Para ti y para mí

Mi querida madre. Mi luz. Mi referente en amor, voluntad y esfuerzo. Pero también mi referente en dolor, miedo, desesperanza. Esto que relato lo he sentido en tus ojos muchas veces. Muchos momentos de hablar y escucharte. Y sentir un miedo terrible.

Creo que has sido la mejor madre del mundo porque nunca ocultaste nada de lo que eras. Luz y sombra. Miedo y valentía. Fuerza y debilidad. Perder a tu hija (mi pequeña y querida hermana) trajo sobre ti la mayor sombra que jamás vi hasta entonces. Hasta que yo perdí también a mi hijo. Mi querido y pequeño hijo. Entonces, esa sombra se hizo conmigo, igual que en su día se hizo contigo.

Por eso, además de la mejor madre hemos sido las mejores compañeras de vida. Yo fui tu hija pero también tu compañera. Era tu confidente, aunque a veces no quería serlo. En mi interior no quería saber, me decía a mí misma, “sólo soy una niña, no quiero saber… por favor no me cuentes” y no quería saber. Me revelaba, pero… Pero en realidad necesitaba saber y ver de ti, a través de ti.

Aprendí mucho del amor y del dolor contigo. Algo que luego he tenido que aplicar por mí misma mucho tiempo después. Así que ese ha sido tu gran legado mi querida madre, mostrar amor y dolor, enseñarme el camino de los contrarios. Aprender a resistir frente al exterior, pero no a resistirme respecto a lo que pasa en mi interior. Ese equilibrio de fuerzas de dentro hacia fuera y de fuera hacia dentro.

He sentido todo el amor del mundo contigo. Toda la protección y fuerza. Como también he sentido todo el miedo y la vulnerabilidad de la que es capaz un ser humano.

Siempre he creído, sentido, que tenía que cuidarte y acompañarte. Lo que nunca supe y ahora sí sé es que ese acompañamiento y cuidado era solamente una entrenamiento para todo el que luego debería tener sobre mí misma.

Me gustaría que estuvieras aquí conmigo. Que vivieras físicamente, tal y como espiritualmente vives en mí. Pero acepto querida madre. Recuerdo cómo nos cuidábamos las dos. Te sigo cuidando y recibiendo tus cuidados. Te quiero.

Pd. Hubo un tiempo en que sentí claramente que “nada es para siempre”. Ahora, como diría Xoel López, no me da la gana de pensar que nada es para siempre. Hay muchas cosas que son y serán para siempre.

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