Sobre el activismo “animalista” que te creíste ciegamente

Imagen de Foral of Virginia
Al final, sólo conservaremos aquello que amamos, sólo amaremos lo que entendemos, y sólo entenderemos lo que nos hayan enseñado.
— Baba Dioum.

Quizás quien esté leyendo esto está familiarizado con estas palabras y quizás no, pero puede entender su significado fácilmente, más aún viniendo de alguien que trabajó como ingeniero forestal, director de recursos naturales del gobierno de Senegal, ministro de agricultura y pesca y otros puestos que hablan de la preocupación por la protección de la naturaleza que tenía Baba Dioum.

Entre todas estas personas que han llegado tan lejos gracias a la vocación que tienen por su trabajo, no es difícil encontrar un patrón similar: conocían lo que amaban, querían conocer todo lo posible lo que amaban, y querían enseñar al resto del mundo todo lo posible sobre lo que amaban, y así, quizás, el resto del mundo también se enamoraría de ello.

Quizás no necesitan que la gente a la que enseñan lo deje todo, como hicieron estas personas, para dedicarse a la conservación, quizás sólo necesitan que aprendiesen a respetar el patrimonio natural de nuestro planeta mientras seguían con sus vidas. Pero desde luego, nadie se mete en temas de conservacionismo a medias. Mejor dicho: nadie que realmente ame lo que está haciendo.

Años de formación: unas veces bajo pilas de apuntes y otras trabajando duro para que tu cuerpo sea capaz de resistir lo que viene y ganar experiencia, a menudo una mezcla de ambas situaciones. Es un gran contraste si tenemos en cuenta la gran masa de “animalistas” que pulula por internet actualmente, que además suele formarse gracias a páginas llenas de carteles editados con gran carga de sensacionalismo. ¿Cuántas de esas páginas tienen al menos un enlace a un estudio científico? ¿A un registro, un artículo…? Pero sus visitas y “likes” suben como la espuma.

Bomberos forestales en un incendio (imagen de Ignacio Villaverde)

No es difícil de entender: ¿qué ciudadano de a pie no está de acuerdo con que es una pena que los animales del monte mueran calcinados en un incendio? ¡Y qué convincente suena el argumento de que un zoo es como una cárcel…!

Los estragos que causa lo bien que vende el sensacionalismo en contraposición a lo aburridos que parecen todos esos artículos científicos comienzan a verse por todas partes. El pasado marzo, SeaWorld anunciaba que el programa de cría de las orcas que viven en sus parques se cancelaba por completo, en un intento desesperado por agradar a la masa de activistas nacidos de Blackfish (una película con piel de documental). Los activistas no sólo no se dieron por contentos con esto, sino que los animales han sido privados de una de sus necesidades más importantes y el equipo científico que trabajaba con ellas se ha llevado las manos a la cabeza.

¿Por qué celebraban los activistas una decisión que va en contra del bienestar animal? Muy sencillo: porque estos “animalistas” no luchan por el bienestar animal, sino por sus creencias propias, basadas en una visión antropomórfica de los animales y de nuevo, el sensacionalismo que les sirve de abono a sus ideas. Otra prueba de esto es que ellos no miran al conjunto de la biodiversidad, sino a las especies llamativas (cuanto más bonitas, más importancia tienen) y exclusivamente animales. Porque esas son las especies que se popularizan fácilmente por internet, que obtienen cientos, miles de likes.

Como todos los veranos, las hectáreas de bosque arden como si quisieran evocar el mismísimo infierno. Y los bomberos forestales salen a luchar contra las llamas, el cansancio y la impotencia de ver el fuego convertir en cenizas un monte entero, en ocasiones incluso la vida de sus compañeros. En pocas profesiones eres tan consciente de que cada vez que sales, te estás enfrentando a la muerte de cara, y sin embargo, ahí están estas personas, que tan poco valoramos y que merecen mucho más reconocimiento y las mejores condiciones que puedan tener. ¿Qué menos, por bajar al averno y volver para salvar el monte y a todos los que dependen de él?

Por otro lado, tenemos esto:

Esta cuenta de Twitter, que jamás ha lamentado la pérdida de un bombero forestal, exhibe aquí la clase de moralismo que inunda internet: se lamenta exclusivamente de las pérdidas animales (de los que se ven, porque son grandes, bonitos y mamíferos en su mayoría) sin ser capaz de mirar más allá. La pérdida del monte es algo más que unos ungulados calcinados, aunque sea una pena. ¡Qué poco sabes sobre la naturaleza si es lo único de lo que eres capaz de lamentarte!

En un incendio forestal, se pierde mucho más. Se pierden especies vegetales, que sostienen la tierra y sirven de alimento a los herbívoros, sean cuales sean (mamíferos, artrópodos, aves…). Se pierde el suelo, que retiene el agua y sirve de hogar a muchos invertebrados de gran importancia ecológica (lombrices, escarabajos y otros detritívoros que son vitales para el funcionamiento del ecosistema al “reciclar” la materia muerta). Se pierde el potencial que tiene cada bosque para convertir dióxido de carbono (CO2) en oxígeno (O2), el gas que casi todos los seres vivos necesitamos para vivir.

Pero no es eso lo que preocupa a estas personas, del mismo modo que se han dedicado sistemáticamente a boicotear y estorbar a instituciones zoológicas certificadas mientras decidían ignorar casos de maltrato extremadamente graves en Asia. No es la lejanía. Después de todo, la actividad conjunta a través de internet tuvo catastróficos efectos sobre grandes parques de occidente, como el caso de Blackfish. Entonces, ¿qué es?

Sencillo. Las instituciones zoológicas que atacan son extremadamente populares, fáciles de poner en el mapa. El ego de occidente también afecta a los activistas “animalistas”. ¿Por qué protestaban por la apertura de un nuevo delfinario en Lanzarote, al que iban a parar delfines nacidos bajo el cuidado humano que no cabían en otros parques, mientras en Rusia los circos ambulantes poseen delfines que mantienen en piscinas inflables que se rompen en mitad del show?

A la izquierda, Amaya, una de las últimas crías de orca que jamás volverán a nacer en SeaWorld (imagen del parque). A la derecha, Narnia, una orca capturada en Rusia en ~2013 (imagen de Russian Orcas). ¿Cuál de ellas indignó a los activistas?

¿Por qué luchan para que los zoos paren sus programas de cría mientras en Rusia se capturaban animales cruelmente del medio natural? ¿Por qué no hablan de animales literalmente robados de un acuario a otro? ¿de la provocación de incendios que convierte joyas de la biodiversidad en polvo y aire? ¿del grave problema que es el tráfico de especies? ¿Qué hay de Ingrid Visser, que tenía dinero de sobra para visitar California y Tenerife pero ni siquiera ha asomado la nariz en Asia?

Es impresionante lo que empodera ser administrador de una página con cientos, quizás miles de fans. La atención que se recibe y ver cómo la gente se cree cualquier cosa que posteas sin más. Puedes creerte que les haces un favor a los animales mientras alimentas tu enorme ego, o puedes hacer algo de verdad. Puedes informarte, estudiar, compartir opiniones diversas que te enseñen algo. Puedes marcar una diferencia, o puedes entorpecer el trabajo de los verdaderos profesionales mientras realizas activismo de sofá.