Nada está hecho solo de buenas intenciones
Hay trabajos que no se pagan con dinero, aunque se reciba un sueldo al final de cada mes. Tampoco es como si se acabara en estos puestos por el dinero, en realidad.
Necesario estar disponible veinticuatro horas al día, siete días a la semana, los trescientos sesenta y cinco días al año. Te perderás fiestas de Navidad, bodas y estarás sin dormir algunas noches. El salario no es espectacular y verás muchas cosas horribles. A veces no podrás hacer nada más que llorar, pero otras… Oh, otras veces vas a recordar por qué estás trabajando en esto.
Podría estar hablando de médicos de urgencias, de bomberos forestales y otras muchas personas en las que a menudo no pensamos pero nos garantizan que estarán allí cuando haya un problema. Sin embargo estoy hablando de veterinarios, zoólogos y biólogos trabajando codo con codo en rescate animal.

Febrero de 2014. Un grupo de diecinueve manatíes nada desorientado hacia el interior de un desagüe en Florida. Los pobres animales se atascan en el interior y luego no pueden salir. Es quizás la versión marina de un gato atrapado en el motor de un coche, pero afortunadamente un grupo de profesionales pasa más de diez horas rescatándolos y sobreviven todos. Alrededor de cuarenta personas pasaron toda la tarde y hasta la madrugada (el rescate acabó en torno a las 2 a. m.) trabajando en equipo para salvar la vida de los manatíes y devolverlos al mar: sin duda una labor complicada y cansada.

Imaginen ustedes llegar al trabajo y encontrarse a un león marino echándose la siesta en el sofá. Ocurrió en California, cuando Marina, una cría de león marino perdida y desnutrida, encontró refugio en un restaurante costero. Pesaba tan sólo 9kg cuando llegó al zoo que la rehabilitó: volvió al mar con 20kg y fuerzas recobradas.
¿Qué hay de todas las víctimas que se cobra un vertido de petróleo? Siempre escuchamos de los delfines y ballenas, pero toda la fauna lo sufre y alguien tiene que cuidar de especies menos glamurosas (pero igual de fascinantes), como las tortugas. El trabajo de rehabilitación pasa desapercibido con muchas especies que desconocemos, pero es igual de importante.
Realmente, hay muchos días malos para estos profesionales. Hay veces que no llegan a tiempo, que los animales están muy enfermos o que lo mejor que pueden hacer por ellos es hacer que se sientan cómodos hasta el final. Pero todas y cada una de las veces que estas personas salen a atender una emergencia, ponen todo su esfuerzo en ello y, por encima de todas las cosas, actúan de forma profesional.

Algunos de los principios básicos para devolver al mar a los animales rehabilitados es que no hayan tenido contacto prolongado con humanos, especialmente si son crías, que puedan alimentarse por sí mismos… También es importante llegar lo más rápido posible al lugar del suceso y actuar deprisa. Los animales pasan a áreas especiales de la institución zoológica en las que sólo tendrán contacto con humanos si es necesario (por necesitar apoyos en casos de problemas de locomoción, chequeos veterinarios, alimentación por sonda…) y no se encontrará en estas zonas más que el personal autorizado, que sigue unas normas estrictas de desinfección e higiene. Un buen ejemplo de todo esto es el caso del delfín TJ.
A lo largo del proceso de recuperación, muchas cosas pueden salir mal habiendo cuidado todos los detalles. Incluso cuando colocan al animal en agua limpia, tras rehidratarlo y alimentarlo, incluso si parece que está activo y atento y no da síntomas de enfermedad, puede tener un bajón y morir. Por eso cuando una cría de orca macho fue avistada solitaria en una bahía, cabía preguntarse, “¿a qué esperan para actuar?”
Veinte días, casi tres semanas, fueron necesarias para que Ingrid Visser, con su organización Orca Research Trust, decidiera ponerse manos a la obra. Al parecer, preferían colocar una serie de redes en la bahía a trasladar al animal, a pesar de que esto pareció llevarles tanto tiempo que al final se decidiera llenar una piscina de plástico con agua de mar. Veinte días en los que la salud de la cría se fue deteriorando poco a poco.

El transporte fue ruidoso y la pequeña piscina ha estado constantemente rodeada de gente, no precisamente expertos, sino curiosos que se agolpaban en torno al borde. A pesar de que la cría no presentaba problemas de locomoción, se observa en vídeos y fotografías cómo Visser y su equipo no paran de sujetarlo y acariciarlo. Todo el mundo lo acaricia constantemente, en cada vídeo.
Visser se ha llamado a sí misma “madre orgullosa” y hablando del progreso de la cría, también aseguró, en este vídeo (en el que además salen jugando con él como se haría con un animal doméstico) que no había que preocuparse por si se improntaba, ya que tenía edad suficiente como para reconocer que los humanos no eran de su especie, pero en cualquier zoológico jamás se habría comenzado así una rehabilitación en un animal que no necesitaba contacto directo. No se trata sólo de que el joven macho reconozca su identidad como orca, sino que no relacione a los humanos con comida y cariño fáciles.
Finalmente, y a pesar del optimismo de Orca Research Trust, la cría murió este 6 de Agosto. No es raro que los cetáceos en rehabilitación empeoren bruscamente, ya que tienden a enmascarar síntomas hasta que es demasiado tarde, pero este rescate no se ha realizado de forma profesional. Veinte días de espera, contacto constante con desconocidos…

Pero por si no fuese todo esto lo suficientemente malo, no se ha realizado necropsia alguna. El animal ha sido enterrado tras recibir una bendición maorí, y si resulta que murió por una negligencia, jamás lo sabremos; si resulta que murió por algo que pueda hacer daño a más animales, jamás lo sabremos.
Después de todo este espectáculo anticientífico, ni Visser ni su organización están recibiendo críticas, sólo condolencias. Sin embargo, ella criticó (y critica) duramente la rehabilitación de la orca Morgan, que también apareció nadando sola, en aguas bajas, siendo una cría, pero estaba mucho más desnutrida y aún así salió adelante. El problema de Morgan era que es sorda, y estos animales emplean el oído para cazar, por lo que sería imposible para ella sobrevivir en la naturaleza.
En el momento en el que el tribunal holandés dictaminó que se quedaría en un zoo (la alternativa era la eutanasia), Visser se dedicó a tratar de invalidar la decisión por todos los métodos posibles, ya que ella está totalmente en contra de la existencia de instituciones zoológicas, independientemente de lo útiles que han demostrado ser a la hora de conservar especies.

Probablemente este sea el motivo por el que tardaron tanto en atender a la cría, y sin embargo, la trataron de la misma forma que los cuidadores en los zoos tratan a las orcas bajo su cuidado, no a los animales en rehabilitación, por mucho que esto lo perjudicara. Quizás si a este animal, al que los lugareños llamaron “Bob”, hubiera pasado por las manos de profesionales como los del Dolfinarium Harderwikj (rescatadores de la orca Morgan), las cosas hubieran sido diferentes, o quizás Bob habría muerto de todas formas.
Pero al menos es seguro que las cosas no se hubieran hecho así.