“No puedes pelear todas las luchas, pero no debes dejar de luchar".

Alguna vez alguien lo repitió con la intensidad suficiente para no olvidar nunca.

No sé a qué responde esa impotencia por no poder ESTAR en cada hecho que toca a tu puerta; quizá es un tipo de método de defensa ante la opción de romperse cada que un dolor externo cala en tu mente, en tus huesos.

Mejor doler con otros que mirar de reojo y seguir, como si el mundo no te comiera también a ti.

A tu manera, a tu tiempo, a tu realidad. Sigue.