1. “Convulsión”.

Yo tengo una enfermedad. Verás como mi frustración irá de arriba hacia abajo. Es hermoso amanecer una mañana y esperar a que se haga de noche, porque en la noche es cuando yo saco mis cualidades más profundas.

No tengo idea de porqué siempre mi rostro es censurado. Paredes con dibujos, lápices negros y objetivos monocromáticos. Mi cama se encuentra atormentada por los monstruos que hay debajo de mi mente. A veces, la muerte parece mucho mejor que tomar una medicación.

Eso es un poco de lo que las convulsiones representan. Es mi cerebro retorciéndose, sufriendo un severo cortocircuito. Siendo moldeado y analizado bajo un examen eterno con dolores de cabeza que llegan a representar mis pensamientos suicidas. El tatuaje de una pistola en el medio de mi frente, el sabor de dos pastillas y un nudo grande sosteniendo todo mi peso. La muerte parece ser mucho mejor que seguir controlándome a mí mismo.

No soy tan sano como parezco. Te oigo gritando y arrancando mis rosas azules. Todos los árboles en mi mente no fueron plantados por mí. Ya no tengo mi jardín. Mi otro yo festejaría mientras lo enciende todo en llamas. Toma unos pinceles y crea una nueva obra. Un retrato mental de los hielos delgados que atraviesan mis neuronas. Podrás encontrar millones de puertas a mis realidades y otros mundos que harían que cualquier psicólogo se vuelva un psicópata.

Mis manos manejan islas de creatividad y mis ojos controlan un naufragio de pánico y nerviosismo. Nunca había conocido el poder de la mente humana, con olas de fragilidad, mamíferos asesinos y autodestructivos.

Ellos conocen mis debilidades y todas mis lágrimas. Sé que puedo hacerles frente o lanzarme hacia el precipicio. Tomaré todos mis objetos y pondré en riesgo mi salud mental. Porque para salir ileso tendré que dispararle a mi mente.

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