Confesiones

Me senté frente a el. Aquel bastardo que me había humillado, que me había engañado, el causante de la profunda depresión en la que me hallaba sumida hacia dos largos meses…Me senté frente a el, en ese cafe tan concurrido en la plaza central, con una mezcla extraña de furia, miedo y fervor, el fervor que me daba la ira contenida en mi…

Ni siquiera nos saludamos, según creo recordar. Solamente llegue, lo vi sentado en una mesita y me acerque.Y ni bien me senté, comenzó la conversación. Primero fue algo lenta y nerviosa, al menos para mi. Pregunte cosas que ,en este punto de mi existencia, fueron completamente estúpidas. Que por que no me habia hablado en esos dos meses, que lo motivo a concretar este encuentro, por que me engaño…Nimiedades. El solo me interrumpio una vez, para pedirme un sobre de azúcar que tenia bajo mi brazo izquierdo…

Luego la conversacion se encamino hacia temas mas escabrosos…¿Que necesidad tenia el de usarme y luego dejarme? ¿Por que nos saco fotos en ESAS posiciones? ¡¿Por que las distribuyo en esa comunidad, en ese grupo de personas tan enfermas y desagradables?! ¿Que sentido tuvo el darme esperanzas si en realidad no le importaba en lo mas mínimo?

Luego de soltar todo lo que mi agobiada mente retenía acerca de el, el solo…sonrió. Y no era una risa sincera, o una risa nerviosa..Era irónica, fría y denotaba desprecio.El mensaje inicial fue claro: “Me das igual”

¡Y lo peor fueron las palabras emponzoñadas que rezumaron de su boca! “No te lo tomes tan personal. Hay mas peces en el agua. Nos íbamos a terminar aburriendo.Ya no siento lo mismo…” ¿Que me aseguraba que alguna vez había sentido algo por mi? ¿Como no tomarme eso personal? ¿Tan común, aburrida e insulsa soy como para que el me comparara con otras mujeres? ¿Y POR QUE SEGUÍA SONRIENDO?

De repente deje de llorar y de temblar. Mis manos, que hacia un momento estaban agarrotadas en mi regazo, se relajaron. Mis piernas se quedaron quietas. Mis ojos se secaron y mi mente se puso en blanco, a la par que mis labios formaban una palabra que nunca hubiera esperado decirle en ese lugar, en .

“Gracias” le dije, mientras me levantaba y salia del establecimiento

Conforme cruzaba la puerta, un sonido gutural y repugnante se oyó detrás mio, pero no me gire.Aunque, con el rabillo del ojo, pude espiar como su sonrisa se borraba, antes de empezar a vomitar sangre sobre la mesa, a la horrorizada vista de los demás clientes y meseros, uno de los cuales se apresuro a sujetarlo por la espalda.

Y mientras caminaba hacia mi hogar, mis labios componían esa sonrisa falsa e hipócrita que tenia en su cara antes de ello, a la par que observaba el sobrecito vacío que había estado bajo mi mano izquierda en el cafe.

“Bueno” pensé. “No debería resultarme tan raro.No todos soportan el arsénico”