Cerebros guapos, corazones guapos. No, no son sinónimos

Felicidad es también encontrar un cerebro guapo donde parecía ser toda monotonía.

Me gusta lo que guardas en tus ideas porque es lo único que conozco de ti, porque de tus palabras y tus silencios han nacido las interpretaciones de un mágico mundo lleno de nuevos conocimientos, en ese afán mío por saber más de aquello que pido que me explique alguien que no entiendo.

Me gusta tu cerebro porque si me gustara tu corazón estaría frita. Sabría entonces que callas porque querías decir mucho, porque estás dudando. Entendería que te ausentas y además estás lejos porque ahora tienes muchas preocupaciones, porque llegaron las prioridades con nombre y apellido.

Tu cerebro, a pesar de ser único y prolífico, sigue siendo un cerebro, como el de todos esos seres míticos de ciencia, (aunque me refutaras que lo mítico y la ciencia no van de la mano).

Porque los cerebros guapos son lo mejor que la vida te puede regalar para que aprendas, crezcas y depures tu experiencia. Encontrarás unos pocos en tu camino. No los envidies, no los añores, no trates de que sean tuyos, porque no funcionan así. Comparte y crece con ellos, y disfruta todos los momentos en que la vida los colme de preguntas y análisis raros — dirá algún día una anciana.

Me gusta que me encante tu cerebro porque los cerebros pueden coincidir y debatir toda la vida sin que les duela. Porque los cerebros guapos piensan en muchas cosas, porque son libres y pocas veces se quedan en un tema; su capacidad de procesamiento y raciocinio avanzado les permite ir y venir, sin quedarse.

Los corazones guapos, en cambio, son toda pasión, atasque y atemporalidad. Arriesgan cuando la probabilidad indica claramente que van a perder, se aferran y a veces hasta se obsesionan; se embriagan y dicen palabras que al día siguiente han olvidado textuales pero que tras el hecho, han cobrado el triple de fuerza. Se atarantan cuando conocen otro corazón guapo y antes de presentar a su galante cerebro, ya habrán serpenteado entre la estupidez y el deseo.

Preocupante es cuando un bello cerebro se relaja de más y permite a su bello corazón salir a flote. Ahí sí, mundo, comienza una historia viva y los guapos cerebros comienzan a correr en círculos.

Me gusta tu mirada interesante, porque si me gustara lo que dicen tus ojos sabría cuando te estás despidiendo y los sonríes con una sombra de tristeza a unos ojos que saben perfectamente todo lo que dijiste con tus nerviosas manos, mientras no hablabas.

Te escribo así, mientras el viento suena como si viniera cargado de voces de todos esos cerebros, como si las explicaciones interesantes fuesen a llegar con él, rompiendo los cristales necesarios para penetrar, despertar y luego marcharse, con la misma fuerza pero más ligeros porque han dejado su luz y me han dejado la sonrisa agradecida y feliz, que sólo explica que la confianza (yo tampoco sé exactamente en qué) ha vuelto en forma de un cerebro peculiar.

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