Triste pero cierto, el dinero es menos tangible que las fotos que guardas en tu teléfono. Ah, y no eres el único que controla tu dinero. Desde que se derogó la Glass-Steagall, el dueño de tu dinero es el banco, y hace con el lo que le sale de los cojones (agradecédselo a Ronald Reagan, otro patriota).
  • ¿Qué tiene que ver esto con el caso de los titiriteros?: Muy buena pregunta, querido yo. Tiene que ver con la fabricación de culpables que poco más o menos son la versión adulta del hombre del saco. ¿Quieren controlar internet?, se inventan, o mejor, usan un enemigo ya existente, lo magnifican, y dicen que usa internet, si usa internet es malo que internet no sea privado. Total, yo no tengo nada que ocultar. En el fondo, Doland Trump y compañía tienen sueños húmedos en los que son Kim Jon Un y controlan cada milímetro de la vida de sus ciudadanos. Cao de Benós dice que todo el mundo adora Corea (del Norte, como la gula). Lo peor es que el cabrón de mi tocayo tiene razón el jodido.

Esas son las preguntas. Y ahora mi posición, reflexión, exposición y cierre. Estoy totalmente a favor de la postura de Apple, Google, Microsoft, Twitter, Facebook, Edward Snowden, Weblogs S.L., la Electronic Frontier Foundation, GNU, Rita la Cantaora, el Fary… Estoy a favor de que se considere que tal dispositivo está blindado. Estoy a favor de una compañía que saca sus cojones y dice “Ni tengo la clave para desbloquearlo, ni la tendré”.

Abrid los ojos. Internet está en nuestras vidas, lo usamos, movemos nuestra información por el… Y no es algo malo, es algo bueno. No me seáis ludistas. Se inventó internet, es útil y lo usamos. Es como decir, a estas alturas del partido, que usamos demasiado el teléfono, que compartimos demasiados datos; que antes del teléfono se vivía también. Claro, y sin vacunas. Y por qué no: en cuevas. La tecnología evoluciona, es parte del cerebro humano: la creatividad, e inventar cosas que nos hagan la vida más fácil.

No fue hasta mediados de la década pasada que las empresas grandes se empezaron a interesar por la seguridad de sus usuarios, porque se intercambiaban información personal, y porque había mucho hacker suelto. A día de hoy es seguro intercambiar información. Es seguro mirar tu cuenta del banco por el móvil. Es seguro llevar tus datos de salud en el móvil (y en algunos casos, recomendable). Y yo quiero que siga siendolo.

Y parece que estáis apampados, joder. No es que el FBI quiera entrar en un iPhone para ver que hay dentro sólo de ese iPhone. El FBI quiere un sistema para acceder a tantos iPhones le venga en gana. Y si el FBI puede, por qué no el servicio secreto de EEUU. Y si el servicio secreto de EEUU, por qué el servicio secreto ruso no. Y si el servicio secreto ruso puede, ¿Por qué no el chino?… La historia de nunca acabar. Y si a esto le añadimos que el iPhone es un smartphone, pero no es el único, habrá que poder entrar a los demás. Y de nuevo suma y sigue. Si Apple cede, por vuestra cerrada y ciega estulticia, por no defender lo que es nuestro, hasta el más tonto sabrá que ayer te tiraste a aquella chica tan fea en un bar. Eh, que nadie te juzga, tío. Y… ¿Si mañana viajaras con fotos de una actriz porno de 19 años al estado de Misisipí? Pues que estarías cometiendo el atroz delito de llevar fotos de una menor en pelotas en el móvil. Eh, que nadie te juzga. Bueno, si, un juez. Y es un delito jodido. Y el desconocimiento de la ley no te exime de su cumplimiento.

Por eso el título. Por eso estoy hasta los cojones. El tan laureado argumento del “No tengo nada que ocultar ante mi gobierno”. Es pensar sólo en el presente, en el ahora. No sabes en cuantos países una felación es un delito penado con prisión. No sabes en cuantos países es legal beber a los 18. No sabes qué será legal en tu propio país dentro de 10 años. Lo que si está claro es que yo quiero que mis datos, igual que mi dinero, estén donde yo pueda verlos. Y que sólo yo, y aquellas personas a las que permita explícitamente y en mi presencia acceder a ellos puedan acceder. Por eso estoy a favor de que Apple se niegue, y que sea lo más tozuda posible, a facilitar el acceso a mi teléfono al FBI estadounidense. Porque no sólo es a ellos. Porque no es el terrorismo lo que temen, ni proteger al pueblo lo que buscan.

Del 11-S estaban avisados. Del 11-M estaban avisados. De la bomba del Hipercor de Barcelona estaban avisados. Y no hicieron absolutamente nada. El terrorismo existe, los grupos terroristas existen. Y se usan siempre que conviene para mover la balanza en favor de unos y de otros.

Es el truco de siempre.