Tomando la temperatura

Columna de 5 Días de Josefina Bauer, directora ejecutiva de Nauta

Cuando era chica y tenía fiebre, mi mamá medía el calor de mi cuerpo con un termómetro y veía si necesitaba un remedio, un baño o unos mimos. La acción de ella dependía de los grados que marcaba el dispositivo.

A nivel empresarial debería ser igual: La acciones se adaptan a la temperatura del mercado. Sin embargo seguimos poniendo paños fríos a los 40° de fiebre.

Es que queremos que las cosas sean como nos gusta y olvidamos medir lo que sucede afuera antes de tomar decisiones.

Nos ha tocado en estos últimos años medir varias ideas y proyectos. Muchos no vieron nunca la luz, no porque la idea fuera mala, sino porque no tenían un target claro de clientes o la propuesta de valor no era apreciada por sus clientes potenciales.

Trabajamos con un proyecto que quería hacer un edificio en una zona donde la gente no estaba dispuesta a pagar el monto de alquiler que necesitaban para que el proyecto sea rentable.

Al inicio la idea era brillante, la zona estaba llena de empresas y los empleados necesitaban donde vivir. Era una situación ganar-ganar según el plan de negocios. Estaban casi seguros de que iba a funcionar, de hecho, hicieron el estudio por mera exigencia del directorio.

Nunca se imaginaron que al indagar, descubriríamos que las personas no estaban dispuestas a alquilar al precio que ellos necesitaban.

Con esta temperatura, tenían tres alternativas:

  1. Enojarse y verlo como una pérdida de tiempo y dinero.
  2. Continuar con el proyecto.
  3. Esperar unos años para ver si el mercado maduraba.

Esta empresa optó por la tercera opción. Decidieron esperar a ver cómo crecía la zona para probar nuevamente en unos años con el mismo proyecto.

No vayamos contracorriente. Puede que nuestra idea sea genial pero el mercado no esté preparado aún para ello. En el mundo empresarial no es lo que nosotros queremos, sino lo que el mercado está dispuesto a comprar.