Más que un punto

Tevez tuvo un flojo primer tiempo, pero levantó en el segundo, como todo el equipo.

Un grito rompió la noche porteña, sonó fortísimo en los Andes bolivianos con miles de hinchas bosteros en las tribunas, desgarró gargantas resecas de tanto aguantar el alarido. Boca volvió a convertir después de casi cinco partidos y logró un agónico empate en La Paz que es esperanzador para el futuro en el grupo de la Libertadores. Pero detrás del punto obtenido, el Xeneize se vuelve de Bolivia con varias conclusiones positivas:

-La confianza. El empate suma en lo numérico y deja a Boca más cómodo en el grupo, pero también es un premio para el esfuerzo del equipo. Recompensado y con un gol agónico, que son los que más se festejan, el equipo de Guillermo podrá recuperar seguridad en sí mismo, algo totalmente ausente en lo que va del 2016. Animarse a jugar, a tocar, a patear: el disparo de Carrizo en La Paz es un espejo donde mirarse a la hora de buscar fe.

-El resto físico. El cuestionado estado del plantel, sea por una mejoría en ese aspecto o por el corazón que se puso, no pasó factura en la altura, uno de los terrenos más inhóspitos para jugar y correr. Boca atropelló a Bolívar en todo el segundo tiempo y terminó festejando al final: las piernas y los pulmones aguantaron. A recuperarse…

-La defensa. La tan mencionada falta de gol en ofensiva es también una sola cara de la moneda: así como el Xeneize apenas convirtió en tres partidos sobre nueve entre torneo y Libertadores, pudo mantener el arco propio en cero en cinco de esos encuentros, y nunca recibió más de un tanto en ambas competencias. Díaz, Insaurralde y también Tobio gozan de buen nivel, mientras los laterales se van acoplando.

-La audacia de Guillermo. El 0–1 parcial contra Bolívar complicaba a Boca desde el puntaje, pero lo dejaba vivo por diferencia de gol. Poco le importó el álgebra al DT: 4–2–4, con Gago-Lodeiro y cuatro delanteros. Tras una semana en la que se bancó ser piloto de tormenta, el Mellizo mostró en Bolivia su cara más ofensiva, que ya se vio en varios pasajes en Lanús, y mandó un aviso: su equipo va a ir al frente. Ojo: es no apto para cardíacos.

Aún con mucho por corregir y sabiendo que cualquier tropiezo puede poner en alto riesgo la competitividad en ambos torneos, el Xeneize volvió sin aire de Bolivia pero con unas cuantos aspectos positivos. El Boca de Guillermo empezó a andar su propio camino.

Por Lucas Guerrero (@lucasg91)

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