Recuerdo de la herida abierta.
Bailás.
Te miro.
Bailás, lento.
Rebotás en esa especie de cuatro paredes color sepia, desgastadas por tu voz y mis gritos sin consuelo.
Bailás, en mi silencio.
Das vueltas. Girás. Tocás tu desnudez.
Cerrás los ojos suspendiéndote en esos segundos sin eternidad.
Tu silencio camina entre los sonidos de mi recuerdo mudo.
No me aceptás.
Volvés a tu sensualidad.
Bailás.
Me siento a mirar tus ojos. No me ves.
Soy tu amor sin rostro y sólo quiero verte bailar.
Tu figura, central, se cubre de la ciudad lenta. Se esconde detrás de una cortina embarazada por el viento que flota, simula ser una especie de mar rojo desbordado de pliegues que te protegen de esa voz exterior que te apaga, te detiene.
Bailás.
Iluminada por una fuente de luz, ausente de ese primer plano que es mi vida, tu amor.
Encendés los sonidos.
Bailás.
Tus pies desnudos te abrazan con sus movimientos. La música te condensa, dibuja contrastes con tu forma iluminada. Me acerco. Intervengo en tus silencios. Sigo el movimiento de tus pies…
Me pierdo en tu sexo empapado.
Te pierdo.
Caigo en esa zona de luz que reflejan otros cuerpos que te acompañaron, son medios tonos luminosos, a los que apagaste sin consuelo.
Seguís bailando. Sin sentirme.
Realzás el volumen de los objetos que te circundan. Retratos. Autorretrato con collar de espinas. Expresiones faciales, das más vida al dibujo; a mí.
Bailás. Bailás. Bailás.
Tropezás con la negrura que me define. Mi oscuridad filosa corta tu cuerpo. Te abrazo. Saltó sobre vos, soy tu sombra.
Me ves. Bailo sola, con vos: mi desilusión.
Bailamos.
Un música psicopática nos envuelve. Bailás, conmigo, inmóvil en mi cuerpo. Somos una.
Siento. Lo siento.
Son sus pasos sin cadencia. Es él.
Ése hombre sin reflejo que me tiene olvidada.
Mis paredes lo asfixian.
Se sienta en el sillón sin un cuerpo.
Bailá, me dice.
Me condeno a sus ojos. Estoy adentro, en mí, con la desilusión que ya no baila.
Nadie me ve. Sólo vos: Ése hombre.
Quiero que seas testigo, le dije.
Degüello mi clítoris.
Mi concha desnuda de vos y vestida de sangre, despabila tu ausencia.
El silencio atonta el espacio.
Te miro desesperarte.
Me chupas.
La sangre está viva, igual que tu boca.
Te miro.
Te levantás, lento.
Rebotás en esa especie de cuatro paredes color sepia, desgastadas por tu voz y mis gritos sin consuelo.
Caminás, en mi silencio.
Das vueltas. Girás. Tocás mi desnudez.
Llenás tus ojos con mi sangre.
Te siento. Son tus pasos sin cadencia
Te vas.
La sombra de tu hombre se deforma. Perdés el reflejo de tu humanidad.