EL ALTO COSTO DE LA CULTURA EN VENEZUELA

La industria de los libros no es una industria ajena a la economía nacional, es decir que, si aumentan los productos de la cesta básica, también lo harán los libros y con ellos, la preocupación e incertidumbre de todos aquellos aficionados a la lectura.

El alto costo de producción por las que tiene que atravesar una editorial para reproducir un libro obedece a diferentes factores: Editores y libreros culpan de los precios altos a las dificultades para la adquisición de divisas para comprar libros y materiales para imprimir en el país, pues desde el 2008 los productos editoriales salieron de la lista de bienes prioritarios de la adquisición de dólares Cadivi; aunado a la escasez de papel como materia prima, lo que provocará una reducción considerable en la producción de libros.

El periodista del Nacional, Gabriel Antillano en su artículo de opinión Los extraños entusiasmos del lector venezolano dijo que la mayoría de las librerías no obtienen dólares preferenciales para traer libros, “y aun si los tuviesen, vender a precios bajísimos no genera ganancias que puedan garantizar siquiera la cesta básica de sus empleados”.

Si ya es difícil lograr el hábito de la lectura en el país, tratar de convencer a alguien de gastar 800 bolívares o más en un libro es todo un reto. El Ministerio de la Cultura declaró el 2013 como el año de la lectura con el fin de promover este hábito en la población y desde entonces, sumado al boom literario venezolano del 2012, se han organizado más ferias y festivales de lectura. Sin embargo, el mercado editorial nacional sigue viviendo momentos difíciles y cada día se crecentan más.

El aumento exponencial en los precios de la impresión, que siguieron a la primera devaluación del año y los problemas que presentaron las cadenas de distribución que no le permitía a los lectores conseguir revistas o libros en los lugares en donde estaban acostumbrados a verlos, es otro de los problemas por las que algunas empresas deciden cerrar. Por otro lado, la inversión en publicidad disminuyó y afectó a los medios alternativos.

José Manuel Mendoza, encargado de la librería Las Novedades del Paraíso, quien lleva 5 años trabajando allí, afirma que ha bajado la venta de libros de manera exponencial en los últimos meses: “Los libros no son prioridad para cualquier sistema de control cambiario que implemente este gobierno, por eso, hay precios elevados en cualquier librería que se visite; un libro puede costar entre 15% y 30% de la quincena del venezolano promedio que sobrevive en base al sueldo mínimo”.

Según el director argentino de la editorial independiente Júpiter, Arnoldo Zarate, quien tiene más de 25 años en el mundo de los libros, para Ediciones Júpiter mantener precios accesibles para todo el público es muy difícil en este momento debido a la escasez de materia prima y el aumento constante de los costos de producción. “En cuestión de un año los libros aumentaron en promedio un 40% y 50% y los costos de producción de 100 a 120%; imprimir un libro el año pasado me costaba 30bs, este año la impresión del mismo libro me cuesta ahora 320 bs”. Sin embargo, asegura que los precios actuales de los libros en las ferias, están como en un 40% menos de lo que deberían estar; “si pones los precios reales no se vendería nada”.

María Milagros Sánchez, lectora empedernida, tal como se califica ella y aficionada a las ferias, muestra indignación ante la situación y dice: “no sé como hacen los estudiantes de medicina, de arquitectura o de derecho para comprar libros que superan los 2000 bolívares; comprar libros hoy en día es un lujo en plena revolución, el conocimiento siempre ha sido caro pero nunca tanto”.

La entrevistada afirma que en una inflación como la que se vive actualmente pocos pueden gastar el 10% de su sueldo en un libro, “esto trae como consecuencia que las personas dejen de leer y por ende, se obtiene una sociedad menos culta y más fácil de manipular”.

Las ferias como FILVEN y los festivales de lectura son una referencia casi obligada al momento de buscar ofertas y variedad, sin embargo, con la alta inflación del país, editores, distribuidores y libreros se esfuerzan cada vez más para abaratar los precios. La falta de dólar preferencial incrementa el costo de los libros. Esto ha llevado a que los consumidores se dirijan a ventas de libros usados para comprarlos a un precio menor que en las librerías o simplemente para hacer un trueque con el librero. Luisana de Sairo entrevistó a Gabriel Garrido Jiménez, quien expresa que vende 70% de escritos usados y practica el intercambio porque no se les cobra a los clientes por ello. “Las personas te dan dos libros usados y se llevan uno”, agregó.

Aunque la realidad demuestra que buena parte de la población sobrevive con un salario mínimo y que para ese sector resulta increíblemente difícil adquirir un libro en estos momentos con esta situación país y más allá del alto costo de producción que estos tengan, es importante reconocer que existe aún un verdadero valor de la nobleza cultural que estos tienen.

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