Cinta Negra

Recuento y reflexiones anticipadas.

En mi nómada casa; trabajando en el Dorito, donde FB nos abrió sus puertas.

A una semana de cerrar mi segundo batch en Dev. F me doy cuenta de muchas cosas. De algunas que extrañaré y otras que necesitaba escribir antes de que la emoción me embargara.

En estas nuevas ocho semanas intensas he aprendido cosas y también he tenido que reconocer mis limitantes con muchas otras. Para estas fechas, reconozco que soy más ignorante que antes (y lo puedo reconocer firmemente, en tanto que veo el largo camino imparable que me queda por delante si quiero continuar como desarrollador); pero también he descubierto lo inflexible y exigente que puedo llegar a ser conmigo misma. Necesito crecer, madurar y seguir aprendiendo; a mi ritmo. Se trata no de aprender más aprisa, sino de no desistir, no parar…jamás abandonar, continuar… el genio es resultado más de esfuerzo que de instantes de iluminación.

Descubrí que no existen fronteras ni limites; que la patria se construye en el momento en el que abres tu computador para empezar a codear, generar un producto y ayudar al mundo que habitas; gracias a compañeros peruanos que me enseñaron que, con tal de aprender, no hay pero que valga.

Caras vemos, corazones; no sabemos. Este batch me resultó un poco más humano que el anterior. Escuchar las historias de vida de varios de mis hermanos de armas me permite darme cuenta de que detrás de un mundo tecnológico hay personas de carne y hueso; gente que vence a diario fronteras, eventualidades personales para brindar lo mejor de sí mismos a otros. Codear sin pasión ni corazón, no tiene sentido. Hoy admiro más a la gente con la que he compartido aula. Comprendo que hay formas diferentes de ver la vida y eso no es una limitante; admiro a quien ha perdido parte importante de su familia y continua adelante, con la sonrisa en los labios y trabajando constante; veo los impedimentos físicos de algunos compañeros, el doble esfuerzo que implica comunicarse y que no por ello se rinden, al contrario… le dan con el doble de ganas, fuerza y dureza.

Durante este tiempo he estado especialmente agotada; a mis limitantes de ritmo lento, he tenido que sumar carencias económicas, mis hijos que requieren atención, una casa que atender y miles de trabajos como freelance y chambitas mil, que me han restado necesario tiempo para seguir aprendiendo (una de las razones de mis faltas). Descubro que hay algo de “animal” que siempre quedará en mí, pero también me doy cuenta que vencer ese dilema está en mí gracias a las enseñanzas de los senseis.

El mayor logro ha sido aprender a exigir el conocimiento que requiero para superarme; la guía para construir mi propia forma de codear, trabajar y generar productos; sin que ello signifique siempre ir de la mano de mis senseis, maestros y mentores. Al final de cuentas; ellos me dieron ya el mazo y el cincel; es mi labor devastar la piedra bruta con las herramientas que me brindaron, porque no siempre los tendré a mi lado para resolver los problemas del campo laboral. Su tiempo es sagrado y ya me lo han prestado; me han dedicado su conocimiento; es mi labor ahora sacarle provecho; aprender a generar soluciones y preguntar sólo cuando crea agotada mi capacidad de buscar. No puedo quejarme; también he estado generando otros proyectos que, espero, brinden mayor valor a mi vida, así como a la de otras personas.

A una loca semana de vorágine, en la que el producto terminado se postula como prioridad en las cabezas de cada des-alumno, voy diciendo adiós a la que ha sido mi casa ya por 16 semanas.

Gracias a Kike esta vez, por confiar en mi y dejarme entrar con una beca amplia. Gracias a Emme por sus consejos, escuchar mis extrañas ideas. Gracias a Héctor por hacer espacio en tu tiempo para las clases. Gracias Bliss por enseñarme que no por amar un proyecto tienes que estar de acuerdo con todo; que estar saturado no es un pretexto para dejar de aprender, que hay esperanza para las papas enterradas como yo; y que exigir más de lo que te dan es parte de la naturaleza de ser un hacker; que ser un inconforme constante te vuelve grande cuando pones manos a la obra por hacer lo que consideras correcto.

Gracias Dev. F; nos seguiremos topando, al final, por algo los considero mi casa.

Gracias por la experiencia, trataré de hacerme merecedora siempre de ella.
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