En busca de la solidez perdida

Insaurralde, el último refuerzo Xeneize

Christian Cellay o Juan Forlín. Guillermo Burdisso o Marco Torsiglieri. Alexis Rolín, Matías Caruzzo, hasta Ribair Rodríguez… La zaga central de Boca ha experimentado profundos cambios desde aquel campeonato que se ganó con una defensa inexpugnable en el Apertura 2011. Por eso, la vuelta de Juan Manuel Insaurralde, infranqueable jugando al lado de Rolando Schiavi, despierta la ilusión de volver a mejorar en una zona neurálgica para el equipo.

Es cierto que Daniel Díaz y Fernando Tobio terminaron cerrando bien el año, con dos campeonatos y siendo los últimos titulares de una de las defensas menos vencidas del torneo local. Igualmente, la falta de recambio de nivel en la zona (reconocido puertas adentro por el cuerpo técnico) y la proximidad del cese del préstamo de Tobio (se iría en junio) acabaron por decidir a la dirigencia para ir en busca de un jugador que ya se ganó el respeto en el club.

El Chaco vuelve a Boca después de un paso por Rusia y México, sin terminar de asentarse pero sumando minutos y roce. Más allá de su pasado, también genera esperanza las ganas que le metió el jugador al pase: descartó Newell’s y se terminó imponiendo como una compra casi obligada para el club. El cuerpo técnico, que todavía lamentaba la no contratación de González Pírez, terminó por levantarle el pulgar a un Insaurralde que se instaló en la agenda xeneize.

La zurda de Insaurralde luchará por ganarle el lugar a Tobio y correr al Cata al puesto de primer central. Más allá de la sana competencia por el puesto que apuntalará aún más a una línea de retaguardia de grato cierre de 2015, la buena noticia es que el Chaco vuelve con una edad que permite asegurar un futuro en azul y oro por varios años: ojalá sea el ex ladero de Schiavi el remedio para los cambios de ánimo de la defensa boquense.

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