
Apreciado desconocido
Enero 2015
Apreciado ser al que quise tanto y hace un par de días me crucé por casualidad… He pensado demasiado en nuestro último encuentro y debo admitir que no me lo esperaba, lo último que se me ocurrió fue que nos cruzáramos de esa manera, en algún punto decidí que era indiscutiblemente necesario continuar con mi vida, dejarte atrás por completo y disfrutar, ya que tú mismo me habías dicho que habías cerrado el ciclo muchísimo tiempo atrás… Yo no pude y por eso tuve que eliminarte de cada espacio en mi vida, eliminar recuerdos, eliminar mensajes y fotos, eliminar mis escritos y eliminar todo lo que me llevara a ti, desafortunadamente tuvimos una conexión tan profunda que te hice parte de toda mi realidad y borrarte implicaba casi eliminarme a mi misma, y prácticamente lo hice, me desaparecí del mundo y de mí misma, porque mi mente también jugaba conmigo, y ajá… ¡Tenía que controlar esa situación! Si tu cerraste ciclo yo no entendía porque yo no podía hacerlo. Después de varios años he concluido que cuando empecé a salir contigo yo no estaba preparada para lo que iba a pasar, y aprendí a desconfiar, sí, lo siento pero eso fue lo que me dejaste, ahora me paso de prevenida con la gente, confiar en las personas nunca fue tan difícil.
Era miércoles, el tercer día de un curso que estoy tomando, conocí nuevos amigos y ya era momento de tomar onces de media mañana… Como el sol irradiaba con notable fuerza decidí quedarme en la sombra con una de mis compañeras, allí, tras de mí se encontraban otros compañeros, entre ellos uno que me hizo la conversación, me contó que le encantaban los deportes y me preguntó por mis pasatiempos, le contesté que también me encantaban los deportes que siempre he querido aprender tenis y que por ahora no tenía tiempo para mis hobbies porque daba clases y estudiaba todo el día. Mientras me miraba sorprendido me invitó a jugar alguna mañana: “¿Puedes este fin de semana?” — me preguntó — , no pensé que hablaba en serio pero entonces acepté, le dije que el domingo era más posible porque el sábado ya estaba comprometida.
Era de noche, en menos de 3 días ibas a dejar el país, esta era la última vez que saldríamos tú y yo, algo muy en el fondo de mi corazón lo sabía. Caminaba hacía mi casa cuando me escribiste que querías verme, yo no quería verte porque no quería abrazarte por última vez, no quería besarte por última vez, no quería tenerte por última vez… Abrí el mensaje y concretamos encontrarnos cerca de las 8 de la noche. Nos vimos, hablamos y compartimos, ya no recuerdo lo que dijimos, sólo recuerdo emociones momentáneas, instantes específicos, la luz de la luna, la oscuridad de la noche, el paisaje, un poema corto que transcribiste para mi, recuerdo el silencio, instantes nada más, un abrazo de despedida y un regalo: Una raqueta de tenis y una bufanda con tu aroma. Eso fue todo. A partir de ese instante sabía que las cosas cambiarían pero me sentía tranquila. Ya no me dolerías más.
En mi quinto día de clase (viernes) hicimos una breve integración, mi compañero encontró el modo de convencerme y acepté ir a jugar el sábado en la mañana y así fue.
Sábado 7:00 am, miré la pantalla de mi celular y desee que fueran las 5 para tener más tiempo para descansar, a las 7:20 me levanté e hice mi cama, me preparé para salir aunque dudaba que realmente lográramos encontrarnos puesto que mi compañero y yo jamás intercambiamos números de celular, simplemente quedamos de encontrarnos a una hora en un lugar, muy a la antigua, y para mi sorpresa, funcionó.
Nos fuimos caminando mientras hablábamos, me comentaba que iríamos a jugar a las canchas de Julio Caro porque las había separado, sin ningún inconveniente acepté, sin imaginarme que cuando estaba a punto de llegar a las canchas nos íbamos a encontrar.
Yo simplemente caminaba y trataba de mantener la conversación aunque me sentía un poco aburrida, cuando empezamos a bajar hacia las canchas, miré por un instante hacia la carretera que tenía frente a mi y vi un rostro conocido, una figura, un boceto por un instante, mi corazón casi se estalló, empezó a bombear sangre como si quisiera avisarme lo que mi cerebro ya sabía, eras tú y yo no podía mirarte, sólo podía caminar y seguir la conversación con mi compañero, quería que fuera algo natural, no quería preguntas, ¿quién es él? ¿salían? ¿lo querías? ¿por qué ya no salen? ¿aún lo quieres? ¡No! No podía hacerle algo así a mi pobre corazón.
No me atrevía a hablar del tema justamente para evitar herir mi corazón, aún no aceptaba las cosas, aún me dolía sólo recordar, y en mi corazón, tú y yo aún estábamos juntos, y aunque ahora suene absurdo sé que así era. En ese momento sé que el vínculo que nos unía seguía intacto a pesar del tiempo, sé que te dolió verme con un desconocido, sé que te dolió ver que el último detalle que tuviste conmigo era ahora la razón que me unía a otra persona, la raqueta que me regalaste era la raqueta con la que salía a jugar con otro… Muy bonito Natalie… Muy bonito… pero no fue así.
En ese instante en el que supe que pasaste justo por mi lado, realmente sentí un dolor en mi corazón, lo digo con honestidad, sentí un golpe en el pecho que luego se convirtió en un vacío, y mi mente ya no estaba con mi compañero, mi conciencia, mis ideas, pensamientos y sentimientos estaban contigo, allá, subiendo por la vía por la que yo acababa de transitar.
