¿Qué chingados es Tinder?
Hace poco, cambiándole a la televisión, encontré un programa llamado Catfish. El capítulo se trataba, como me contaron que tratan todos los capítulos, de un gordo que se hacía pasar por un tipo guapo y musculoso. Las chicas engañadas estaban furiosas y el tipo se portaba un poco sarcástico y fanfarrón a pesar de que se le había descubierto en la maroma. A todas estas chicas las conoció en una aplicación llamada Tinder, una aplicación que para ser sincero desconozco; pero sé que es una aplicación para conocer personas y las personas están tan desesperadas por ser queridas que se aferran a cualquier utopía con tal de recibir, a cambio, un poco de cariño o aprobación. Obviamente el tipo que descubrieron en el programa es un idiota, pero también lo son las chicas engañadas, ¿qué tan desesperado hay que estar para creer en todo lo que te dicen en un medio que, por su naturaleza, es para engañar? Quiero explicar esto.
Todo acto de seducción, sea por el medio que sea, es un engaño. Los tacones hacen que las mujeres se vean altas, nalgonas y estilizadas. Los hombres tratamos de parecer más exitosos (el nuevo afrodisíaco) de lo que en realidad somos. No decimos, por ejemplo, que vivimos con nuestros papás porque nuestro sueldo no nos alcanza ni para tener un espacio propio. Sólo decimos, en cambio, lo importante que es nuestro trabajo para el devenir del país y del mundo y del universo. Educando niños (en mi caso) salvo al Universo del mal. Y las mujeres me leen con sus ojos enamorados y con mayor razón si tienen hijos y creen que de verdad la educación los hará mejores personas. Las mujeres usan maquillaje que corrige imperfecciones, los hombres usamos chamarras de piel levanta papayas; las mujeres usan escotes o faldas cortas o la combinación (demoledora) de ambas, los hombres se relamen las greñas con geles ego. Es un engaño, un malentendido, eso es la seducción y el amor en general; aparentar lo que no somos y aparentarlo con más ganas cuando decimos que somos nosotros mismos.
Las redes sociales (ahora aplicaciones) para encontrar pareja se nutren y multiplican gracias a este engaño que se basa en la biología. Los pavorreales expanden sus alas, los pájaros danzan para la hembra, los perros suplican y aúllan con sus ojos de perro y sus aullidos lastimeros para que la perra ceda y así sucesivamente. Sólo los humanos creen que ese engaño, que ese comportamiento tendrá una continuidad en el tiempo. No imagino a la povorreala diciéndole al pavorreal, ¿por qué ya no expandes tus alas? Ni a las pájaras o perras reclamando. Sólo las mujeres creen que el tipo que aparece en el Tindel les aparecerá también en la vida real. Los tipos así de guapos y musculosos regularmente son homosexuales o pésimos amantes; claro, me baso en la envidia, pero también en la opinión del 90% de mis amigas que se han sentido decepcionadas de encuentros que creían mágicos. Ellas imaginaban que el tipo con tremendos músculos las lanzarían por el aire y las cacharían con una portentosa verga, el famoso reguilete, pero lo cierto es que es pura apariencia y nada de fuerza, además de que duran tres minutos cogiendo o si duran cinco ya se les hace que están rompiendo un récord olímpico. O el otro caso, más triste, del homosexual que lleva a la chica a su apartamento para parecer macho ante sus amigos y familiares, pero que en la intimidad el pene no le responde por una razón simple y sencilla: prefiere ser penetrado que penetrar.
Las mujeres, sin embargo, siguen sus estándares de búsqueda en la dirección de tipos así. Y no en estándares más nobles como, por ejemplo, qué tipo sobreviviría a un apocalipsis zombie. No yo, claro está, estoy gordo y no puedo correr. Pero ese estándar de búsqueda se me hace más viable que el de seguir poniendo en los algoritmos de búsqueda: guapo y musculoso. Aclaro también que hay casos documentados (por mis amigas) de tipos que son guapos y músculos y aparte buenos amantes, pero son raros y difíciles de encontrar. Lo cierto es que en cuestiones de seducción nada está escrito. Finalmente acabé compadeciendo al pobre gordo, tal vez por empatía, pero desde aquí y para siempre les pido disculpas a todas las mujeres que alguna vez hice creer que soy algo que no soy: un tipo responsable, por ejemplo. Un buen amante. Un gran escritor. Un pintor para verlas encueradas. Un ex drogadicto que se regenera gracias al cariño y bondades de la(s) mujer(es) amada (s.) Etcétera.