Viento.
Me enamoré.
Hoy estaba borrando cosas inútiles de mi computadora y extrañamente encontré una canción que nunca había oído, nunca había leído y nunca había visto; pero bueno, me detuve, la leí y la busqué en YouTube, y para mi sorpresa me identifiqué con esa letra, decía algo como: “ Olí el viento lo vi libre y me enamoré, lo vi libre y me enamoré. Me despertó tan dulcemente, acaricio mi pelo y me enamoró”. ¿Han leído algo así de lindo, de natural y real?
De un tiempo para acá me siento como esa frase, me detengo a ver las pequeñas cosas, los pequeños instantes que me regala la vida, cosas tan sencillas que nadie nota pero que yo con ampliar un poco más mi visión (y eso que soy miope) logro percibir y que me abrazan como diciendo: “está en casa, puede acá estar tranquila”. Yo sabía que solo estando libre como el viento, ligero y fugaz podía enamorarme, ese era el requisito para sentir algo extra-corporal… estar libre… pero, ¿se ha detenido alguna vez a pensar si se es realmente libre en un mundo donde se vive de estereotipos, de apariencias meramente físicas, de contradicciones y de universos que constantemente chocan y colapsan?, yo solía pensar que, en efecto, era libre y descubrí que, en efecto más efecto, no lo era… vivía atrapada en ese mundo, en esas apariencias, estereotipos, contradicciones y universos oprimidos, entonces un día decidí abrir mi puerta al viento, tomar un respiro profundo y decirle: “Vení, acá te estoy esperando” y me senté paciente a esperar… y esperé… y esperé…
Y pude al fin enamorarme, ¡Sí! ¡Enamorarme! ¿Pero de qué? Pues, enamorarme de mi misma, de mis ojos, de mi nariz, de mis cachetes, de mis orejas que nunca me gustan, de mi pecho, de mi cintura de la cual siempre me quejo, de mis piernas, de mis pies que oculto la mayor parte del tiempo, de mi cabello, de mi cerebro no tan hueco, de mis manos… Si, además de todo eso, me enamoré aún más de mis manos, de esa idea de construcción, de arte que emiten, quizás no es arte para todos, pero no todos tenemos la misma visión ni la misma amplitud, y esas manos me ayudaron a construir el camino en el que estoy, ahora soy yo la artista, la actriz de mi propia historia, la que va pintando cada día de colores fuertes, de colores vibrantes ¡y así descubrí que en efecto estoy enamorada!
Claro, hay muchos otros artistas con los que me voy topando en el camino, nos vamos descubriendo en ese camino en el que todos construimos nuestra parte, hasta que el universo -hasta entonces algo preso de sí mismo- decidió liberarse y colisionar mi mundo con el de otro artista, un artista que yo nunca pasé por desapercibido, pero tampoco le tomé real importancia… sin embargo, fue una colisión casi perfecta, digo casi porque aún se están construyendo, formando y coloreando. Justamente ahí fue cuando descubrí que debía estar enamorada de mi misma para lograr enamorarme de alguien más, y así me enamoré de ese artista.
Ese artista sabe quién es, sabe lo que hace, porque todos los días le recuerdo el porqué me enamoré, el porque somos como ese viento, libres pero unidos, y él me acaricia el pelo ¡y sí me enamora!
Email me when Nat. publishes or recommends stories