Salvemos la filosofía

En un mítico examen al mítico profesor Mombrú una vez contesté, respecto a George Berkeley, que si Dios se tapaba los ojos todos caeríamos muertos. Al profesor Mombrú le pareció una broma y confieso, muchos años después frente al pelotón de fusilamiento, que el espíritu que me inspiró a escribir eso también era jocoso. Sin embargo y dadas las condiciones actuales de la filosofía, no me queda más que mantenerme constante en mi afirmación. Respecto a la filosofía de George Berkeley recientemente la física cuántica ha demostrado que las partículas efectivamente reaccionan de manera diferente si son observadas a si no lo son; cuando las partículas no son observadas, la dispersión es su reino, la indeterminación. Empero, si son observadas, son líneas rectas. Actúan, pues, como un niño de cinco años cualquiera. Y es que la materia es noble e inocente, somos nosotros los que inoculamos en ella la maldad y la perversión. 
Actualmente la filosofía está en quiebre y es nuestro deber, como filósofos, rescatarla. No me interesa si te educaste en la calle o en la mejor universidad del país, la labor es de todos. Ya saben, los que me conocen, que mi postura es criticar a la filosofía pero ocupo que exista para que mi crítica siga teniendo validez. Incluso la necesito más fuerte que nunca si quiero que mi crítica tenga alguna valía epistemológica. Es lo mismo respecto a los ateos, lo lamento, si quieren que su postura siga teniendo alguna actualidad se ocupa que la religión sea más fuerte que nunca. Y es que en épocas tan vintage, hace falta a las viejas taras fortalecerse, hacerse más válidas e indestructibles que nunca. Y es que se ha decidido, este es el punto, que la filosofía deje de ser una disciplina en los programas de educación. Se ha implementado esta medida en otros países y se pretende implementar también en México. Lo diré sin tapujos, junto con Rene Descartes, vivir sin filosofía es como vivir con los ojos cerrados sin intentar abrirlos jamás. El sistema de control político actual trata de hacer ciudadanos imbéciles que no reflexionen ni critiquen, sin espíritu, que trabajen horas y horas como bestias sin recibir un pago apropiado por sus servicios. Lo que en siglos pasados se llamaba esclavitud, hoy se llama vida sin filosofía. Los gobernante, estúpidos como son, han tardado siglos en entenderlo pero por fin han entendido que la filosofía no es una materia escolar más, es la fuerza creadora del universo, el impulso crítico y es, precisamente, la filosofía la que pone en tela de juicio su actuar, así como la totalidad de lo real. Antes de cambiar hacia un estilo de gobierno con justa distribución de bienes, prefieren aniquilar a aquella disciplina que es la única, sola en el desierto, denunciando la desigualdad, no sólo económica, sino social, política y hasta espiritual.
La ciencia que, como ya lo mencioné, da salidas a algunas de las posturas filosóficas que en lugar de reconocer el adeudo, se quedan con todo el crédito, como si por sí solas hubieran pensando todo lo que han pensando. Lo cierto es que, les guste o no, la ciencia sin filosofía no es nada más que el instrumento de poder al servicio de las clases privilegiadas. Lo que Karl Marx llamaba privatización de los medios de producción, hoy en día se llama privatización del método científico. No hablo, por supuesto, de los pasos básicos, sino de la ciencia y la tecnología actuales, cada vez más alienadas y cada vez más al servicio de poderes centralizados. Como un perro que mueve la cola, los científicos le dan el visto bueno a la desaparición de la filosofía, pese a que más de alguno debería aceptar que leyendo precisamente a los filósofos es que les nació el ansia de conocimiento tan necesaria para su labor. 
Sé que algunas personas que estudiaron filosofía en el nivel de preparatoria celebran la desaparición de la filosofía de los programas de educación, sin embargo, esto se debe a varios factores, los más comunes son un mal maestro (regularmente sin formación filosófica), una incomprensión de los grandes pensadores (debido al esfuerzo que requiere pensar) o una completa apatía respecto al hecho mismo de tener un alma propia. Hay que decirlo, no todos los seres humanos le entienden a la filosofía y muchos la consideran innecesaria a su vida. Basta con hacerles algunas preguntas claves para que recapaciten, ¿el amor tiene que ver con tu vida? Ahí está la filosofía. ¿El sexo tiene que ver con tu vida? Ahí está la filosofía. ¿El adecuado trato a los demás tiene que ver con tu vida? Ahí está la filosofía. Muchos aspectos, de los más urgentes y apremiantes, tienen que ver con la filosofía. Uno de los aspectos más importantes es dejar de tener ciudadanos pendejos. ¿Quién no se ha topado con un pendejo en su vida? Seguramente a ese pendejo le hizo falta formación filosófica; el sistema de poder quiere que el pendejo produzca, su relación con la naturaleza y con los demás, no le interesa al patrón. Es un graso error, porque está demostrado que ciudadanos pensantes también hacen mejores trabajadores, con horarios coherentes, pero que dan productos de calidad que son los que, finalmente, el consumidor busca. 
La filosofía, pues, está en quiebre, es responsabilidad de todos sacarla del hoyo, hacerla valer frente a las posturas cientificistas, técnicas y de producción, frente al escepticismo reinante y la nihilificación de los valores. Tenemos que rescatar la ética, la estética, la epistemología y la ontología. Valemos por el simple hecho de ser seres pensantes, más allá de las determinaciones de la empresa. No queda más que levantar de nuevo una súplica, que es rezo, que es silogismo, Dios, por favor, no cierres los ojos.