Soltera a mis 30: justo dónde y cómo quiero estar.

A las “treintonas solteronas” se nos demoniza injustamente. Somos blanco fácil de bromas y de juicios muy duros por parte de nuestras familias y amigos. Somos, por decirlo de alguna manera, un fracaso al ojo de aquellos que han logrado o pretenden lograr el plan tradicional de casarse y tener hijos a esta edad.

Ser mujer en este país no es fácil. No es fácil en ninguna parte del mundo me atrevería a decir. La sociedad chilena, aunque en proceso de cambio, aún trata a las mujeres como seres inferiores en lo que se refiere a derechos y se nos impone una serie de obligaciones que son exclusivas para nuestro género. Se nos etiqueta como el “sexo débil” y se nos mira con lástima cuando no seguimos los patrones tradicionales. Es un peso, una condena injusta, porque las “treintonas solteronas” merecemos no sólo un trato respetuoso, sino que también el reconocimiento constante de todos aquellos que hoy nos apuntan con el dedo y nos someten a juicios carentes de argumento.

Convengamos que una mujer sola rara vez está sola porque quiere. “Las mujeres cuando quieren, los hombres cuando pueden” es el resumen perfecto de lo anterior. Cuando usted se cruza con una fémina soltera en una edad tan crítica como los 30 es porque ella ha decidido que sea de esa manera y no porque no haya tenido la oportunidad de concretar un plan en pareja ¿No es de valientes acaso abandonar el conformismo y querer algo mejor a pesar de la presión?.

Estar sola es también un acto gallardo. Soy testigo que muchas y muchos caen en la práctica reprochable de estar en una relación amorosa para poder enfrentar sus “temas pendientes”, como si de la otra persona dependiera el bienestar emocional propio. Grave error en mi humilde opinión. Darse el espacio de conocerse y aceptarse es algo vital para disfrutar plenamente de la vida y constituye un paso clave para alcanzar la felicidad. Pero no es fácil y puede ser incluso doloroso, siendo este el principal motivo por el cual mujeres y hombres que se otorguen ese espacio merecen admiración y respeto.

“Esto es tarea de hombres” no corre para nosotras. No, señor. Cuando nosotras nos vemos enfrentadas a tareas que históricamente se relacionan a habilidades masculinas somos capaces de desarrollarlas en tiempo record y sin la necesidad de grandes recursos. Cuando tienes claro que nada es imposible y cuentas con un poco de voluntad, un par de tutoriales en YouTube y un set de herramientas básicas, puedes conquistar el mundo. ¡Se los digo por experiencia propia! un cuchillo tiene tanta utilidad como ustedes quieran. Y siempre es bueno haber pasado por una inundación casera a menor escala si de eso depende ganar un poco de conocimiento en gasfitería.

El hecho de estar solteras aparentemente confunde y genera la idea que estamos desesperadas y por tanto, queremos y esperamos el cortejo de los hombres. Si bien un halago o un piropo es siempre bienvenido, esto no quiere decir que TENGAMOS que aceptar cualquier manifestación de interés por parte de los hombres. Un “No” es un “No” a la primera, a la segunda y a la tercera. Y no por esto somos amargadas o frígidas o lo que sea que el ego masculino use como explicación ante el rechazo. El “no eres tú, soy yo” es perfectamente válido en este contexto.

Todo lo anterior es un mísero botón de muestra del por qué deberíamos dejar de juzgar y comenzar a entender que una mujer sola a sus treinta años es un diamante que decidió brillar con luz propia y más que ser enjuiciada merece respeto, apoyo y valoración. Es tiempo de reservar esas miradas de lástima para situaciones que de verdad lo ameriten y comenzar a preparar los aplausos para todas nosotras que, solas, hemos decidido ser dueñas y señoras de nuestras vidas.