Un “Corralito” para el periodismo

Nicolás Adet Larcher

La semana pasada la ministra de seguridad de la nación, Patricia Bullrich, presentó un nuevo protocolo de seguridad para “desalojar” manifestaciones que fue denunciado por organismos de derechos humanos como el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y parte del arco opositor. El mismo, da vía libre a reprimir protestas, al tiempo que las prohíbe si carecen de autorización judicial y no determina explícitamente que las fuerzas de seguridad no deben utilizar armas letales.

Más allá de estos datos, poco se habló de uno de los puntos esenciales del protocolo que se refiere a la tarea periodística. Según la normativa, para los medios de comunicación, comunicadores sociales, periodistas, fotógrafos, etc. Se establecerá “una zona determinada”, donde se garantice la protección de su integridad física para que no interfieran con el procedimiento de las fuerzas de seguridad. En pocas palabras, el protocolo determina que los periodistas serán colocados en una zona apartada del conflicto donde se limitará la cobertura de los hechos.

La medida, fue leída dentro del mundo de la comunicación como un pase libre a la impunidad para quienes gatillen y como una forma de intimidación hacía aquellos periodistas que no decidan permanecer en el “corralito” creado. “El protocolo es una bajada concreta escrita y no escrita. Busca tener el control absoluto, tanto de la gente que se manifiesta como del rol de la prensa. ¿Qué va a pasar cuando te salgas del corralito?” se preguntó el fotógrafo Pepe Mateos, reconocido por captar el instante en que el comisario Alfredo Franchiotti disparaba sobre Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Fotografías que fueron esenciales para determinar que Franchiotti fue quién gatilló el arma y diluir la versión del gobierno que afirmaba que las muertes se atribuían a una batalla entre piqueteros.

Por su parte, La Red de Carreras de Comunicación Social y Periodismo de Argentina (REDCOM) junto al Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), expresaron su preocupación y repudio respecto a las limitaciones a la prensa establecidas en el protocolo. Para FOPEA, “El texto es poco claro acerca del alcance de esta norma en relación al trabajo de los medios de comunicación” ya que “no establece qué podría ocurrir en caso de que un equipo de prensa no acate las órdenes coyunturales, ni determina quién las dispondría”. También agrega que “este artículo podría significar un posible condicionamiento y un enfoque sesgado de las coberturas periodísticas si se obliga a medios a permanecer en un único espacio de trabajo”.

Para REDCOM, “muchos episodios de abuso policial y represión criminal han sido juzgados gracias a los registros fotográficos y audiovisuales realizados por comunicadores” al tiempo que agrega que el establecimiento de una zona determinada para trabajadores de prensa “implica un condicionamiento de la línea editorial de los medios y garantiza la impunidad para los agentes de seguridad que violen los derechos humanos de los manifestantes”.

Con el establecimiento del protocolo, la vía libre para reprimir se aplicará hacía los manifestantes, pero también hacia el periodismo, que solía ser una forma de apaciguar hasta cierto punto tendencias represivas. Para el fotógrafo Gonzalo Martínez (quién cubrió la represión de 2001), el periodista en medio de un hecho de violencia podía actuar como escudo porque las fuerzas de seguridad “frenaban un poco la intención de la golpiza” al ver a trabajadores de prensa, recordando una imagen de él abrazando a una de las madres de Plaza de Mayo para protegerla de posibles agresiones de parte de la policía.

También, un poco más atrás, es posible recordar la cobertura de la prensa europea sobre el fenómeno de las Madres de Plaza de Mayo en 1978, en plena dictadura militar, y su solidaridad hacia su lucha. Como una forma de protegerlas de hechos de represión, periodistas extranjeros las tomaron del brazo y marcharon a su lado ante la mirada frustrada de miembros de las fuerzas de seguridad que tenían pensado deshacerse de ellas por el inicio del mundial de fútbol.

El rol del periodista y el libre desempeño de su trabajo sin restricciones es esencial para garantizar que ante un hecho de violencia, se podrá tener documentada la situación para luego apuntar a los culpables. El material obtenido por trabajadores de prensa en tiempos de violencia, sirvió en distintos momentos de nuestra historia como elemento de prueba para la justicia (caso Mariano Ferreyra) y como una forma de agrietar los cimientos de un gobierno represivo en tiempos más oscuros.

A la vez, el respeto por el trabajo del periodista también influyó para evitar un descontrol mayor y acompañar a manifestantes que reclamaban por sus derechos. La ambigüedad del protocolo es el eje de su peligrosidad, no solo allana el camino para una tragedia ante la no explicitación de la prohibición de armas letales. Tampoco determina que puede pasar en el caso de que un periodista decida no acatar la orden de colocarse en el corralito establecido por fuera de la represión.

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