“Ir a la facu”, tomar mate y aprender español: tareas de estudiantes de intercambio en Buenos Aires

De pregrado o posgrado, por un semestre o un año, personas de distintas nacionalidades van a estudiar y adaptarse a la cultura porteña

Tesis del Máster en Periodismo de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) y el diario La Nación (Argentina) entregada el 23 de marzo de 2017.

Para aprender español”. “Porque Argentina es el país más europeo de Latinoamérica”. “Mi universidad tiene convenios con las de acá”. “Porque me gusta la vida cultural de Buenos Aires”. Las razones para ser estudiante de intercambio en Argentina son diversas. Bien sea para aprender el idioma, conocer el país, o porque su universidad les facilita la oportunidad. A veces, por deber. En muchas carreras, hacer un programa de intercambio es obligatorio. Entonces, los estudiantes hacen su lista jerarquizada de destinos y, una vez aprobado uno de ellos, un grupo arriba al aeropuerto de Ezeiza.

Algunos estudiantes de intercambio que se hospedaron en una casa en Larrea y Tucumán. Foto por Natalia Quiroga Sáez.

La experiencia de los estudiantes de intercambio en Buenos Aires es variopinta. La mayoría está un semestre y otros un año. Como Satoko Haga, japonesa, que estuvo todo 2016. Un grupo menor regresa a residir en el país, generalmente por una conexión afectiva con una persona. Como Henrik Lundorff, danés, que vino de intercambio en 2013 y volvió en 2015 y se casó con una argentina. Bien sea para estudiar carreras de pregrado, maestrías o hacer una pasantía, el objetivo subyacente es uno: aprender y practicar el español. O hablar en cuatro idiomas, como hizo Susana Marques, francesa y estudiante de lenguajes extranjeros. En su pasantía en una agencia de viajes pudo hablar en español, inglés, francés y portugués.

A veces, las clases del programa de intercambio están relacionadas estrictamente con la carrera del estudiante. En otros casos, no tanto. Muchas universidades tienen convenios entre sí pero no validan todas las materias que curse el estudiante, por lo que el viaje podría retrasar la culminación de su carrera en su país de origen. Por ejemplo, Enzo Ourgaud, francés y estudiante de comercio internacional, decidió hacer su intercambio en la Universidad del Salvador (USAL) porque le reconocen cinco materias.

Cada año, llegan unos 50.000 estudiantes para aprender español a Argentina según la Asociación de Centros de Idiomas. Además, “hoy, Estados Unidos se disputa con Argentina el cuarto puesto en la clasificación mundial de países por número de hablantes nativos de español”: en ambos viven más de 42.000.000 de personas que hablan español, según el Instituto Cervantes.

“Argentina, y más específicamente la ciudad de Buenos Aires, ya resultaban atractivas por su impronta histórica cosmopolita y el prestigio de su campo académico, pero desde la devaluación del peso (argentino) en enero de 2002, y una vez superados los conflictos sociales que siguieron a la crisis de 2001, sus ventajas se hicieron más notables”, indica un estudio de 2013 de Karina Felitti y Andrea Rizzotti.

Satoko Haga en el Obelisco. Foto tomada de su Facebook.

Para Alex Markman, quien ha trabajado por quince años en departamentos de intercambios estudiantiles, Argentina tuvo un boom de estudiantes extranjeros entre 2008 y 2010 “porque era barato, parecía seguro en comparación con el resto de la región y había calidad educativa”, afirmó. Aunque la cantidad ha bajado desde 2012. “La política y las relaciones internacionales del país influyen mucho. Argentina siempre ha sido un destino alternativo en América Latina. México es el primero, aunque tuvo años difíciles por temas de seguridad. Chile sí es nuestra competencia, ser un país más estable los ayuda, y Colombia está repuntando como opción en los últimos años”, dijo Markman, actualmente directora de Programas Internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).

En el mundo, hay más de 21.000.000 de estudiantes de español como lengua extranjera, según el informe El español: una lengua viva (2016) del Instituto Cervantes. Es un idioma que más de 472.000.000 de personas tienen como lengua materna. Además, abre las puertas a 21 países hispanohablantes y otros 25 donde hay importantes grupos que lo usan.

Mapa de países hispanohablantes. Créditos: Wikimedia.
“Aprender el idioma (o el dialecto) al mudarse y convivir en otra cultura es fundamental para integrarse ya que es el medio que usamos para comunicarnos. El tema es que aprender el ‘idioma’ no solo incluye aprender las características ‘lingüísticas’ tales como vocabulario o gramática, sino también las características pragmáticas: el cómo y cuándo se puede decir algo y cómo se interpreta; así como características paralingüísticas: el tono, la pausa y lo que significan”, explicó María Inés Quiroga, especialista en comunicación intercultural y asesora estudiantil intercultural en Unitec (Nueva Zelanda).

Michelle Kort, quien trabajó como coordinadora de becas en la comisión argentina Fullbright, comentó: “Aunque el hecho de que tener un idioma en común no equivale a que las culturas que no lo hablan sean iguales, sí las acerca. El idioma es en parte un reflejo de la manera de pensar de una cultura y en parte un elemento que perpetúa la cultura. El que no habla el idioma del lugar donde se encuentra cuenta con menos herramientas para navegar la realidad que se le presenta”.


Austria, Alemania, Francia, Dinamarca, Estados Unidos y Japón son algunos de los países de los que vienen los estudiantes de intercambio. Administración, comunicación, ciencias culturales, ingeniería, derecho, medicina y artes son varias de sus carreras de estudio. En sus meses en Buenos Aires se acostumbran a interactuar con personas de distintas nacionalidades y a estar en situaciones donde se mezclan todo tipo de culturas.

Por ejemplo, el 15 de octubre de 2016, unos 40 estudiantes de intercambio organizaron una fiesta hawaiana en una casa en Villa Crespo, en Castillo y Malabia. Decoraron el lugar con globos de colores, ananás y flores. Servían sangría, mojitos y comida vegetariana. Durante toda la noche, las conversaciones se hacían en español, inglés, francés y alemán; y había compasión por el que no entendía y tenía dificultades con su acento.

Algunos de los estudiantes de intercambio en la fiesta hawaiana. Foto por Natalia Quiroga Sáez.

De pronto sonó “Píntame”, de Elvis Crespo, y una austríaca dijo que le encanta la salsa y el merengue. Entonces irrumpió “Bailando”, de Enrique Iglesias, y un par de francesas la cantaron y danzaron con pasos de flamenco. Para avivar la fiesta llegó “Picky”, de Joey Montana. Todos se las sabían y empezaron a corearla en español, con sus distintos acentos anglosajones y europeos. Hasta en las fiestas, los estudiantes de intercambio viven momentos interculturales.

Cuando se está en contacto con otra cultura por un largo período de tiempo se puede desarrollar lo que se denomina “competencia intercultural”. Es decir, “la capacidad para generar percepciones y adaptar la conducta al contexto cultural”, según Mitchell Hammer. Este proceso no es fácil ni igual para todos. Muchas personas tienen dificultades para integrarse a nuevas culturas.

Un estudiante de intercambio que vino a Argentina estuvo sólo un mes y volvió a su país. “El alumno no se sintió a gusto, no supo adaptarse debido a la dificultad que se le presentó con el idioma. Entiendo que también le costó conseguir un lugar donde vivir. Se notó desde el momento en que llegó a Buenos Aires que la ciudad no era lo que esperaba”, mencionó una persona que trabaja en una oficina de intercambios, pero que prefirió no decir su nombre para no perjudicar la imagen de su universidad ni revelar la identidad del alumno.

El proceso de adaptación a una cultura nueva es eso, un proceso de adaptación, y cada proceso de adaptación es distinto y único. Para mí lo que hace que sea más ‘fácil’ o ‘difícil’ adaptarse no depende tanto de cuánto se hable el idioma, sino de qué tantas herramientas tenga la persona para lidiar con el nuevo contexto: la curiosidad, la motivación para insertarse y disfrutar de la experiencia y los aprendizajes”, explicó Quiroga.

David Lin, de Estados Unidos, hizo un intercambio en la UTDT en 2009 y luego regresó y vivió en Buenos Aires de 2011 a 2014. El tiempo que estuvo acá, la mayoría de sus amigos eran extranjeros de países como México, República Dominicana y Venezuela. Cuando vino a estudiar finanzas, no sabía casi nada de español. “Aprendí al mismo tiempo que hacía la maestría. Los argentinos hablan muy rápido. No entendí nada en mis clases hasta mi quinto mes allá”, dijo por vía electrónica. Aunque regresó a Nueva York, comentó que le gustaría volver a mudarse a Buenos Aires.

David Lin en una entrevista que le hicieron en C5N. Foto tomada de su Facebook.

Mariela Kaddour, docente, consultora e interculturalista, explicó: “Cuanto más competente interculturalmente es una persona, mejor es la calidad de sus experiencias interculturales. Según Byram, ‘la competencia intercultural integra el análisis, la reflexión y la comprensión de la otra cultura, dejando de ser una competencia meramente descriptiva’”; es más una experiencia “empática”.


Para algunos, la adaptación en el intercambio o después del mismo puede ser total. Henrik Lundorff Kristensen, de Dinamarca, estudió un año en Argentina en 2013 como parte de su maestría en Ciencias Políticas de la Universidad de Aarhus. Cursó seis meses en la UTDT e hizo una pasantía en la organización Techo donde, el 18 de octubre de 2013, conoció a su actual esposa: Mariana Cagnoli, argentina de Puerto Madryn. “Tenía planeado volver en enero de 2014 a Dinamarca, pero en medio de eso me estaba enamorando de ella. Entonces postergué la vuelta por dos semanas y le dije: ‘Vamos a intentar por seis meses una relación de larga distancia’. Fue muy duro. Uno de los dos se tenía que mudar, ella todavía estaba estudiando y a mí me gustaba Argentina. No lo pensé. Me dije ‘la vida es corta’ y vine”, dijo. Se casaron en octubre de 2015.

Henrik Lundorff y Mariana Cagnoli. Foto por Natalia Quiroga Sáez.
Primero vivieron en San Telmo y ahora viven en Villa Urquiza. No solo Lundorff se adaptó a la cultura argentina sino que su esposa también ha interactuado con la cultura danesa. “Ahora voy a todos lados en bici. En Madryn la usaba mucho, acá no tanto”, dijo Cagnoli, quien es actriz de teatro y cine. Además, tomó un curso intensivo de danés en 2015 “todos los sábados, por seis horas, con un profesor de Dinamarca que está acá y que enseñaba danés a refugiados en su país”, comentó.

En su departamento, en la pared del comedor, hay un mapamundi que rescataron del Mercado de las Pulgas de San Telmo. En el pasillo, un cuadro de la ciudad de Copenhague y sus barrios. En la biblioteca, una cortadora de pizzas con forma de bicicleta y unas guías de turismo de Argentina, Uruguay, Dinamarca y Berlín. Tienen libros en español, inglés y danés. Algunos de ellos: Misteriosa Buenos Aires de Manuel Mujica Láinez, Antología poética de Alfonsina Storni, obras de teatro como Macbeth, de Shakespeare, y Casa de Muñecas, de Ibsen; y un libro grande llamado Metoder Statskundskab, que significa “métodos de ciencias políticas”.

Un mapa de los barrios de Copenhague en la casa de Lundorff y Cagnoli. Foto por Natalia Quiroga Sáez.

Quizá la competencia cultural de Lundorff era mucho más alta que la de otros estudiantes. Ya había hecho dos intercambios: en 2004 en Canadá y en 2009 en Perú. Como en el primero hizo muchos amigos sudamericanos, se interesó en conocer la región. “En Perú me sentí como un extranjero. Acá pasa a veces, pero en menor medida”, comentó. De Argentina le gusta el fútbol, el vino y la oferta cultural. Ha jugado algunas horas en la cancha. “Los daneses juegan al fútbol como está la sociedad: dentro de los límites. Son organizados y predecibles. Acá pareciera que cada jugador hiciera su propio partido. Es una locura. El fútbol argentino es desorganizado, pero me divierte”, dijo.

Hoy, Lundorff es asesor de políticas públicas sustentables del Ministerio de Modernización, Innovación y Tecnología en el Ente de Turismo del gobierno de la Ciudad. Es activista de la bicicleta, su cuenta de Twitter se llama “@bicivikingo” y en la página de Facebook Viking Bike Academy comparte ideas para mejorar las ciudades y reducir la violencia vial con el uso de la bicicleta. En 2015 hizo una conferencia TEDx en Puerto Madryn llamada Calles para vivir con el objetivo de disminuir las muertes por accidentes de tránsito en Argentina.

Conferencia TEDx de Henrik Lundorff en Puerto Madryn.

A “Quique”, como le dicen acá, le gusta la calidez humana de los argentinos y sus relaciones fraternas y familiares. Dice que el argentino sabe festejar y le parece que sus palabras y forma de hablar son divertidas. Entre las cosas que no le gustan, considera que los argentinos a veces evaden los problemas. “Hay conversaciones duras que el argentino trata de evitar. En el trabajo van dejando un problema hasta que explota. Si uno es honesto o crítico se ofenden. Yo vine con la forma danesa, que es muy frontal, pero mi objetivo no es ser alguien polémico ni conflictivo acá. Quiero que el país mejore”, dijo.

Al respecto, Michelle Kort, dijo: “Yo creo que la parte más interesante de los intercambios es esa especie de contradicción, que se da donde el estudiante dice ‘me voy allá porque quiero mejorar mis conocimientos’ en algo y después la transformación, el aprendizaje, termina siendo tan o más profundo en lo personal que en lo académico”. En el caso de Lundorff, le cambió la vida por completo. Kort explicó que “cuando uno vive en otro país por varios meses o años empieza a entender desde lo racional y lo sensible que hay otros puntos de referencia para interpretar y relacionarse con la realidad, además del propio. Creo que ese reconocimiento es clave para poder generar más empatía y entendimiento entre las personas”.

La UTDT suele recibir alrededor de 180 estudiantes de intercambio por año. En general, la mayoría son de Francia, Alemania, Italia, España y Estados Unidos. “Tenemos más de 88 convenios. El programa de intercambios existe desde hace 20 años, aproximadamente, casi todo el tiempo que estuvo abierta la universidad”, dijo Tatiana Cuadra, Income Student Coordinator. Este primer semestre de 2017 hay alrededor de 60 estudiantes de intercambio en la universidad. Vienen de Finlandia, Noruega, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Colombia, México, España y Australia.

Por su parte, la USAL tuvo 301 alumnos de intercambio en 2016, una cifra promedio que se mantiene todos los años. La mayoría son de Estados Unidos, Francia, España, Alemania y Colombia. En menor cantidad, reciben estudiantes de Países Bajos, Suecia, México, Perú, Canadá y Chile, según la Dirección de Cooperación Internacional de la USAL.

En 2016, casi 600 estudiantes de la Europa-Uniersität Viadrina (Alemania) hicieron programas de intercambio en todo el mundo. Ocho fueron a Argentina, nueve fueron a México, catorce a Colombia, cuatro a Chile, tres a Brasil y uno a Perú, según Julian Irlenkäuser, Coordinador de los Programas Latinoamericanos. La mayoría estudia administración, economía, derecho y ciencias culturales. La universidad alemana tiene convenios con la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Católica Argentina (UCA), la Universidad Católica de Córdoba (UCC) y la Universidad Nacional del Litoral (UNL), de Santa Fe.

“La realidad del intercambio es que queremos que sea académico, aunque muchos estudiantes lo ven sólo como una experiencia turística o cultural”, dijo Alex Markman. Para algunos, es la primera vez que conocen un país latinoamericano, y muchos de los que vienen a Argentina aprovechan para visitar las Cataratas del Iguazú, Bariloche, Mendoza y Salta, y a veces también viajan a Montevideo, Colonia o Santiago de Chile.

No es el caso de la alemana Laura Pfau Vorsatz. Conoce Bolivia, Colombia, Ecuador, Uruguay y Perú, donde hizo otro intercambio estudiantil. Después de estar en Argentina, Pfau y su novio, Malte Gebbert, viajaron como mochileros a Panamá, Honduras, México, Nicaragua y Guatemala. “Falta una playa en Buenos Aires”, dijo el alemán, quien hizo su intercambio en Ingeniería Mecánica en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Además de querer mejorar su español, todos comparten un espíritu viajero y aventurero, una pasión por conocer otros países y culturas.

Collage de fotos de distintos viajes de Laura Pfau Vorsatz. Tomado de su Facebook.

Antes de llegar a Argentina, algunos estudiantes reciben manuales de orientación de sus universidades de origen, que les aportan información de utilidad. Por ejemplo, el de la Universidad de Butler (Estados Unidos) dice: “En comparación con otras ciudades conocidas del mundo, Buenos Aires tiene un porcentaje bajo de violencia, pero los índices de criminalidad han aumentado en años recientes. Debes aprender qué partes de la ciudad son consideradas peligrosas para que puedas evitarlas”.

Pero a veces el crimen porteño te toca la puerta. Cinco ladrones entraron en la casa en Villa Crespo una semana después de su fiesta hawaiana. Así lo relató uno de los residentes, Sam Watts, del Reino Unido, en su Facebook:

“Definitivamente gané el premio del año a la peor historia en el extranjero. Anoche, cinco hombres armados irrumpieron en nuestra casa. Nos ataron y amordazaron a todos, incluyendo a mi mamá y a mi hermana que estaban de visita. Robaron todo lo que teníamos: laptops, teléfonos, pasaportes…”.

Dos semanas después, a Watts le volvieron a robar, esta vez en un colectivo. “En el lado positivo, casi no tienen nada que robarme ahora, así que espero que esta sea la última vez que esto suceda”, publicó en sus redes.

Estado de Sam Watts el 23 de octubre de 2016. Tomado de su Facebook.

El sabor amargo no sólo lo tuvieron los residentes de la casa en Castillo y Malabia. También sus amigos, que se alojaban en Larrea y Tucumán, estuvieron preocupados por la inseguridad. “Luego de eso, estuvimos en shock y más pendientes de cerrar la casa con llave”, comentaron. Aunque Susana Marques, de Francia, opina que “París también es inseguro”, Méline Szwarcberg considera que Buenos Aires lo es más. “Me enteré de cinco personas a quienes le robaron el celular en tres meses. Pasa muy seguido, más que en Europa”, dijo. Además de los robos comunes, Szwarcberg, también francesa, agregó que en Argentina “la policía es más violenta y hay más familias en las calles”.

El intercambio de Szwarcberg fue una pasantía en la Liga Argentina por los derechos del hombre, donde conoció muchos casos de represión y pobreza en el país: “A los diez días de llegar tuve una reunión con una familia de desalojados. Estaban contando lo que les pasó, llorando. Me afectó”. Laura Vogt (Alemania), estudiante de Derecho y de intercambio en la UBA, tuvo una experiencia similar con la organización Techo. Entró en la casa de una familia y describió que era pequeña, estaba sucia y tenía piso de tierra y paredes de barro. “Uno sabe que estas cosas pasan y cómo viven algunas personas, pero es otra cosa cuando hablas con ellos y te cuentan sus preocupaciones”, dijo.

Techo Argentina. Foto de telediariodigital.net

Sin embargo, ser víctima de un robo o testigo de una situación de pobreza no son las únicas situaciones difíciles que enfrentan los estudiantes de intercambio. Cuando Alex Markman era la directora de las Relaciones Internacionales del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), un alumno francés de 23 años falleció en su estadía en Argentina, en 2009. “Siempre hay un riesgo latente para este tipo de circunstancias, estamos trabajando con personas”, dijo. La directora relató que el chico salió una noche con sus amigos, volvió borracho a casa y al día siguiente lo encontraron muerto en su cama. “Nunca se está listo para una emergencia como esta”, afirmó Markman.

El hecho conmocionó a los familiares del estudiante, a sus compañeros de clase y de intercambio. “El trato con los padres fue muy difícil. El abuelo del chico nos llamaba desde Francia para preguntarnos por qué no cuidamos a su nieto”, contó. El ITBA tuvo que ponerse en contacto con el consulado francés y la policía. El cuerpo del chico permaneció en el país por un mes y medio durante las investigaciones, que, al final, no pudieron determinar la causa de muerte.

Situaciones complejas como ésta y de otra índole suceden con distintos estudiantes de intercambio. Los quince años de experiencia de Markman en el área le permiten mencionar algunas, como el caso de chicas que son víctimas de abusos sexuales, por lo que la universidad contacta a la policía y buscan asesoramiento psicológico y legal. En otras situaciones, los estudiantes requieren de atención médica, “como un alumno que se cayó de un segundo piso y otro que fue atropellado por un auto”, mencionó.

También ha habido casos de alumnas que quedaron embarazadas. “El aborto es ilegal en Argentina y su práctica clandestina es muy peligrosa. Reduce tu riesgo de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no planificados al comportarte de manera responsable y protegiéndote”, recomienda el manual de la Universidad de Butler.

A pesar de las circunstancias difíciles que puede vivir un estudiante de intercambio, el balance final puede ser positivo. Watts, víctima de dos robos, se despidió de Argentina de manera optimista: Ciao Buenos Aires, fue un placer conocerte. Me has dado un montón de experiencias inolvidables, unas mejores que otras, pero siempre voy a recordar tu gente tan amable y las noches tan divertidas. Hasta la próxima”, publicó el 20 de noviembre de 2016.

Estado de Sam Watts el 20 de noviembre de 2016. Tomado de su Facebook.

La inflación en Argentina ha afectado todos los bolsillos por igual, sin importar la nacionalidad de su dueño. “Mi costo de vida acá es igual que en Francia”, afirmó Szwarcberg. Varios de los estudiantes de intercambio opinaron que los alquileres y el costo de la comida en Buenos Aires son altos. “¿Cómo hacen su presupuesto mensual si los precios suben y su sueldo sigue igual?”, se preguntó Susana Marques, francesa. Su intercambio fue una pasantía en la agencia de viajes DayTours4U.

¿El alquiler del departamento? Muchos los buscan en la página Craigslist. Este pareciera ser el mecanismo que une a los estudiantes de intercambio en los mismos lugares, donde comparten habitaciones. Casi siempre en casas grandes, muchas de ellas propiedades horizontales (PHs), con cuatro o más habitaciones. Los dueños establecen un régimen de alquiler con relación a la estadía de sus huéspedes. Como saben que los intercambios suelen durar cuatro meses, a los dos meses les hacen un aumento del costo mensual. También, establecen distintas tarifas dependiendo del tamaño de la habitación, con una cifra proporcional como monto de depósito. Los pagos son en efectivo.

La casa en Larrea y Tucumán tiene ocho habitaciones. En su publicación en Craigslist dice: “Una antigua casa tradicional restaurada por un arquitecto, para hacer esta casa exclusiva y compartida para estudiantes en Buenos Aires (…) Promovemos un buen nivel de vida en la casa, amable y confortable para pasar una estancia estupenda”. Sin embargo, los estudiantes que allí se alojan reclaman que no hay un contrato ni reglas y que, en distintos puntos de la casa hay cámaras de seguridad que usan para observarlos. “Probablemente la dueña no declara impuestos por esto”, estimó Szwarcberg.

Foto de la casa en Larrea y Tucumán. Tomada de Craigslist.

Otros alumnos recurren a sistemas de alquiler de terceros, como EnjoyBA, con quienes coordinan alojamientos con familias argentinas. Así hizo Noah Velázquez, de 20 años, de Estados Unidos. Se quedó en un departamento en Palermo con la familia de Sandra Fernández Olivera, argentina (52), y su esposo Rob Mumford, neozelandés (51). Desde el 2011 reciben estudiantes de intercambio. Ya han alojado a diez: cinco que fueron a la UCA, cuatro a la UTDT y uno a la Universidad de Palermo (UP).


Según las investigadoras Felitti y Rizzotti, la información que los estudiantes de intercambio reciben antes de llegar a Argentina “está construida a partir de estereotipos culturales que terminan por contradecir el objetivo de la educación intercultural”.

Con los manuales y “los comentarios que familiares, amigos, compañeros y los medios de comunicación pueden dar sobre el lugar elegido, cada estudiante emprende su viaje, con una mochila llena de advertencias, consejos y diagnósticos que van condicionando su llegada. Una vez en el destino elegido harán su propia relectura sobre las sugerencias e indicaciones recibidas a partir de sus propios trayectos intelectuales y corporales”. Eso señala el estudio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de Argentina (FLACSO) y el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la UBA.

Sin embargo, los manuales de las universidades extranjeras también tienen información descriptiva que les podrían evitar situaciones incómodas a los estudiantes: “La forma en que se saludan los argentinos es con un beso en la mejilla. Cuando te encuentras con un amigo, ambos se inclinan hacia adelante y tocan mejilla derecha con mejilla derecha y dan un beso en el aire. Es inapropiado besar de verdad la mejilla de la otra persona, a menos que se conozcan muy bien” (Universidad de Butler, 2015).

En Argentina, los hombres también se saludan con un beso en la mejilla. Créditos de la foto: BuzzFeed.

Estos son los llamados “códigos extra-lingüísticos o no verbales”, que explica María Inés Quiroga, especialista en comunicación intercultural:

“Representan los gestos, miradas, espacio corporal, el uso del silencio o la pausa. En fin, hábitos relacionados con la cultura que no están relacionados con las palabras (…) En Argentina, en un contexto de amigos o familia, se dan un beso para decir hola cuando en otros países esto puede ser un insulto o generar incomodidad ya que se está ‘invadiendo’ el espacio del otro. Eso se llama ‘proximidad’ y en cada cultura hay interpretaciones distintas con respecto al espacio”.

Otros comportamientos van más allá, como lo que señala el manual de la Universidad de Butler: “La mayoría de los argentinos tienen poca exposición a estudiantes de color o sin origen europeo. No te sorprendas si se te quedan mirando, especialmente en colectivos, trenes y restaurantes”. Dikélélé Elessa, de origen francés, tiene piel negra y mencionó que una vez caminando por Buenos Aires le preguntaron: “¿Puedo tomarte una foto?”. Asimismo, Susana Marques opinó: “En Argentina me parece que son racistas hacia otros latinoamericanos”.

Selfie de argentinos. La mayoría tiene piel blanca. Foto de Clarín.

Sobre el trato de los argentinos hacia las mujeres, Méline Szwarcberg dijo: “Acá hay mucho machismo. Para una chica es imposible caminar por la calle sin que le digan algo”. Es un aspecto que también menciona el manual: “Las mujeres estadounidenses podrían sorprenderse por la cantidad de halagos (piropos) dirigidas hacia ellas por los hombres mientras están en la calle (…) La mejor estrategia es hacer lo que las mujeres argentinas hacen — ignorar esos comentarios y seguir caminando”. Al respecto, Felitti y Rizzotti se refieren a este manual y dicen: “La recomendación que subyace es mostrar comprensión”. En su estudio Cuerpo, género y sexualidad en los programas de intercambio. Experiencias de estudiantes estadounidenses en Buenos Aires (2013) recopilan testimonios de estudiantes y sus experiencias respecto a cómo fueron tratadas como mujeres en Argentina.


Para todos los estudiantes de intercambio entrevistados, fue difícil comprender lo que decían los profesores argentinos en clase. Sophia Zessnik, de Austria, habla alemán, español, inglés y un poco de francés. Estudia Ciencias Culturales en la Europa-Universität Viadrina (Alemania) e hizo un intercambio en la UBA. Su español es casi perfecto, lo aprendió en México, donde vivió cuando tenía cuatro o cinco años. Luego, en Austria, estudió en una escuela bilingüe. Sin embargo, Zessnik tuvo dificultades para entender el acento porteño. “Hablan muy rápido y diferente”, dijo. A su vez, la barrera del idioma aumentó cuando tenía que estudiar en casa. “Necesito todo un día para leer y entender un texto de 30 a 40 páginas, a veces las palabras son muy técnicas”, admitió. Aunque Zessnik reflexiona y compara la situación con los alemanes que van a estudiar a Austria y no entienden lo que la gente dice porque el alemán austríaco tiene un acento diferente.

Satoko Haga, de Japón, hizo un intercambio de un año en la UTDT y está estudiando para ser profesora de japonés en la Keio University Shonan Fujisawa Campus. “Fue muy difícil aprender español”, comentó. Empezó a estudiarlo en 2014. Haga también habla inglés y un poco de indonesio. Quiso venir a Argentina porque cuando estudió en Estados Unidos por año y medio en el secundario, una de sus compañeras de cuarto era una argentina de Posadas. “Me gustó mucho la vida con ella y quise conocer su país. En Japón no es común que las personas estudien en Latinoamérica”, dijo.

Foto tomada del Facebook de Satoko Haga.

A pesar de ello, Haga convenció a seis de sus amigos japoneses a que vinieran a Argentina a visitarla, y en su perfil de Facebook compartió gran parte de su viaje y datos de la cultura porteña para darla a conocer. En un escrito que hizo, mencionó algunas cosas que le gustan del país:

“Todos son muy sociables. Geográficamente, todo es grande. La carne y el vino son buenos. Me gusta cómo se saludan las personas. Me gusta que los colectivos funcionen las 24 horas. Son amigables. Me gusta que llegar tarde esté bien”, escribió. Entre las cosas que no le gustan: “Me molesta que manejan mal y las calles están rotas. Los problemas en los bancos. Que en general, ‘la gente no cree en la gente’, desconfían. Que los productos importados y la ropa son caros. La caca de perro en la calle. Los ladrones”. Relató que le robaron su celular en un boliche en San Telmo.

La japonesa destacó: “No me gusta tener un estereotipo de un país y su gente”. Conoció las Cataratas del Iguazú y el Norte de Argentina, Mendoza, Salta, Rosario, Córdoba y Calafate. Su mejor amiga le hizo un calendario a mano donde, al final, en diciembre de 2016, le escribió: “Te esperamos en Japón”. Además de aprender, enseñó. Mientras estuvo de intercambio en Buenos Aires, le dio clases de japonés a un amigo porteño. “Estoy orgullosa de haber hecho un intercambio en Argentina”, concluyó Haga.

Comunicarse es un desafío que enfrenta día a día cualquier persona en una cultura ajena a la suya. “Cuando hablamos de competencia comunicativa intercultural hablamos de interacciones que pasan en contextos en los que no estamos acostumbrados o que están ‘fuera’ de nuestro contexto cultural. El desafío entonces está en redefinir códigos, resignificar experiencias, intercambiar interpretaciones”, explicó Quiroga.

Explorar, descubrir, aprender, saborear, disfrutar la otra cultura resulta una aventura fascinante y se convierte en una valiosísima experiencia que nos posibilita ‘regar’ la competencia intercultural que nos ayudará a liberarnos de prejuicios, fomentará ponernos en el lugar del otro, respetar y tolerar; y permitirá desarrollar esa sensibilidad intercultural que acentúa la idea de que lo distinto también aporta: que no es ni mejor ni peor, sino diferente”, añadió Kaddour, docente e interculturalista.

Romain Domege, de Francia, estudia Administración de Empresas e hizo su intercambio en la Universidad de Belgrano (UB). Su experiencia de intercmbio en Argentina no fue la primera. Antes, Domege hizo pasantías en México, en Sudáfrica y en España. Para él, “viajar te hace crecer. A veces te sientes mal, solo. Piensas en cuáles son tus prioridades en la vida. Descubres tu verdadera personalidad. Hay gente que no se conoce a sí misma hasta que viaja. La experiencia te permite conocer quién eres. Cuando viajas eres libre, te formas a ti mismo. Después de eso, eres feliz”, dijo.